Este fue el Grito de quienes hace 14 años se movilizaron para que no desaforaran a Andrés Manuel López Obrador; de quienes, hace 13, votaron por un cambio que les fue arrebato por un fraude vil; de quienes, hace esa misma cantidad de tiempo, hicieron un plantón ahí mismo, en esa plancha del zócalo, porque estaban luchando por la democracia y el respeto al voto popular.

Fue el Grito de quienes impidieron la privatización del petróleo que quería hacer Felipe Calderón; el Grito de quienes se organizaron para que no llegara Enrique Peña Nieto a la Presidencia porque sabían que sería un caos como en realidad lo fue.

Este Grito fue el de quienes, hace siete años, protestaron contra la imposición del “nuevo PRI” por los grupos más perversos que hay en el país; fue el Grito de quienes se juntaron y decidieron que ahora sí no ganarían los ladrones y los cínicos y no ganaron ni con fraudes ni con todo el dinero del mundo ni con toda su vileza.

Fue el Grito de las miles de personas que salieron a las calles a convencer a más gente de que el país ya no podía más y que era necesario un cambio y ese cambio era Andrés Manuel López Obrador. Fue el grito de quienes casa por casa repartieron el periódico Regeneración, y lo hacían con una sonrisa y una fe en que eso serviría (como en realidad sirvió) para convencer a la gente de que Andrés Manuel no era un ogro ni un come-niños ni un peligro para México.

Fue sí, el Grito de todos los mexicanos, pero más fue el Grito de esos miles que nunca perdieron la esperanza, que nunca desconfiaron de la entereza y la capacidad de quien ayer, desde el balcón presidencial, gritó con una fuerza enorme “viva México”.

Ceremonia del Grito de Independencia.

II

No hubo arcos detectores de metales. No hubo el policía o el militar que, con cara de mirar a un delincuente, te decía: “saque todas las cosas de su mochila que vamos a revisar si no trae una cartulina que diga cosas malas en contra el señor presidente”. No existió esa “seguridad” que hubo en los pasados 12 o 13 o 15 años porque no se necesitó, porque quien acudió ayer al zócalo lo hizo con convicción y alegremente, para celebrar al país.

Hay cuestiones que no comprendo: según una encuesta de El Financiero, la población menos nacionalista del país es la que habita en la Ciudad de México. Al menos ayer, en el zócalo de la capital del país, eso no se notó. No se notó nadita.

A comparación de las celebraciones del Grito en otras entidades, aquí, en la Ciudad de México, la gente se lo toma en serio: vestidos mexicanos, banderas, pelucas del Cura Hidalgo, pelucas (incluidas las “punk”, que me dieron ganas de comprar y no compré) con los colores de la bandera mexicana, trompetas, “Viva México” a cada rato, y decenas de puestos de venta con miles de elotes gigantes.

¿De verdad los de la Ciudad de México son los menos nacionalistas del país? Ayer, el Grito en el zócalo evidenció que esa encuesta de El Financiero o es falsa o tiene serios problemas metodológicos.

III

Desde hace varios años, el 15 de septiembre la gente asistía al zócalo a celebrar la Independencia de México y a decirle al presidente en turno o que era ilegítimo y un pelele y un espurio y un asesino, o que era un impuesto por unos cuantos grupos de poder y un corrupto y un cínico.

Hoy todo fue distinto.

Nunca, que yo recuerde, hubo un Grito de Independencia donde la gente, además de gritar “viva México” y de sentirse profundamente nacionalista, le gritara “vivas” al Presidente. Y coreara su nombre. Y lo apoyara. Y le dijera con su energía “vamos fuerte que hay que cambiar al país de raíz”.

¿Cuándo a Vicente Fox o a Felipe Calderón o a Enrique Peña Nieto, desde la plancha del zócalo, las personas ahí reunidas les gritaron “Presidente, Presidente, Presidente”? ¿Cuándo les dijeron, con una sinceridad brutal, “es un honor estar con usted”? ¿Cuándo celebraron su presencia con un “sí se pudo, sí se pudo”?

No nos engañemos: el Grito de ayer fue un Grito especial porque fue el primer grito en que la gente celebró la Independencia de México y celebró sentirse orgullosa del Presidente que tiene.

Eso no había pasado. Y se siente lindo que pase. De verdad que sí.

