Contactanos

 

Opinión

Diez años sin Marisela Escobedo, la valiente mujer de digna rabia

A diez años del vil asesinato de Marisela Escobedo, la impunidad en su caso y en el de miles de mujeres más, sigue viva. Y el dolor, la digna rabia.

El año 2008 ocurrió la primera muerte de Marisela Escobedo. Sucedió cuando Sergio Rafael Barraza mató a su hija Rubí de 16 años con toda la saña del mundo. Un feminicidio, perpetrado de manera canalla.

Llena del dolor pero también de digna rabia, Marisela salió a las calles a exigir justicia para su hija. Nadie le hizo caso. Imploró que el gobierno, en ese tiempo a cargo del gobernador priista José Reyes Baeza hiciera algo y en lugar de que se tomaran cartas en el asunto, fue ignorada.

Fue entonces que cansada del desdén, Marisela se atrevió a hacer lo impensable: se convirtió en investigadora del caso de su propia hija. Indagó con sus propios medios. Encontró al asesino de su hija en Fresnillo, Zacatecas . Hizo el trabajo entero de las autoridades.

El asesino fue detenido y el caso llego a los tribunales. Como cualquier mexicana, Marisela confió en la justicia del Estado. Creyó que al haber hecho todo el trabajo, dar con el responsable, contar con los testigos y las pruebas suficientes, el feminicida de su hija pagaría por sus actos.

Pero no fue así. El estado y la justicia le dieron la espalda. En un juicio de la ignominia, los jueces Netzahualcóyotl Zúñiga Vásquez, Rafael Boudib Jurado y Catalina Ochoa Contreras, absolvieron al asesino por “falta de pruebas consistentes” pese a que el mismo confesó el crimen y hasta pidió perdón por haberle quitado la vida a Rubí.

Para ellos no fue suficiente lo que le sucedió a Rubí y lo dejaron libre.

Ahí, el mundo se derrumbó para Marisela, por que no solo Rafael Barraza mató a Rubí, los jueces de ese tribunal la asesinaron de nuevo.

Pese a eso, Marisela no se cruzó de brazos. La impotencia y la rabia pero también el amor obligaron a Marisela a seguir caminando. Así lo hizo en 2010 en una caminata que emprendió desde Ciudad Juárez hasta Ciudad de México para exigir justicia por Rubí.

Al llegar a la capital, pidió una audiencia  con el entonces presidente de la República Felipe Calderón, pero éste, ilegítimo en el poder y con un aparatoso equipo de seguridad cubriéndole diariamente las espaldas, ignoró su petición convirtiendo así a Rubí en un número más dentro del sexenio oscuro lleno de muertes e impunidad.

Sin embargo, esto tampoco detuvo a Marisol Escobedo. El coraje seguía empujándola y llevándola a todos los lugares y caminos posibles en busca de justicia para su hija. De regreso a casa pasó por Fresnillo y nuevamente se encontró con el asesino de su hija. Al percatarse de su paradero, Marisela dio aviso a las autoridades, las cuales llevaron a cabo un operativo por toda una colonia de la localidad.

No obstante, justo cuando le pisaba los talones al asesino de su hija, inexplicablemente escapó, eludiendo una vez más a la justicia y de paso, evidenciando la ineficacia de los cuerpos policiales estatales.

Pasó el tiempo y Marisela, quien no dejó de buscar al asesino de Rubí, se encontró de nuevo con él. Creyó que esta vez no se le escaparía tan fácilmente. Que una llamada a las autoridades resolvería el problema y de una vez por todas lo encerrarían.

Pero lo que ella no sabía hasta ese momento es que Sergio Barraza, ya no sólo era el asesino de su hija, también era uno de los líderes de los “Zetas”, una sanguinaria organización criminal que había tomado un poder inusitado debido a la “guerra contra el narcotráfico” emprendida por Felipe Calderón, en la que desgraciadamente, los únicos que pagaron las consecuencias fueron las personas que habitaban en el noreste del país.

Más frágil que nunca, con el asesino de Rubí convertido en sicario, Marisela Escobedo tomó la decisión de regresar a Chihuahua y pelear desde ahí por la justicia negada.

Cuando volvió, Reyes Baeza se había ido y su lugar había sido ocupado por César Duarte,  el “flamante” gobernador de una generación priista que supuestamente no era como las anteriores, surgida de un “nuevo PRI” que “cambiaría” su ADN.

Pero Marisela no se tragó el cuento. Lo primero que hizo fue buscarlo por todos los medios hasta que dio con Duarte. Luego, lo comprometió a resolver el caso de su hija. Y después, abrió la cloaca del podrido sistema corrupto y se dio cuenta que nada cambiaría, que el gobierno estaba a las órdenes del crimen organizado.

Corría el año 2010 y Marisela ya no tenía opciones. Ya había intentado por mil formas de hacer pagar al culpable de la muerte de su hija. Las autoridades, habían demostrado su ineptitud, incompetencia y hasta su nexo con los perpetradores del crimen. Las cartas estaban echadas. Y ella, acorralada, ya no tenía nada que perder.

Fue así que valientemente, aún sabiendo que sus días estaban contados, que la buscarían por no quedarse callada, instaló un plantón frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua y sin descanso ni tregua, se convirtió en la conciencia de todo Chihuahua. de todo México.

Desde ahí, todos los días levantó la voz. Denunció las corruptelas de Duarte y no fue escuchada. Destapó la cloaca e la corrupción y evidencio los nexos criminales del Estado pero tampoco nadie la escuchó.

Así fue que durante la noche del 16 de diciembre de hace 10 años, nueve días antes de navidad,  Marisela Escobedo fue asesinada por un hombre que descendió de un coche y le disparó a las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua, a tan sólo unos pasos del despacho del corrupto gobernador César Duarte, tal y cómo ella lo había predicho unos días antes a algunos amigos y su propia familia, cuando les comentó que si la mataban lo tendrían que hacer en ese lugar para que “les diera vergüenza”. 

Y Marisela Escobedo no se equivocó. Su crimen de odio, su feminicidio, nos sigue dando vergüenza. Nos sigue doliendo en lo profundo del alma. Nos carcome las entrañas y nos llena de rabia. Y debe también hacernos responsables de exigir justicia. De no permitir ni una asesinada más. De salir a las calles y luchar codo a codo con las miles de madres que como Marisela Escobedo, siguen en la búsqueda incansable de sus hijas e hijos y peleando para que los feminicidas estén en la cárcel.

Astrid Jahzeel Navarro

Mexicana, toda la vida. Abogada por elección. Orgullosamente UNAM de corazón.

Click para comentar

Deja un comentario

Facebook




Suscríbete a Polemón por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a otros 1,240 suscriptores

Támbien te puede gustar

LMDP

Por delincuencia organizada, lavado de dinero y peculado, derivados de posibles desvíos por casi 3 mil millones de pesos de la Secretaría de la...

LMDP

La estrella de fútbol del equipo regiomontano Tigres, André-Pierre Gignac,  es investigado por la Fiscalía General de la República (FGR) debido a algunas anomalías...

LMDP

La Organización de Estados Americanos (OEA) se fundó en 1948, y desde un principio fue un órgano que, aunque integrado por casi todos los...

LMDP

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) respondió a las críticas de Felipe Calderón y del diputado Gabriel Quadri,  quienes a través de sus...