Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

22 de marzo de 2018. Milenio Televisión seguro tuvo ayer su mejor día en toda su historia: la gente se puso enfrente de la pantalla de tele o de la computadora y/o celular para mirar a Andrés Manuel López Obrador enfrentar a seis periodistas: hoy, 13 horas después de que se transmitió el vivo la “charla”, dicha conversación en Facebook lleva más de un millón de reproducciones y ha tenido más de 38 mil reacciones, además, ha sido compartida casi 40 mil veces y tiene miles de cometarios.

Sí, Milenio le debería agradecer a AMLO que hubiera ido: el día, seguramente, fue uno de los más virales en la historia de Milenio. Si no es el que más.

La charla comenzó, digamos, tersa. Héctor Aguilar Camín y Juan Pablo Becerra comenzaron a preguntar, según ellos, cuestiones muy complicadas. Andrés Manuel respondió con calma, bien, dejando claro lo que piensa y la forma en cómo gobernará en caso de ganar las elecciones.

Todo comenzó a ponerse tenso cuando, Carlos Marín, patético como solamente él puede ser, comenzó a querer ser el centro de atención. Inició con sus gritos, con alzar la voz, con su forma autoritaria de “mantener” el orden. Marín no iba a “cuestionar” para conocer qué pensaba su entrevistador, no, él buscaba humillar a AMLO. Y no lo humilló: el humillado fue él.

Lo que dijo Andrés Manuel en el “debate” no fue algo nuevo: sus piensos sobre las reformas educativa y laboral, su visión de país, lo que ha aprendido a lo largo de tantos años recorriendo el país, cada municipio de la nación. Habló de las formas, de los cómos y de los para qués. Lo que dijo AMLO en el “debate” desde hace mucho tiempo lo ha dicho. Lo interesante fueron las reacciones de los “periodistas”. Carlos Marín parecía un defensor del gobierno federal, al igual de Carlos Puig. Se exhibieron como si alguien les hubiera pagado para “humillar” a AMLO. Y no, no lo humillaron: los humillados fueron ellos.

Carlos Marín trataba de interrumpir a AMLO para que éste se callara y fuera como un niño regañado. Pero AMLO no se dejó: quería terminar sus argumentos, sus reflexiones, lo mínimo en una entrevista. Pero Marín quería exhibirlo, y quien terminó exhibido fue él. Dio unas perlas de antología: por ejemplo, cuando dijo que “las equivocaciones de los pueblos suelen ser pavorosas”, es decir, que la gente no debería tener el poder porque podía llegar a elegir a un “Hitler”. ¡Qué cosas!

Sí, Marín quería ser quien humillara, y el humillado, y el exhibido, y el retratado de cuerpo entero, fue él.

En la imagen, Carlos Marín, durante el debate de AMLO con periodistas de Milenio.

En el debate, incluso los más serios, como Jesús Silva Herzog, resultaron humillados y retratados de cuerpo entero. Cuando AMLO afirmó que la intención de su gobierno iba a ser que ningún joven fuera rechazado de las universidades, Silva Herzog indicó que eso violaría ¡la autonomía universitaria! AMLO, con calma, le dijo que eso no era violar la autonomía, porque como presidente, se sentaría con los rectores, les ofrecería más presupuesto y les plantearía que ampliaran la oferta educativa, las instalaciones, todo los necesario. Eso, que es invertir en educación y que organizaciones internacionales lo recomiendan y lo piden, fue visto por Silva Herzog como “violaciones” a las autonomías universitarias… ¡Qué cosas!

Pero el más grotesco, siempre, fue Carlos Marín. Cuando AMLO dijo que si alguien le preguntara en ese momento a Enrique Peña Nieto cuántas personas habían sido asesinadas en el día, Carlos Marín defendió a Peña Nieto diciendo que eso no debía ser un dato que el presidente debería conocer, que sería como si el presidente debiera conocer los baches que hay en las carreteras. Es decir, comparó a mexicanos asesinados en el país con baches. Así de grotesco. Así de patético. Así de Carlos Marín.

Héctor Aguilar Camín fue quien menos se exhibió, quien más escuchó. Preguntó cuestiones más serias, y en todas éstas, obtuvo respuestas contundentes de Andrés Manuel. Ahora bien, si esas preguntas que hizo eran sus grandes cuestionamientos, quedó claro que sus cuestionamientos eran muy débiles.

Andrés Manuel dejó claro que los temas que él conoce de fondo, y que va atender en caso de ganar, son la inseguridad, la corrupción, la falta de oportunidades para los jóvenes, la justicia social, la libertad de expresión, los derechos humanos, etcétera.

En ningún momento de la conversación (incluso cuando los gritos de Carlos Marín eran tan brutales) Andrés Manuel perdió la compostura, ni se le vio atorado en sus reflexiones. Fue serio, fue profundo, fue claro.

Querían humillarlo, y en realidad, ellos fueron los humillados.

AMLO, en debate con periodistas de Milenio.

Hoy Milenio, en su portada, tituló: “AMLO: sin ego, seré como Juárez y Madero”. La portada intenta golpear: “miren a ese loco, se compara a nuestros próceres Juárez y Madero”. La cuestión es que, en lugar de ser un golpe, en realidad ello es una esperanza: que una persona quiera emprender una gran transformación del país, y que la quiera hacer de forma pacífica, con la gente, respetando la democracia y la libertad de expresión, atajando la corrupción y apoyando la educación, en realidad, no debe ser algo negativo, sino muy muy positivo.

Por eso, los que querían humillar ayer a AMLO, resultaron humillados. Pero la humillación, parece ser, valió la pena para ellos: en redes sociales Milenio han tenido más viralidad que en toda su historia: sí, ayer, por un día, fue el medio más potente de México. Y eso fue gracias a Andrés Manuel. Deberían agradecerle.