Quienes odian a Andrés Manuel López Obrador pensaba que, a estas alturas (un año y un mes de gestión), el tabasqueño ya estaría muy abajo en eso de la “popularidad”. Que el “desgaste de gobernar” le iba a afectar y que las estrategias de ellos, los que lo odian, tendrían efecto.

Hoy se dan cuenta que han fracasado. Y que Andrés Manuel hasta se burla de ellos. Los humilla. Los arrastra.

Un botón de muestra: el avión presidencial.

Felipe Calderón compró un avión costoso para que sirviera a los presidentes como un palacio en los aires. El interior de la aeronave es como la de un jeque: todos los lujos posibles ahí están en ese avión. Todos. ¿Lo querían para transportarse? Sí, pero lo querían más para sentirse los dueños del país, los que manaban.

Estos sueños de grandeza desde la pequeñez de un individuo como Felipe Calderón hicieron que México comprara ese avión, que lo pagara en “abonos”.

Quien disfrutó el lujo del avión fue Enrique Peña Nieto, que viajó en esa comodidad que da el lujo excesivo.

Cuando Andrés Manuel López Obrador gana la presidencia y decide vender el avión, lo envía a Estados Unidos para que allá fuera la venta con el acompañamiento de la Organización de las Naciones Unidas y en completa transparencia.

Desgraciadamente, el avión no se ha vendido, y es que quién va a querer tanto lujo. Ningún país hoy compra ese tipo de aviones con ese excesivo e insultante comfort. Además, el gobierno de AMLO no lo quiere ofrecer por un precio abajo del avalúo: no lo va a malbaratar.

Ante la tardanza en la venta del avión en Estados Unidos, Andrés Manuel lo trajo de nuevo a México y aquí replanteó posibilidades que seguramente tendrán efectos positivos (vender el avión a un conjunto de empresarios, por ejemplo).

Pero claro, los de oposición comenzaron sus críticas. Pensaron que el “affaire avión” sería una gran crítica a AMLO y que así comenzaría su “decadencia”. Iniciaron una campaña: que era inepto AMLO, que cómo era posible, que ni vender un avión podía, que se gastaron una millonada en “mantenimiento”, que AMLO malo, que AMLO pésimo, que AMLO lo peor.

Y la respuesta de Andrés Manuel López Obrador fue tan inteligente que hoy la oposición no sabe ni qué hacer.

En su conferencia de prensa matutina, AMLO introdujo el tema del avión presidencial como quien decidió dejar en ridículo a la oposición. Y es que comenzó así: “Ayer dediqué casi todo el día a eso [lo del avión] y hay como cinco opciones, y las voy a dar a conocer ahora, si les parece”.

Dio a conocer de nueva cuenta las posibilidades, e incluso dijo que había ofertas muy probables. Y fue entonces que dio ese puñetazo a la oposición que la dejó noqueada: “Y el quinto es una rifa”.

Y ahí explicó ésta: “Quinientos pesos, seis millones de cachitos de la Lotería Nacional”,

AMLO sabía que una propuesta así encendería el ánimo de los mexicanos, pues las rifas y la lotería nacional son un esfuerzo colectivo para un fin, y ese fin en este caso es reparar el daño que los gobiernos anteriores le hicieron al país comprado un avión carísimo para que el Presidente en turno se sintiera como rey.

La estrategia, pues, fue un puñetazo de nocaut a la oposición.

Pronto, la gente se emocionó. Y es que ¿cómo no emocionarse con la posibilidad de ganar en una rifa ese objeto que representa lo alejado que estaba la clase política mexicana del pueblo?

El significado es enorme. Y es colectivo. Y es de esperanza.

Los anti-AMLO se quedaron anonadados. No supieron qué hacer. Dijeron que esa propuesta era ridícula, que AMLO cada día estaba más loco, pero la realidad es que el pueblo se emocionó, y entendió el significado del mensaje de Andrés Manuel.

Este es un ejemplo de la forma en cómo AMLO arrastra a la oposición.

Y esto es de todos los días. Y los de oposición, tan petulantes como son, piensan que van bien, que pronto darán un golpe fuerte a AMLO…, y AMLO siempre termina noqueándolos.