IV

Estar en el zócalo parado más de cinco horas cansa los pies. Pero hay que estar cerca del Palacio Nacional. Para ver bien. Primero hay que elegir el mejor lugar. Muy cerca no, porque aunque se tendría más proximidad a Andrés Manuel, la verdad es que hay pocos espacios para verlo sin que unas estructuras de metal (usadas para luces y espacios de prensa y de camarógrafos) impidan la vista plena.

Mejor alejarse un poco, y encontrar un lugar donde se vea bien, pero que no sea tan cerca. Ya encontrado el lugar, a esperar. Cinco horas. Pero hay gente que tiene más. Seis. Siete. Los pies duelen, y más porque los años ya no son los de plantón de 2006, o los de la presidencia legítima, o los del desafuero. Ahora ya se siente que el cuerpo no es tan nuevo. Ahora ya uno no es joven.

No llovió, y eso es una ventaja enorme.

Hay quienes deciden sentarse en la plancha del zócalo mientras comienza todo. Y eso hace que el tránsito, para los que buscan ir “lo más adelante posible”, sea complicado, porque esos que quieren ir lo más cerca posible del balcón piensan “mira, por acá hay espacios”, y el espacio está tapado por la gente sentada y entonces los que quieren pasar se quedan con cara de “¿y ahora cómo le hago?”.

Las actividades culturales en el zócalo, donde todas las entidades de la República ofrecen unos minutos de sus bailables más representativos, pueden ser divertidas, pero también, después de tanto tiempo de pie, resultan cansadas. Uno espera que se acaben pronto porque eso significa que el Grito ya estará comenzando. Pero el tiempo, cuando uno está de pie, pasa lentamente.

Festival cultural 15 de septiembre de 2019.

Cinco horas parado.

Uno cuenta los estados que han pasado en eso de sus bailables, y dice: “ya faltan menos”. Así le hacen unas señoras que están al lado mío: “ya pasó Jalisco y Nuevo León y muchos, pero faltan, Morelos, Guanajuato, Baja California….”

Guanajuato es el último, y cuando comienza, ya nadie está al tanto del escenario donde sucede el festival cultural. Y es que ya un señor ha salido a acomodar el atril donde en unos minutos AMLO estará dando su primer Grito como Presidente.

Es en ese momento que comienzan con más fuerza los gritos “Presidente, Presidente, Presidente”.

Quizás “Guanajuato tenga bien merecido que ya nadie los tome en cuenta, porque, mira que ser el único estado donde no ganó Andrés Manuel” eso dice una chica que está a un costado mío. No les puede perdonar a los guanajuatenses ser tan anti-AMLO.

Volteo y veo a lo lejos una máscara de Miguel Hidalgo y Costilla y al lado, como cinco de Andrés Manuel López Obrador.

Esto es bien interesante: desde ya, el Presidente que tenemos es un héroe y el pueblo lo reconoce como tal. Y esto indica que la gente tiene conciencia que estamos viviendo un proceso histórico importante, y que lo que se logró (ganarle la presidencia a quienes siempre hicieron fraudes y todo lo posible para mantener el poder) es algo importante, que marcará de forma radical la historia del país.

Por eso, cuando sale Andrés Manuel al balcón, un chico de unos veinte años con el pelo largo, suelto y extremadamente chino, grita emocionado y casi llorando con una voz que tiembla y que le sale de lo más hondo de la sinceridad: “ahí viene, no mames, ahí viene”.

Por eso la gente, cuando AMLO sale, en lugar de gritar “espurio” y “asesino” (como le gritaron a Felipe Calderón los seis años en que dio el grito) o hacer una rechifla enorme (como se hizo los seis años que Enrique Peña Nieto dio el grito), le dice eufórica “Presidente, Presidente”, y el clásico, el inolvidable, el ya histórico “es un honor estar con Obrador, es un honor estar con Obrador”.

Eso no pasaba. No había pasado.

Y a uno se le pone la piel chinita cuando miles de voces del zócalo dicen “sí se pudo, sí se pudo, sí se pudo”.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, en la Ceremonia del Grito de Independencia.

