La oposición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador está debilitada en un contexto donde el presidente tiene niveles históricos de aceptación, mayoría en las cámaras y un proyecto político de largo aliento que enmarca cada una de sus acciones.

Su fragmentación es consecuencia de su heterogeneidad y de la ausencia de idearios comunes. Muchos de estos grupos siguen aturdidos por la derrota electoral, abrumados por el arrastre popular del presidente o han sido afectados por las acciones del gobierno. Sin embargo, ¿quiénes conforman la oposición y qué representan?

A continuación propongo una tipología para enmarcar a la oposición👇

La oposición partidista

Si bien los priistas son oposición, en la práctica están pactando con el gobierno de Andrés Manuel. El respaldo de los gobernadores y legisladores a favor de la Guardia Nacional, entre otras iniciativas, muestra un partido disciplinado que buscará negociar como método de supervivencia. Su pragmatismo y experiencia política impedirá cualquier estrategia frontal contra el presidente, pues hacerlo sería un acto suicida. Sin embargo, sus días como proyecto político están contados. Morena se está tragando a su voto duro y le está cerrando las llaves que los proveían de recursos.

En el otro bando se encuentra el grupo que apoyó a Ricardo Anaya y el cual sigue sin reponerse de la derrota. Conformado por el PAN, PRD y MC, este grupo no sabe dónde está o dónde posicionarse frente a la ola de la Cuarta Transformación. Su estrategia ha sido un balazo en el pie: oponerse férreamente a las acciones del gobierno sin leer el momento político. Se debilitaron al defender veladamente el robo de combustible, es decir, al defender el statu quo. Representan aquello que la mayoría de los votantes rechazó. Son los intereses creados, los beneficiados durante los últimos tres sexenios o “los conservadores” como los ha nombrado López Obrador.

Protesta contra AMLO en la Cámara de Diputados. Foto: Especial

Apenas se les puede observar porque se han articulado como grupo, pero al enfocar la mirada, al analizar partido por partido, el escenario es humillante. El PRD es un cascarón, su militancia no le perdonó la alianza con la derecha. Han perdido el rumbo. No tienen quién dirija un barco que se está hundiendo. El PAN no tiene unidad, se fracturó tras la salida de Margarita Zavala, Felipe Caderón y el grupo que apoyó a José Antonio Meade durante la pasada elección presidencial. El voto conservador está fragmentado.

Dentro de esa oposición partidista, Movimiento Ciudadano está dividido entre el grupo de tránsfugas que llegaron al partido y el grupo que comanda Enrique Alfaro. Este último es el más fuerte al interior de MC y se encuentra en un momento de transición o replanteamiento.

Hay que recordar que en un primer momento Alfaro impulsó una estrategia frontal contra el gobierno de López Obrador. Criticó severamente el nombramiento del superdelegado en Jalisco, el recorte al presupuesto para la entidad y el desabasto de gasolina. Sin embargo, dicha estrategia fue errónea. El jalisciense no entendió la diferencia entre ser oposición al PRI, como lo hizo cuando fue alcalde de Guadalajara, y se convirtió en un ferviente opositor al gobernante con mayor aprobación en el país. Estas acciones le generaron un fuerte reclamo de su electorado y tuvo que anunciar la posible cancelación de una de sus cacareadas propuestas de campaña: la ratificación de su mandato.

Después de la reunión entre Alfaro y López Obrador que se realizó el 14 de febrero en Palacio Nacional, las críticas del jalisciense comenzaron a diluirse. Uno de los acuerdos en dicha reunión fue la aprobación del presupuesto para finalizar la línea tres del tren ligero en Jalisco. El pacto entre ambos se evidenció hace unos días cuando Enrique Alfaro se deslindó del grupo político que abandera Javier Corral, quien ahora pretende ser un contrapeso a López Obrador. El gesto de Alfaro no sólo dejó en ridículo a quienes se asumen como contrapeso, también fortalece a su grupo y refuerza el lazo con el tabasqueño.

Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional. Foto: Especial

En el corto o mediano plazo no se observa que la oposición partidista logre aglutinarse como contrapeso. No tienen programa político, no impulsan agenda, no están renovando a sus cuadros y segmentos importantes de su militancia están acercándose al gobierno. ¿Ese ochenta por ciento de aprobación sólo es de morenistas?

Oposición abajofirmante

Se conforma por personas provenientes de distintas organizaciones de la sociedad civil, del periodismo y la intelectualidad. Su capacidad para movilizar a la población es casi nula, pero su presencia mediática tiene un mayor alcance. Aunque la caballada está flaca dicha oposición tiene rostros. Los nombres o apellidos más visibles son Enrique Krauze, Denisse Dresser, Juan Pardinas, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Rubén Aguilar, Jesús Silva-Herzog, Claudio X. González, Guillermo Sheridan y Enrique Cárdenas.

Desde la derecha estos personajes intentan construir un relato ideológico alterno al discurso de López Obrador: un atajo informativo entre el universo político y el electorado conservador. En ese sentido, sus posicionamientos pretenden ser un paraguas que repele la lluvia de la narrativa obradorista. Buscan enmarcar las acciones de la oposición partidista con sus planteamientos.

