En Estados Unidos, cuando se impone la “pena de muerte”, el día en que se da el castigo se anuncia al condenado como un “hombre muerto caminado”.

Así parecía hoy Francisco Domínguez: un hombre muerto caminando. Y es que, políticamente, el todavía gobernador de Querétaro está acabado.

Quiso la casualidad que la mañanera de hoy fuera en Querétaro, la entidad dirigida por Francisco Domínguez, el gobernador que tenía como su mano derecha y colaborador de muchos años a quien el lunes apareció en un video recibiendo maletas llenas de billetes.

Estaba nervioso el gobernador. No lloraba, pero parecía. No sudaba, pero se le notaba que no se aguantaba, que estaba a punto de desmoronarse.

En principio, agradeció a AMLO. Dijo que era muy buen presidente y gracias gracias gracias. Fueron demasiados gracias, como los que diría alguien que busca un gran favor.

Después de mencionar a todos los que estaban presentes en la conferencia de prensa, fue al punto que le importaba: “aclarar” su asunto.

Dijo que todo era una campaña sucia para relacionarlo en actos de corrupción, pero que él era alguien que no había caído en eso. Mencionó: “El señor Emilio Lozoya ha pretendido involucrarme”.

Afirmó que era inconcebible que se le creyera a un personaje que no tiene calidad moral y que además es un delincuente confeso.

Dijo que sí, que quien aparecía en el video era su secretario particular, Guillermo Gutiérrez Badillo, que además había colaborado muchos años con él. Pero afirmó que él no sabía de sus andanzas ni estaba enterado que recibiera dinero para sobornos. Incluso, recalcó que ya lo había corrido como secretario particular.

Su defensa fue simple: él no necesitaba sobornos para votar a favor de la privatización del petróleo mexicano, pues él siempre estuvo a favor, y que lo hizo por convicción y no porque quisiera dinero.

Y a punto del llano, dijo que él sí enfrentaba el escándalo: “Doy la cara y defenderé mi nombre”, pero inmediatamente después mencionó que no volvería hablar del tema.

Y así, el gobernador de Querétaro “explicó” y “aclaró” el escándalo: él no sabía que su subordinado recibía fajos y fajos de dinero.

Cuando iniciaron las preguntas de los reporteros, uno de ellos quiso cuestionar al gobernador, pero éste se negó a responder. El tema, para el gobernador, estaba concluido: él era inocente, él no sabía nada, él es bueno.

La cuestión es que, la gente de México y especialmente de Querétaro, tiene otros datos. Y otra percepción. Y ahí, en esa otra realidad, Francisco Domínguez es culpable y, políticamente hablando, un hombre muerto caminando.