Desde que se tiene registro, nunca había sido tan desigual la distribución del ingreso nacional de México entre el salario que reciben los trabajadores y las ganancias de las empresas.

De acuerdo con cifras oficiales, por cada 100 pesos que genera la actividad económica, sólo 26 van a parar a los trabajadores y el resto, 74 pesos, se va para rentas, dividendos e intereses.

Al respecto, la investigadora universitaria, Norma Samaniego, explica al diario La Jornada que el saldo de años de crisis económicas, periodos de elevada inflación, el cambio tecnológico y una “globalización del capital”, hicieron que en México el trabajador “perdiera el poder de negociación”.

En 2017, el total de salarios recibidos por los trabajadores mexicanos representó 26.2 por ciento del producto interno bruto (PIB).

El resto, 73.8 por ciento, correspondió a la remuneración del capital, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esta sería la distribución más desigual del último medio siglo. Por su parte, los mejores años fueron los de la mitad de la década de los 70, cuando los salarios representaban 40% del PIB y el resto correspondió a las ganancias del capital.

A finales de los años 80, los salarios de los trabajadores habían bajado su participación a 30 por ciento del PIB y, aunque en los 90 hubo una ligera recuperación, a partir de ahí la tendencia sólo ha ido a la baja.

“El trabajo asalariado constituye la fuente preponderante de ingresos para las familias mexicanas. Representa un canal crucial mediante el cual los ingresos derivados del crecimiento pueden ser distribuidos más ampliamente entre la población”, declaró Samaniego a La Jornada.

Además, mientras la participación del trabajo siga decayendo, “los logros macroeconómicos no se reflejarán en la mejoría del ingreso de las grandes mayorías de la población, que deriva sus ingresos precisamente del salario”.

El fraccionamiento Santa Fe en la Ciudad de México simboliza la separación entre ricos y pobres. Foto: Especial.

¿Cuáles son las causas?

La especialista apunta que pueden ser varios factores:

La tecnología ha suplido capital por trabajo en muchas partes; la globalización ha hecho que el capital se mueva más fácilmente que el trabajador; la “financiarización”, con la que gestores de las compañías ven más por el interés de los accionistas que por los de la propia empresa.

También menciona a “los factores que intervienen en una negociación salarial”: como el capital puede ir de un lugar a otro en muy poco tiempo, el trabajador se ve forzado a aceptar la imposición de condiciones salariales, “porque sino acepta el capital se va al país que tenga salarios más bajos”.

La política interna también tiene que ver. Ahora, indica la especialista, las instituciones hacen menos para proteger a los trabajadores y los salarios bajos se asumieron como factor para competir por inversiones con otros países.

“El país ha sufrido varias crisis económicas. El crecimiento ha sido lento en los últimos 40 años. Hubo, en los años 80 del siglo pasado, un periodo de inflación muy alta, de 160 por ciento anual”.

Hay que considerar también que nuestro país “entró a un sistema de globalización sin aprovechar las ventajas que eso pudo haber ofrecido”.

Para poder cerrar la brecha entre la participación de salarios y ganancias en el PIB, la experta sugiere trabajar en una política industrial definida, en la que se coordine la política industrial con la educativa. También alienta a dejar de ver los salarios bajos como una ventaja competitiva.