En este proceso electoral estamos en la etapa de conocer resultados a detalle, por ejemplo, quiénes serán los nombres de los diputados plurinominales que llegarán a la Cámara de Diputados, cómo se resolverán las distintas impugnaciones de los partidos y cómo es que Margarita Zavala hizo que en las casillas donde ganó hubiera el inexplicable casi 100% de participación.

Y aunque estamos esperando esos datos, algunos de los actores políticos ya están hablando del 2024.

La oposición derrotada a través de la AlianXa (PRI-PAN-PRD) no alcanza a dar un mensaje coherente que explique su general descalabro. Algunos dirigentes en particular lo han hecho, pero en conjunto no han explicado por qué el escenario triunfador que intentaron vender no cuajó en las urnas. La solución que encontraron es no sólo descarada sino digna de psiquiatra: “¡En vez de explicar por qué perdimos, salgamos a decir que ganamos! y preparémonos para la batalla final en tres años”.

¿A quién le puede servir ese discurso falso? Sólo a quienes empiezan a construir una narrativa futura: sigue el 2024 por lo tanto decir que ganaron implica que el mismo camino exitoso (nótese la ironía) debe seguirse para que en el 2024 se dé el jaque mate a la 4T. Tienen que vestirse de ganadores porque ganaron muy poco.

Esta actitud es enfermiza, pero le sirve muy bien a los dirigentes del PRI, PAN y PRD que buscan aferrarse a través de ese discurso al puesto y presupuesto de su partido; sirve también a los periodistas, columnistas y abajo firmantes para que no sean tan obvias sus mentiras. Sirve al dueño de la alianXa porque intentará, a través de un mensaje que lo presente como ganador, incidir en las políticas de los gobiernos, municipios y alcaldías que obtuvo la coalición y de las que espera recibir resarcimiento a su inversión.

Todas las fuerzas políticas tienen que hacer un riguroso análisis de sus resultados positivos y negativos para extraer conclusiones que beneficien a sus bases y votantes. Mentir desde un inicio como lo está haciendo la oposición polarizar una vez más el discurso político, porque se hablará de dos visiones completamente distintas, una que sólo existe en sus cabezas y otra que comúnmente es conocida como “realidad”.

Para la 4T hubo grandes resultados, mantuvo la mayoría en Congreso y con ello el control del presupuesto. Gobernará a prácticamente medio país; sin embargo, la etapa que sigue no es 2024 sino la de una revisión de lo sucedido el 6 de junio. También precisa reflexionar cómo implementará las políticas del presidente López Obrador, cómo apoyará la consulta de juicio a expresidentes y cómo llevará a cabo los cambios constitucionales que se requieren.

Dejemos que sean los de oposición quienes se enreden en un futuro cuando no tienen siquiera un presente.

Javier Cravioto