Por: Serapio Bedoya

6 de junio de 2015. — Una de las mejores enseñanzas que nos brindó la observación del alzamiento zapatista nos dice que los acontecimientos políticos en modo alguno alteran o determinan la conducta de “los mercados” (la Bolsa, el Tesoro y las inversiones extranjeras), pero son utilizados para justificar devaluaciones y fuga de capitales, a conveniencia de los dueños de todo.

Hoy, como en diciembre de 1994 –cuando Zedillo y Marcos pactaron en secreto la “segunda ofensiva” del EZLN, tras la cual Hacienda devaluó el peso 100 por ciento–, los tecnócratas aprovechan el despliegue violento de los maestros rurales en el sur del país, para subir el precio del dólar a 16 pesos, continuando una tendencia que se agudizará las próximas semanas.

El justificado descontento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Oaxaca, Chiapas y Michoacán, sumado al de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (Ceteg) y de los padres de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, se expande y arrasa con oficinas del Instituto Nacional Electoral (INE) y partidos políticos, ante la mirada serena del “gobierno” de Peña Nieto, al que por ahora le conviene este ejercicio de estallido insurreccional.

Para darle más sabor al caldo, la Secretaría de Gobernación, a través de su organismo de espionaje político, el Centro Investigación y Seguridad Nacional (Cisen, antes Dirección Federal de Seguridad) difundió que las “agrupaciones anarquistas de todo el país” tenían planeado –y estarían llevando a cabo– un plan para boicotear las elecciones de este domingo, denominado Junio Negro.

Un simple vistazo a los “documentos” que los promotores de Junio Negro difundieron en tuiter como sustento teórico de sus planes, basta para comprobar que se trata de uno más de los burdos montajes llevados a cabo desde el primero de diciembre de 2012 por el secretario Miguel Ángel Osorio Chong, para provocar violencia mediante “anarquistas encapuchados” y reprimir y encarcelar inocentes.

Pero si estas maniobras se limitaban al ámbito de las calles, hoy pasan a un plano más íntimo. Dos ejemplos: para estrenar Junio Negro, en las primeras horas del pasado lunes, en Puebla, desconocidos arrojaron petardos contra las puertas de vidrio del INE, contra la fachada de la Secretaría de Economía y contra una estación del Metrobús causando daños materiales mínimos.

Al mismo tiempo, otros “explosivos de fabricación casera” fueron detonados ante la Secretaría de Desarrollo Social en Xalapa. Todo sugiere que estas pataletas crearon una dinámica de causa y efecto que entró en su segunda etapa cuatro días más tarde y en forma igualmente simultánea.

La madrugada de este viernes 5 de junio, policías judiciales entraron violentamente en las casas de cinco estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y se los llevaron detenidos sin órdenes de aprehensión.

Uno de ellos, Arafat Rosas, estudiante de sociología, 24 años, hijo del catedrático de la BUAP, Miguel Ángel Rosas, es integrante del Comité para la Liberación de los Presos Políticos en Puebla, del cual son parte Jesusa Rodríguez y Elena Poniatowska. Los cinco jóvenes fueron acusados como responsables de los “bombazos” del lunes.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Al mismo tiempo, en Xalapa, alrededor de la una mañana, ocho estudiantes de la Universidad Veracruzana, que cursan las carreras de Derecho, Filosofía, Pedagogía, Ingeniería, Sociología e Historia, festejaban un cumpleaños en una casa de una recámara y un baño cuando tocó a la puerta Osorio Chong.

Disfrazado de hombres encapuchados y armados con rifles, machetes, cuchillos y bats de beisbol, el jefe de la política interior del país atacó bestialmente a los jóvenes, asestándoles machetazos en la cara, piquetes de arma punzocortante en diversas partes del cuerpo, fracturas de cráneo, de brazos y de piernas, dislocación de mandíbulas y pérdida total de dentaduras debido a los golpes. Tres jóvenes están en terapia intensiva, gravísimos.

¿Quién no recuerda las fotografías en que Lorenzo Córdova, presidente del INE, salió escoltado por los secretarios de Gobernación, Marina y Defensa? ¿Quién ha olvidado las afirmaciones de Chong asegurándonos que “garantizará elecciones en todo el país”? ¿Por qué los militares que resguardan las oficinas del INE en Oaxaca “huyeron” cuando llegaron los de la CNTE y quemaron 13 mil boletas?

¿Por qué Lorencito ahora sale con que no se instalarán casillas en donde no haya condiciones de seguridad para funcionarios y votantes? ¿Por qué Peña Nieto suspendió la evaluación de maestros rurales, contra la cual ha luchado la CNTE en los últimos dos años? Todo apunta a lo mismo.

Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Veracruz, además de la ciudad de México, son algunos de los estados en donde Morena tiene posibilidad de obtener un alto número de votos. Al PRI le conviene que los maestros, peleando legítimamente por sus propias demandas, impidan la celebración de elecciones en todas las casillas donde puedan.

Protestas de la CNTE, en Oaxaca.

Protestas de la CNTE, en Oaxaca.

Sin embargo, los insurrectos no parecen advertir que después de las elecciones van a ser víctimas de una represión feroz, porque los tanques, las tropas y demás herramientas del poder para mantener el orden (léase, el caos dosificado), llegaron, sobre todo a Guerrero, dizque a cumplir la promesa de Chong –“garantizar elecciones en todas partes”– y no han intervenido. ¿Qué hacen entonces ahí? Ganan tiempo, aceitan los rifles, preparan las balas.

Sexenio de matanzas –Tlatlaya, Iguala, Apatzingán, Tanhuato–, estamos a punto quizá de presenciar la peor de todas, no sólo para reducir a los rebeldes con un baño de sangre peor que el de Michoacán 2006, sino para devaluar el peso dejando que caiga a pique y justificar las previsiones de Hacienda para el segundo semestre de este año: más recortes, más despidos y, si es necesario, nuevos gasolinazos mensuales.

Con el sur del país en llamas, está por verse qué harán los priístas en las tres ciudades más importantes del país: Mancera en el DF, Aristóteles en Jalisco y Medina en Nuevo León. Si el perro guardián del Zócalo le roba a Morena las cuatro delegaciones donde va a ganar (Cuauhtémoc, Iztapalapa, Xochimilco y Tláhuac) y las otras dos en donde tiene altas posibilidades (Tlalpan y Coyoacán) habrá un tremendo conflicto poselectoral en el DF.

Si Peña y los macacos de Tribunal Electoral Federal invalidan el triunfo de Enrique Alfaro en Guadalajara –atendiendo las quejas del payaso Lagrimita, al que para eso lo hicieron candidato de última hora–, quién sabe cuál sea la respuesta de los tapatíos, como tampoco se sabe qué harán los seguidores del Bronco en Monterrey.

De lo que nadie duda es de que el PRI-Verde, el PRD-Panal y el PAN de los genocidas con alzheimer como Margarita Zavala y su marido, van a llevar a cabo un fraude electoral del que ya tenemos indicios y evidencias, mientras el partido anulista cumplirá su función esterilizadora, en esta combinación asombrosa de tantas fuerzas adversas a la consolidación de Morena como la única fuerza opositora en el Congreso.

VER: Columna Alacranes de Serapio Bedoya del 30 de mayo de 2015.