Sin embargo, su brújula perdió el norte. Sus lecturas sobre el actual momento político han sido sistemáticamente erróneas. Por ejemplo, en distintos momentos han dicho que el país está polarizado, que el proyecto obradorista es marxista, castrochavista o neosoviético. Se enganchan a la menor provocación. Son los principales consumidores de las mañaneras y al mismo tiempo exigen su cancelación. Niegan cualquier responsabilidad en el debacle del conservadurismo. Su soberbia les impide entender cómo se construye la aprobación de Andrés Manuel o por qué se convirtió en un fenómeno político.

Muchos de estos personajes existen gracias a sus apellidos, a los millonarios contratos que obtuvieron con las administraciones pasadas o porque sus voces eran cómodas para el anterior régimen. Muchos de sus libros son un amasijo de lugares comunes. ¿Alguien recuerda alguna de sus grandes ideas? Sus herramientas analíticas servían para legitimar pero no funcionan para entender el actual contexto político.

Esta oposición, adicta a firmar desplegados, está en una situación más penosa que la oposición partidista de derecha. Al menos esta última tiene una base social, tiene votos, que aunque sean pocos, existen. En cambio, la oposición abajofirmante en el mejor de los casos únicamente cuenta con likes o retuits. Mientras no hagan un ejercicio de autocrítica y renueven sus ideas seguirán hablando de un México inexistente. Seguirán siendo los agoreros del caos.

Denise Dresser. Foto: Especial

Oposición contestataria

Esta oposición tiene poca incidencia en medios masivos de comunicación pero una gran capacidad de movilización. Se articulan mediante demandas específicas, procesos identitarios y construyen marcos de significado comunes. Aunque la mayoría de estos grupos se sitúan desde la izquierda ideológica se distinguen de la izquierda partidista e institucional. Esta oposición se puede ejemplificar con los grupos que salieron a protestar por el asesinato del líder social Samir Flores o con los grupos vinculados al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Actúan de manera colectiva. Para el sociólogo Sidney Tarrow (1997), la acción colectiva se convierte en contenciosa cuando “es utilizada por gente que carece de acceso regular a las instituciones, que actúan en nombre de reivindicaciones nuevas o no aceptadas y que se conduce de un modo que se constituye una amenaza fundamental para otros”.

Se oponen a las elites, al orden establecido provenga de donde provenga. Esta oposición difícilmente podrá dialogar con López Obrador porque la mayoría de sus reivindicaciones entran en conflicto con el modelo de desarrollo del actual gobierno.

No obstante, la oposición contestataria también es heterogénea. Se nutre de distintos grupos e intereses políticos. Entre toda la gama podemos encontrar a zapatistas, anarquistas, feministas, estudiantes y normalistas.

Algunos de los integrantes de estos grupos votaron por Andrés Manuel, concediéndole el beneficio de la duda, otros simplemente no confían en la democracia procedimental. Se pueden reunir para manifestarse en contra de la termoeléctrica en Morelos, la construcción del Tren Maya o tal vez aplaudan el incremento al salario mínimo o la estrategia contra el robo de combustible.

La cercanía o distancia que pueda tener López Obrador con esta oposición estará mediada por sus discursos y sus acciones. El actual gobierno debe extender la mano y evitar las descalificaciones pues la capacidad de movilización de estos grupos es real y su indignación puede derivar en una bola de nieve.

Sin embargo, es importante distinguir entre los intereses políticos que hay detrás de algunos de los grupos que integran esta oposición. No para descalificarlos o estigmatizarlos, sino para entenderlos.

En estos momentos no se percibe el ascenso y fortalecimiento de la oposición contestataria. Al contrario, la mayoría de la población podría rechazar y deslegitimar las acciones de estos grupos si se radicalizan. Tal y como ha sucedido cada vez que el Sub Marcos dirige su pluma hacia López Obrador. La disputa por el sentido común se inclina a favor del actual gobierno, pero sería un error no escucharlos.

Oposición orgánica

Esta oposición no existe. Sin embargo, es relevante analizarla porque puede surgir a partir del desgaste natural del actual gobierno o de los resquicios donde no llegue el manto gubernamental. Por ejemplo se puede nutrir de aquellas personas afectadas por el recorte a las estancias infantiles, de quienes se beneficiaban del robo de gasolina, de los afectados por los despidos en el sector público o por aquellas personas que no se sientan representadas por el proyecto de López Obrador ni por los anteriores tipos de oposiciones.

Protesta afuera de Palacio Nacional en contra del retiro del subsidio a las estancias infantiles. Foto: Especial

Mientras no se agrupe, esta oposición será la más débil. Es posible que la oposición orgánica únicamente se sitúe alrededor de acciones específicas. Es decir, que se opongan a una determinada acción gubernamental pero que en general simpaticen con el gobierno. Una especie de simpatía crítica que estará cercana a la cuarta transformación sólo si el gobierno cumple sus promesas.

Oposiciones débiles y fragmentadas

El gobierno de López Obrador no tiene de qué preocuparse. Su aceptación va en ascenso gracias a sus acciones y a la coherencia con su discurso. La mayoría de la población lo respalda. Ni siquiera con binoculares se vislumbra alguna agrupación o tipo de oposición que sea un contrapeso.

Tampoco hay un elefante blanco que nadie esté viendo ni las condiciones sociales, políticas o económicas para desestabilizar al actual gobierno. Siempre y cuando no se cometan errores al interior. Siempre y cuando haya disciplina crítica.

La tipología de la oposición es relevante porque permite distinguir y matizar. Las oposiciones no son ni representan lo mismo. Es importante que eso lo entienda el Presidente porque hay algunas oposiciones a las que se les tiene que extender la mano y otras a las que hay que confrontar políticamente.