La tragedia de Minatitlán duele. ¿Cómo no va a doler que le quiten la vida a 14 personas que estaban disfrutando de una reunión familiar? ¿A un niño que no llegaba a los dos años de edad? ¿Cómo no va a doler la saña, la forma, la sin razón?

Por supuesto que duele. Y duelen también todas las matanzas. Toda la sangre. Toda la tragedia cotidiana que somos como país.

79 (diciembre), 75 (enero), 83 (febrero), 77 (marzo), son los promedios de homicidios por día los primeros meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Nadie está negando la violencia. Nadie está negando que tengamos un problema con la matanza que vivimos. Nadie.

Para solucionar los problemas se precisa primero entender los procesos. La masacre que vivimos cotidianamente no inició hace cuatro meses. Es algo que viene desde antes. De cuando Vicente Fox comenzó perdió el control del país en materia de seguridad, de cuando Felipe Calderón, para legitimarse, decidió (en lugar de emprender una estrategia seria para acabar con la violencia) hacer una “guerra”. Viene de cuando Enrique Peña Nieto se desentendió de la violencia y la dejó crecer a niveles nunca antes vistos.

Sí, es un problema actual, y claro que le compete a la actual administración, pero es un proceso que viene de atrás, y para luchar contra él, se precisa comprenderlo. Algo que, hay que decirlo, ni siquiera se plantearon las anteriores administraciones.

Los de la oposición a AMLO buscaban un Minatitlán: una tragedia para golpear al actual gobierno. No es que les preocupe la inseguridad, la violencia y el dolor. No les interesa terminar con esos flagelos, eliminarlos. Lo que buscan es usar esa inseguridad, esa violencia y ese dolor para decir: “miren, AMLO no sabe gobernar”, “miren, él no puede”, “miren, deben desilusionarse ya”.

Es su apuesta. Será su apuesta. Y es que quieren que la gente pierda la esperanza, que miles y miles caigan en la desilusión y ya no luche por un mejor país.

Duele la muerte. Duele que maten personas. Duele que le metan un balazo a un niño de menos de dos años. Duele mucho, de verdad que sí.

Pero para solucionar esto, para terminar con la tragedia que vivimos, se precisa una estrategia que comprenda bien el problema. Y eso es una apuesta diferente que ha emprendido el gobierno encabezado por AMLO y eso por lo que, a pesar de estos hechos, debemos tener esperanza: la violencia no se está combatiendo solamente con las armas y con la fuerza, sino que ahora también se hace con programas sociales, con la apuesta a reconstruir el “tejido social”.

Hay que comprenderlo bien: el país no se arregla solamente con armas, y no se arregla en unos cuantos días. Se precisa que desde el Estado se combata la exclusión social y las injusticias. Es ahí donde está la solución. Y es ahí donde el actual gobierno está comenzando a incidir.

Por eso, a pesar del dolor y la tragedia, no se deben perder las esperanzas, no debemos caer en la desilusión.