Ayer detuvieron a Emilio Lozoya Austin. Cercanísimo a Enrique Peña Nieto. Hombre de todas las confianzas de Enrique Peña Nieto. Un soldado de Enrique Peña Nieto.

Lozoya sabe bien cómo se financió ilegalmente la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012, cómo recibieron miles y miles de millones de dólares a cambio de escandalosos contratos cuando ganaran la presidencia. Sabe eso, y lo sabe bien porque él fue uno de los operadores, y todo bajo la dirección de Enrique Peña Nieto y demás “líderes” del grupo que asaltó la presidencia en 2012.

El detener a Lozoya, sin embargo, no fue producto de lo que se conoce como una cazaría de brujas, como hacían en anteriores sexenios para legitimarse o convencer a la gente de que se estaba “yendo en serio” contra “los malos”.

No, en el caso del actual gobierno, lo que se ha hecho es continuar investigaciones o atender demandas de corrupción. No se está persiguiendo a personajes en específico, violando todos las leyes posibles.

Esto es muy importante, y es lo que preocupa muy en serio a quienes fueron corruptos. La lógica cambió: no se va contra “un personaje” para que se produzca escándalo y entonces haya reflectores y todos hablen de eso y se diga “ah, qué buen gobierno”.

No, la ruta que está siguiendo la actual administración es sólo cumplir lo que hasta ahora se tiene (investigaciones iniciadas) y -esto es muy importante- no ocultar nada ni defender a nadie.

Y es ahí donde está el problema…, para los corruptos.

Las administraciones de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron muy corruptas, y lo fueron de forma estructural, es decir, buena parte de los funcionarios participaba y todo se hacía con la venia de quien era el jefe, es decir, el presidente en turno.

Tanto el caso de Genaro García Luna como de Emilio Lozoya conducen a “más arriba”.

No se está buscando un “escándalo” de un solo personaje, sino seguir las investigaciones ya iniciadas y, forzosamente, esas investigaciones que conducen a “más arriba” llegan a Vicente Fox, a Felipe Calderón y a Enrique Peña Nieto.

Por eso hoy están temblando.

Andrés Manuel López Obrador ha dicho una y otra vez que no “irá” contra los ex presidentes, pero también ha afirmado que “no se ocultará” nada ni se defenderá a nadie. Y eso, en los hechos, hace que Fox, Calderón y Peña no sean intocables.

Así, las investigaciones de Lozoya y García Luna (en Estados Unidos) conducen a los expresidentes y a la corrupción que permitieron, alentaron y establecieron. Esa corrupción es parte de la tragedia en que se convirtió el país, y por supuesto deben ser castigada.

Así que, sin persecución, están prontos a caer. Y eso los hace temblar.