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Crónicas

Crónica de una tarde de verano de un pueblo con su presidente

Cuando en el futuro los historiadores narren lo que sucedió en México de 2018 a 2024, tendrán forzosamente que explicar por qué la gente amó tanto a Andrés Manuel López Obrador.

He acudido a decenas de mítines de AMLO: recuerdo las concentraciones en el zócalo contra el desafuero, las gigantescas asambleas contra el fraude electoral de 2006, las “misas” que, si mal no recuerdo, eran a las 6 pm en la tribuna que había en medio de un zócalo lleno de carpas durante el plantón de 2006 y los mítines de las giras por todos los municipios del país (cuando en un día podía López Obrador hacer entre seis y siete).

Recuerdo también las asambleas de protesta contra la privatización de Petróleos Mexicanos, los eventos de campaña en 2012 y en 2018, la concentración en el zócalo donde dijo adiós al PRD, y las asambleas para fundar Morena en todo el país.

He acudido a muchas concentraciones, a marchas, a mítines, y siempre la figura de López Obrador ha sido querida y admirada.

Sin embargo, en las últimas dos o tres concentraciones, el amor al presidente -me parece- se ha desbordado en profundidad y en cantidad. Cada vez más gente lo comienza a querer, y cada vez la gente lo quiere con más fuerza.

El Presidente AMLO este 1 de julio del 2023 en el zócalo. Foto: https://lopezobrador.org.mx/

Lleve su AMLO para su casa

Uno sabe que, cuando hay mitin de López Obrador, hay mercado de objetos sobre AMLO. Y esto se ha incrementado con cada mitin. Llaveros de AMLO. Maracas de AMLO. Imanes de AMLO para el refrigerador. Posters de AMLO vestido de presidente. Calendarios de AMLO (aunque esos menos, porque estamos en julio ya). Camisas de AMLO. Máscaras de AMLO. Aretes de AMLO. Destapadores de AMLO. Chancletas de AMLO. Gorras de AMLO…

Y dentro de todos estos objetos con la figura de AMLO (y especialmente con el Amlito, que desde hace ya más de 15 años hizo el monero José Hernández), están los peluches de AMLO. Los hay de muchos modelos: el beisbolista, el presidente, el que inaugurará el Tren Maya, el trabajador petrolero, el que tiene traje de controlador de aeropuerto, el amlito clásico sin banda presidencial, la AMLOada… Y no sólo están los cambios en los trajes, sino los tamaños: hay pequeños, medianos y gigantes.

Lo que sí ayer no estaba en los festejos por el 5º aniversario del triunfo de Morena fue el AMLO que habla (una evolución de los amlitos peluches). Bueno, al menos no lo vi yo. Si lo hubiera visto, compraba uno.

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Pero todas estas mercancías con la figura de Andrés Manuel López Obrador, y que se vendan -lo dice el clásico- “como pan caliente”, indican que hay un mercado de estos objetos que es redituable porque los mexicanos quieren algo material de AMLO, llevárselo a sus casas, y tenerlo ahí. 

Es algo singular esto que pasa con Andrés Manuel. Él representa a una figura amada. Así sucede, por ejemplo, con Diego Armando Maradona en Buenos Aires: hay un montón de mercancías a la venta que hacen referencia a él porque él era un ídolo del pueblo. Así es con AMLO acá, en México: se les profesa un amor, y por eso tiene que haber objetos para que la gente evidencie de una forma material ese amor.

Pero claro, el amor no sólo se profesa adquiriendo un objeto de AMLO, sino yendo a sus mítines o gritándole “Es un honor estar con Obrador”. Ayer no pocos mostraban su amor implorando con fuerza: “reé-lée-cción, rée-lée-cción, reé-lée-cción”.

El amor nace en los hechos

A la gente le nace el amor a AMLO porque AMLO los representa, porque habla del pueblo, porque todos los días se comunica con los mexicanos vía sus mañaneras, y porque en los hechos, está haciendo un gobierno para el pueblo.

