Por: Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

18 de marzo de 2016. Desde que se popularizaron las redes sociales, quienes integran la clase política comenzaron a “compartir” información “importante” sobre las “labores” que realizan.

Que si fueron a un reunión, que si asistieron a un acto protocolario, que si hablaron con una persona importante de asuntos importantes, que si dijeron algo fundamental y esencial para el mundo y su funcionamiento, que si pronunciaron un discurso sentido y profundo y doliente, que si se pusieron melancólicos y escucharon canciones tristes, que si vieron película bonitas, que si se tomaron fotos abrazando a esposas o esposos o parejas o amantes o amigos o hijos o sobrinos, que si fueron al médico, que si jugaron fútbol, que si se pusieron alegres, que si visitaron (ah, qué triste) a los pobres del universo y con esa visita se llenaron de energías para seguir haciendo las cosas bien.

Las redes sociales han sido utilizadas, por la élite política, como la herramienta de “acercamiento a la gente”: mostrar que “los políticos” no son seres de otros planetas, sino personas comunes y corrientes que comen humildemente, que van al baño, que se estriñen, que sufren, que tienen sus días buenos y malos, que se desesperan con las quincenas que tardan tanto en llegar, que se ponen tristes y alegres y que trabajan siempre. Siempre.

Todos los que ingresan a la política tienen, pues, sus “canales de comunicación” o de “acercamiento” con la población, con la gente: con el pueblo.

Digamos que es la modernidad que llegó de repente y pronto se normalizó.

Comunicar a la gente lo que pasa es algo que, sin duda, se debe agradecer. Por ejemplo, agradecer a varios diputados del PRI que ayer, ante la contingencia ambiental en la ciudad de México, nos informaron que tomaron la trascendental decisión de transportarse en Metro.

Gracias diputados del PRI. De verdad, gracias.

Y nos informaron bien: se quedaron de ver en un café, desayunaron, esperaron a los fotógrafos, a las cámaras de video, a los asesores y a los asistentes. E ingresaron al metro.

Muy trajeados. Muy contentos. Muy en estado de “populacho”.

Entraron a los andenes. La gente los miró pasar: y es que todos tan distinguidos, tan rodeados de mucha gente, tan especiales. Se tomaron fotos. Especialmente selfies. Esas imágenes fueron directo a redes sociales: “miren, miren, somos como ustedes. Nos subimos al metro. Usamos lo que ustedes usan”.

Sinceramente: gracias, diputados del PRI.

Una persona miró a los diputados. Y reconoció a César Camacho, ex presidente del PRI nacional, ex gobernador del Estado de México, ex senador. Gente importante. Distinguida. La persona, un hombre mayor, le gritó:

“Ojalá que usted y todos sus colaboradores utilicen el Metro de a deveras, no nada más para que usted se dé baños de pueblo en este tipo de necesidades, porque es una burla para el pueblo. Yo me siento burlado por usted”.

Eso, cosas de la vida, no fue materia de información para César Camacho. No era contacto con el pueblo. Por eso, en las redes sociales del PRI, se omitió ese detalle. Pero no lo demás: diputados del PRI viaja con la gente, con el pueblo, en el metro. ¡Todos somos iguales en este país!

Las redes sociales se han convertido en los canales más importantes de comunicación de la élite política mexicana. Qué lindos se ven entablando ahí “contacto directo” con el pueblo.   

Todo esto se resume, de forma clara, en el tuit que el mismo César Camacho “subió” ayer:

No cabe duda: la cercanía se siente. Es tan fuerte. Tan profunda. Vamos bien. Vamos muy bien. Gracias diputados del PRI.