He escuchado todas las conferencias de prensa de Andrés Manuel López Obrador desde que es Presidente, y la de ayer me dejó con muchas reflexiones. Pienso que ahí se dijo algo muy importante, que no tiene que ver solamente con asuntos cotidianos, de coyuntura, sino con algo más profundo y trascendente.

Ayer Andrés Manuel abordó dos temas: el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro y un informe de la lucha contra el robo de gasolina. Fueron los dos únicos.

Y todo fue muy significativo a partir de una frase que pronunció.

Cuando estaba hablando de las tomas clandestinas y del sabotaje a un ducto (el que provocó el momentáneo desabasto en la Ciudad de México), dijo el Presidente del país:

“Es el Estado democrático de derecho el que está decidido a enfrentar esta corrupción del robo de hidrocarburos. Es el Estado; no es sólo Pemex, no sólo es la policía federal, la policía militar, la policía naval. Es el Estado Mexicano. Para que se vaya entendiendo”.

Esta frase fue un mensaje no solamente a quienes roban la gasolina, sino un mensaje a todos lo que le quieran disputar algo al Estado. Es decir, estas palabras tienen un significado muy especial.

Los gobiernos neoliberales tenían como uno de sus objetivos “disminuir” el Estado. Es decir, para que “todo trabaje” mejor, que haya “menos Estado”. Esto, los seguidores de esa corriente económica e ideológica que dominió en el país los últimos 30 años, la aplicaban a lo “económico”, pero en realidad era a todo.

En México, observamos como, especialmente a partir de Vicente Fox, el Estado comenzó a perder facultades, algunas imaginarias y otra reales.

De repente, en 2006, nos dijeron que el Estado no era “tan poderoso”, que no podía cumplir sus promesas, que no le alcanzaba para hacer obedecer la constitución, que no podía ejercer la fuerza.

Pusieron al Estado a supuestamente luchar contra un enemigo potentísimo y malísimo. Claro, es nos lo contó el propio Estado.

AMLO y los descendientes de Emiliano Zapata.

En esta narrativa, que ha tratado magistralmente Oswaldo Zavala (para el tema del “crimen organizado”) en su libro Los cárteles no existen. Narcotráfuco y cultura en México, se comenzó a incrustar en medios de comunicación, en la literatura y entre la gente.

El Estado como débil, como incapaz de confrontar a los “grandes capos”. El Estado como imposibilitado, como no poderoso.

Esta narrativa, que evidentemente estaba apoyada en acciones y no acciones de los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, es a lo que iban dirigidas las palabras de Andrés Manuel ayer:

Es el Estado; no es sólo Pemex, no sólo es la policía federal la policía militar, la policía naval. Es el Estado Mexicano. Para que se vaya entendiendo”.

Lo que está haciendo Andrés Manuel es recuperar el Estado, ese Estado que nos lo pintaban como incapaz, como débil, como asediado por los narcos, por los poderes fácticos, por todos.

Para muchos, el Estado estaba conformado por un conjunto de administradores que se llenaban los bolsillos durante unos años, pero que no tenía más poder que la corrupción.

Andrés Manuel viene a cambiar el tablero, y dice: señores, se están enfrentando al Estado, y el Estado es quien manda en este país. Y es muy significativo que lo haga contra el robo de gasolina, pues viene también a desmembrar esas ideas de que los cárteles eran tan poderosos que acabar con el hurto de combustible solamente se haría con una “sangría” de dimensiones enormes.

Y es también significativo que lo esté haciendo con la empresa que es el símbolo del Estado Mexicano y de su potencia y de su fuerza: Pemex.

Andrés Manuel está demostrando que está saneando el Estado, que éste es el que manda, que no tanto era que los enemigos de éste le hubieran ganado, sino que estaba cooptado por un conjunto de impresentables que se dedicaban a hacer negocio al amparo del Estado, y a éste lo colocaban débil porque eso les era funcional.

En esa misma conferencia de prensa, Andrés Manuel también dejó en claro que el Estado no solamente es poderoso respecto a quién manda y quién debe tener el control, sino de qué tipo de Estado se está hablando.

Andrés Manuel López Obrador y un becario de Jóvenes Construyendo el Futuro.

Sí, el programa de Jóvenes Construyendo El Futuro, el programa social con más presupuesto quizás en toda la historia del país, está estableciendo que el Estado rescatado por AMLO será de apoyo y de bienestar para los que durante años han sido invisibilizados y tratados con desdén (en este caso, los jóvenes que no trabajaban ni estudiaban).

Es decir, el Estado debe recuperar su fuerza y establecer las jerarquías (es decir, arreglar lo que el neoliberalismo hizo añicos o lo que el neoliberalismo nos contó que hacía), y debe de retomar el papel de catalizador del bienestar para la sociedad en su conjunto.

Por eso ayer la conferencia de prensa de AMLO fue importante y significativa: dejó en claro que se está rescatando a un Estado que estaba lleno de corrupción, y que era visto como el débil, como el que no podía, como el incapaz. Y que se está construyendo un Estado que proporcionará bienestar y redistribuirá las riquezas.

¿Qué más podemos pedir?