Los programas sociales han tenido un impacto muy benéfico en la población: un apoyo significa para miles de personas comer o no comer, tener un poco de seguridad, pasar una vida sin pobreza. No es una dádiva, como muchos conservadores lo catalogan, sino que AMLO siempre ha dicho que es justicia. Y la gente lo entiende como tal, pero no deja de reconocer que, antes de él, esa justicia no existía.

Ayer en el mitin hubo algo que me llamó poderosamente la atención: la apropiación popular de las obras prioritarias de AMLO. Y eso es un fenómeno que evidencia una estrecha relación entre el pueblo y su gobierno.

Muchas personas llevaban un tren, que representaba al Tren Maya. Eran la mayoría hechos con cartón, cartulinas y pintados con distintos colores. Incluso uno tenía en el frente (como si fuera el maquinista) la imagen de un Amlito. Uno observaba a las personas que portaban esos trenes, y lo hacían orgullosas.

Y es que la gente está orgullosa de su gobierno, y presume lo que éste ha hecho. Se apropia de la obra porque la obra en realidad, aunque esté realizada por una administración, la hace el pueblo vía AMLO. Eso explica por qué la gente dice: “estamos edificando un tren”, “construimos ya una refinería”, “ya hicimos un nuevo aeropuerto”…

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La gente se apropia de las obras de su gobierno porque considera al gobierno como suyo, como parte del pueblo, como ese movimiento popular que realiza acciones para la gente y por la gente.

Eso no lo habíamos vivido. Antes, cada acción de las administraciones era criticada, o se establecía que había corrupción. Las obras se transforman en una forma de extraer recursos públicos para unos cuantos funcionarios y empresarios. Pero ahora eso ha cambiado: se castiga la corrupción, se hace más con menos, se tiene austeridad, y las obras son del pueblo y para el pueblo.

Y no sólo eso: cada obra prioritaria que se emprende, se realiza buscando impactar de forma benéfica a la comunidad donde se edifica: en el Aeropuerto Felipe Ángeles se construyeron áreas de esparcimiento para las colonias vecinas, y se dignificaron vialidades, unidades deportivas, etcétera.

Lo mismo pasa con el Tren Maya. Son obras pensadas integralmente en la gente, no en hacer negocio ni en el enriquecimiento -vía la corrupción- de quienes durante décadas saquearon al país. Por eso el pueblo las hace suyas, y las presume, y siente orgullo de ellas.

Eso no pasaba antes. Eso es nuevo para nosotros. Y es que, desde hace décadas, no teníamos un gobierno que nos representara, ni un presidente al cual amáramos desaforadamente.

Una maestra y el pueblo agradecido

Hubo ayer, además de AMLO, dos oradoras: la secretaría de Gobernación, Luisa María Alcalde, y la maestra Delfina Gómez, gobernadora electa del Estado de México.

El discurso de Luisa María Alcalde, la secretaria de Gobernación más joven en toda la historia de México, estuvo enfocado en los jóvenes y en cómo, el empuje de estos, logró la transformación junto con muchísimas personas más.

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La nueva secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde.

Por su parte, la maestra Delfina, como lo hizo durante su campaña, comenzó con un diálogo con la gente: preguntando cómo estaban los asistentes al zócalo.

Después de hacer un recorrido por lo que significa la Cuarta Transformación, sus valores y la lucha que se ha dado, Delfina Gómez protagonizó uno de los momentos más hermosos del mitin de ayer. Y es que mostró su agradecimiento al presidente, pero lo hizo de una forma que dieron ganas de soltar lágrimas de felicidad.

Dijo la maestra Delfina: “Y ha cumplido, y creo que nos ha cumplido de sobra. Gracias, presidente, gracias. Y lo más importante es que lo ha hecho con amor, y como dicen por ahí, amor con amor se paga”. La gente comenzaba a aplaudir, pero Delfina no se detuvo: “Y vea presidente, todo lo que ha sembrado en los mexicanos”.