Miles de teléfonos celulares captan el momento en que AMLO comienza a decir sus vivas. Y son muchas. Y muy significativas. El Presidente más historiador que ha tenido este país, repasa a los héroes de la patria y a las aspiraciones de justicia de un pueblo entero:

“Mexicanas, mexicanos: Viva la Independencia, viva Miguel Hidalgo y Costilla, viva José María Morelos y Pavón, viva Josefa Ortiz de Domínguez, viva Ignacio Allende, viva Leona Vicario, vivan las madres y los padres de nuestra Patria, vivan los héroes anónimos, viva el heroico pueblo de México, vivan las comunidades indígenas, viva la libertad, viva la justicia, viva la democracia, viva nuestra soberanía, viva la fraternidad universal, viva la paz, viva la grandeza cultural de México, viva México, viva México, viva México”.

Para este momento, cuando AMLO está sonando las campanas, el pueblo, que está abajo del balcón presidencial, ha estallado en júbilo que concentra no solamente el sentimiento profundo de ser mexicano e independiente, sino el júbilo de sentir que ganó una batalla, que por fin logró hacer lo que no había hecho durante años: rescatar al país.

Por eso, el sentimiento es múltiple, es muchas luchas concentradas: la lucha histórica de los héroes de la patria, y también la lucha de los que hoy habitan esa patria, de todos los que hicieron posible que la esperanza nunca se terminara, y que lograron que AMLO, el líder de mil batallas, esté ahí, en ese balcón, siendo el Presidente y celebrando la independencia que sí, celebra independencia, pero que también celebra la lucha de millones.

Este grito es distinto. Completamente distinto.

Y la gente lo sabe. Y eso es hermoso.

V

El himno nacional. Y después, un espacio donde no se sabe qué sucederá. Me llega la duda: ¿Y qué no habrá luces pirotécnicas? Me entra la idea: ¿es acaso la austeridad? ¿De verdad? Sería coincidente con lo que sucedió allá arriba, en Palacio Nacional. Nada de boato. Nada de la saludadera y el besamanos. Nada de los vestidos carísimos y las joyas de esas que valen lo que valen cientos de casas de trabajadores mexicanos.

La austeridad. El grito directo.

Un grito completamente distinto.

Pero, ¿no habrá fuego artificiales? Yo no reclamaría. Pero, ¿no habrá fuegos artificiales?

Y de repente salen del atrio de la catedral los primeros. Y entonces el cielo se comienza a llenar de color fuego y color patria. Y el Presidente, con sólo su esposa, mira lo que miramos millones: esos fuegos artificiales que parecen danzar junto a la orquesta que toca en ese momento el huapango de Moncayo. Y todo en el zócalo es lindo porque este momento que está pasando, para los que lucharon durante años, parece un sueño.

Porque a pesar de que la esperanza nunca se cayó, hubo momentos de flaqueza, de pensar que jamás se ganaría, de pensar que ellos, los que han dejado al país en una tragedia, siempre serían los que mandaran.

Y por eso, este zócalo lleno de energía y esas luces enormes en el cielo, esa música y ese presidente en el balcón por el que se luchó tanto, representan y es el resumen simbólico de miles de mexicanos que dieron tanto porque su patria, que es la patria de todos, dejara de ser el negocio de unos cuantos y volviera a ser la nación de todos. El país de todos. El “viva México” que nos engloba a todos.

VI

Este Grito es tan importante para unos como lo fue el 1 de diciembre, cuando AMLO, en un zócalo también lleno, comenzó a ser el Presidente de un país donde unos cuantos se lo habían impedido (por las malas) en dos ocasiones.

Es entonces que suena la canción que fue himno para los que durante años fuimos la resistencia: La Paloma. Pero una Paloma con una letra distinta, actualizada, una letra que es, sin duda, una ruta a seguir:

Paloma vuelve contenta al nido

nunca debiste de haberte ido

Paloma canta junto a la orquesta

que todo México está de fiesta

Cantando ahuyenta de aquí los males

y a tantos buitres neoliberales

Ay palomita, no tengas miedo

vuelve a Oaxaca junto a Toledo

En nuestras manos está el futuro

haremos puentes no haremos muros

Paloma vuela por todo el mapa

se hará justicia en Ayotzinapa

Somos el águila y la serpiente

el cambio lo hace toda la gente

Es nuestro sueño y con nuestras manos

lo construiremos los mexicanos.

Y así, con esa voz de Eugenia León cantando esta Paloma tan de triunfo y futuro, se termina uno de los días más bellos que ha tenido este país en épocas recientes.