Ahí, el pueblo en toda la plaza estalló en aplausos y vivas. Pero Delfina no terminó ahí, y continuó: “yo creo que vale la pena ponernos de pie y darle un aplauso muy fuerte a nuestro querido presidente, y que sepa presidente que aquí estamos con nuestra voz y con nuestra fuerza para agradecerle por todo lo que ha hecho, por todo lo que ha logrado, y por todo lo que se ha esforzado. Porque efectivamente, ha dejado su vida por todos nosotros. Muchas gracias, presidente, y por esto, todo tenemos esa obligación moral de proteger este hermoso legado y caminar en unidad a consolidar el cambio verdadero, la justicia y la felicidad de nuestro pueblo”.

Mientras decía esto Delfina, la gente ovacionaba a Andrés Manuel López Obrador. Y eso es algo único, porque un zócalo completamente lleno, ovacionando a una persona, sintiendo muy lindo en hacerlo, es algo mágico. Indescriptible. Digno de un llanto de emoción.

Pero Delfina no concluía, y continuó: “y por eso digo, claro que ‘Es un honor estar con Obrador’. Viva la Cuarta transformación, viva México, y viva nuestro presidente, licenciado Andrés Manuel López Obrador. Mucha gracias”.

La maestra Delfina Gómez, gobernadora electora del Estado de México por Morena

¿Cómo se describe el júbilo? ¿Cómo poner en palabras eso que ayer se vivió? ¿Esas vivas, esos gritos de amor, esos aplausos de cariño, esos cánticos de emoción? ¿Cómo describir lo que se siente? Porque eso que se vivió ayer no es para pensarse, sino para sentirse, para disfrutarse, para reafirmar que el camino andado fue el correcto, y que el pueblo manda en México.

Ni la lluvia mueve al pueblo que escucha a su presidente

Andrés Manuel López Obrador, cuando ayer habló en el festejo por el 5º aniversario del triunfo de la transformación, dio un informe de lo que se ha hecho hasta ahora. Habló de los logros en economía, en política social, en austeridad, en derechos humanos, en energéticos…

Hubo momentos en que la gente aplaudía mucho, como cuando dijo que, con lo que se ha hecho en política energética, somos “más libres, más independientes y más soberanos”. O cuando mencionó que, cuando termine su sexenio, el sistema de salud del país será de los mejores del mundo, y acompañó esta aseveración con su clásico “me canso ganso”.

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Cuando llevaba casi una hora de su discurso, el cielo, que antes estaba claro pero que se fue oscureciendo conforme avanzó la tarde, comenzó a romperse y cayó el agua. Al principio en gotas pequeñas y tímidas, pero después más tupidas y agresivas. Mojaba mucho.

Pese a esto, la gente no se movió. Muchos sacaron sus paraguas y sus capas de plástico que vendían a diez pesos, pero prácticamente nadie se fue. Algunos quizás se resguardaron al interior de los portales, pero fueron los pocos. La mayoría se quedó ahí, escuchando el final del discurso del presidente. Y valió la pena.

AMLO concluyó su intervención enviando dos mensajes muy claros: uno, a los de oposición, a los conservadores. Y el otro, a quienes en un futuro dirigirán el movimiento de transformación.

A los de oposición les dejó en claro lo que son y lo que siguen siendo: “en vez de entender esta nueva realidad, en vez de aceptar que el pueblo de México se ha empoderado y no quiere seguir siendo vasallo de nadie, los reaccionarios de nuestro tiempo cada vez enseñan más el cobre, ofenden la inteligencia de la gente, insultan, actúan con prepotencia y creen que con campañas de mentiras y calumnias van a reconquistar el gobierno”.

Y hasta les dio consejos: “No es sentencia, ni siquiera advertencia, ni mucho menos amenaza, pero les digo desde el Zócalo, la principal plaza pública de México: poco lograrán si no abandonan su egoísmo y aprenden a respetar y amar a sus semejantes; no llegarán lejos si no comprenden e internalizan que el dinero y lo material es efímero, que la felicidad verdadera está asociada a la bondad y a la fraternidad”.

Posteriormente vino un mensaje de alerta para los que pronto liderarán el movimiento.

La advertencia fue clara, nítida y contundente: “Pero también nosotros no debemos apartarnos de nuestros ideales y principios, y nunca olvidar dos frases pronunciadas por Benito Juárez y por Ricardo Flores Magón, que son la esencia misma de nuestro quehacer político: ‘Con el pueblo, todo; sin el pueblo, nada’. Y ‘sólo el pueblo puede salvar al pueblo’”.

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Y después vino la parte más emotiva del discurso de AMLO, cuando la lluvia arreciaba. En unas pocas palabras, AMLO resumió lo que ha sido su trayectoria, lo que ha sido su vida política, lo que ha sido su camino: él no se considera el personaje principal, sino que lo es el pueblo.

Vino pues uno de los momentos más hermosos que se han vivido en la plancha del zócalo: el diálogo entre un presidente amado y un pueblo agradecido. Así sucedió, y mientras sucedía, caían gotas de agua que se mezclaban con muchas lágrimas de alegría:

AMLO: Si nos preguntamos: ¿quién es nuestro mejor aliado?, ¿qué contestamos?

LA VOZ DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: El pueblo.

AMLO: ¿Por quién estamos aquí?

LA VOZ DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: Por el pueblo.

AMLO: ¿A quién hay que servirle primero?

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LA VOZ DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: ¡Al pueblo!

AMLO: ¿Con quién transformar?

LA VOCES DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: ¡Con el pueblo!

AMLO: ¿En quién confiar?

LA VOCES DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: ¡En el pueblo!

AMLO: ¿Quién nos protege?

LA VOCES DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: ¡El pueblo!

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AMLO: ¿Qué somos?

LA VOCES DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: ¡Pueblo!

AMLO: No se oye.

LA VOCES DE MILES y MILES EN EL ZÓCALO: ¡Pueblo!

AMLO: Muchas veces. ¡Pueblo, pueblo, pueblo!

LA VOCES DE MILES Y MILES EN EL ZÓCALO: “Pueblo, pueblo, pueblo, pueblo, pueblo, pueblo, pueblo, pueblo, pueblo!

AMLO: Gracias, pueblo.

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¡Que viva la Cuarta Transformación!

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

Lo que ayer se vivió fue un mitin de festejo, pero especialmente, fue un mitin de amor. Un amor desbordado. Un amor que este pueblo jamás había sentido por su presidente. Fue histórico, como tantas y tantas cosas que lo han sido en los últimos cinco años.

Qué lindo es estar viviendo esto. Qué hermoso. Qué ganas de llorar de la emoción.

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Jorge Gómez Naredo
Escrito por

Profesor en universidad pública. Fundador, junto con Jaime Avilés y César Huerta, de la Revista Polemón.

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Avatar

    Dr. Abdúl Al-Assad Chanel

    2 julio, 2023 at 7:15 pm

    Tuve el honor de acompañar a nuestro Presidente y, a pesar que terminé empapado valió la pena cada cada pinche segundo que estuve en esa Apoteósica Celebración.
    ¡VIVA MÉXICO CABR0NES!

  2. Avatar

    Carlos Alberto

    3 julio, 2023 at 12:12 am

    Una Crónica muy emotiva (Como siempre) un día historico, discurso muy humanista, lleno de amor donde habló el corazón, la razón, la esperanza y la alegría. Un pueblo entregado a un presidente que nos ha dado voz, respeto, valor y amor por México, y un tigre que si le jalan la cola rugira en defensa de nuestro amado presidente. Gracias Jorge Gómez Naredo por tan excelente crónica.

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