“El gobernador de Yucatán es muy amigo mío”, dijo la semana pasada el nuevo titular de la Secretaría de Salud, el priísta José Narro Robles, al entrevistarse con Virginia González Torres, directora del Centro Integral de Salud Mental (Cisame) adscrito a la dependencia que Enrique Peña Nieto acaba de poner manos del ex rector de la UNAM, un político de carrera pero sin títulos académicos para desempeñar su nueva función pública.

El breve diálogo entre Narro y González se dio a propósito de las pésimas condiciones en que se encuentran los pacientes crónicos del hospital psiquiátrico de Mérida: viven sin ventiladores ni aire acondicionado en dormitorios donde el termómetro marca la mayor parte del año temperaturas a veces cercanas, a veces superiores a los 40 grados centígrados.

Peor aun: pese a que en Yucatán ya está presente el mosquito aedes aegyptus, portador del dengue, del chukunguña y del zika, Jorge Sánchez Amézquita, secretario de Salud de aquella entidad, declaró el pasado martes: “el 90 por ciento de las personas que viven en el hospital no tienen aire acondicionado en su casa; entonces si el plan es acostumbrarlos para que regresen a su domicilio, pues no es tan necesario lo del aire acondicionado”.

En una entrevista radiofónica prepagada, para que la conductora Wendy Aguayo de Notirasa hiciera preguntas a modo, poniendo en boca de Virginia cosas que ella no ha dicho –“la señora dice que algunas facturas [del presupuesto de salud ejercido el año año pasado] no cuadran”– para que Sánchez Amézquita la calumniara –“los gastos de 2015 se van a revisar en 2016, no sé de dónde sacó esta señora eso”–, el doctor Sánchez Amézquita reveló que del Modelo Hidalgo, que él mismo aplica en el psiquiátrico de Mérida, no sabe ni de qué se trata.

Los pacientes crónicos –muchos llevan tras las rejas diez o quince años– no fueron internados “para que se acostumbren”, como rebuznó Sánchez Amézquita. Están ahí porque, en el 75 por ciento de los casos, sus familias los abandonaron; en los demás no pueden acogerlos bajo el techo hogareño por múltiples razones: no son médicos, no están capacitados para manejarlos, no entienden su enfermedad.

Así que no se trata de “que se acostumbren” sino de que se rehabiliten, que sean tratados en primer lugar como seres humanos, no como chatarra; que reciban medicamentos de última generación para que no vivan vegetando; que vivan en departamentos para 12 personas donde convivan de tres en tres en cada recámara, sean capaces de bañarse y de cocinar, a la vez que aprendan oficios artesanales para tener un ingreso.

Sánchez Amézquita arrastra sospechas de que utiliza el psiquiátrico de Mérida como laboratorio para que, a través de los médicos de planta, las farmacéuticas realicen experimentos en los pacientes a cambio de importantes pero clandestinas retribuciones económicas. Hasta octubre del año pasado, por ejemplo, permitió que los psiquiatras del nosocomio violaran la Norma Oficial Mexicana en materia de salud mental, al aplicar hasta cinco sesiones de electrochoques por semana, en seres humanos indefensos que fueron sometidos a esta tortura porque presentaban “errores de conducta” como por ejemplo no quererse bañar.

Durante la citada entrevista con Wendy Aguayo, el secretario de Salud del gobernador priísta Rolando Zapata Bello –el “muy amigo” de Narro– reconoció que en 2015 el Cisame que dirige Virginia González Torres le dio un presupuesto de 7 millones 500 mil pesos para que mejorara las condiciones de vida de los usuarios.

Sin embargo, pese a las indicaciones del Cisame, no sólo no colocó el aire acondicionado (salvo en la oficina de la directora y de la administradora del hospital) sino tampoco puso moquisteros como medida preventiva para evitar el dengue, el chukunguña y ahora el zika.

Al final del año pasado, se supo que Sánchez Amézquita no ejerció dos millones y medio de pesos, alegando que “la señora Virginia no nos dio lineamientos para usarlos, y no quisimos arriesgarnos a cometer delito si los aplicábamos en forma incorrecta”.

Ante los continuos reclamos del Cisame, para que el psiquiátrico de Mérida deje de estar en la lista de los 10 peores manicomios públicos del país, Sánchez Amézquita recibió el espaldarazo del gobernador Zapata Bello, mientras el “muy amigo” de Narro dedica su tiempo (¿libre?) a incursionar como empresario privado en el negocio del frío.

No es broma. El propietario de una fábrica de hielo situada en el periférico de Mérida se reunió, en días pasados, con el secretario de Gobierno de Yucatán, Roberto Rodríguez Asaf, quien le dijo que Rolin (apodo que desde niño ha tenido Rolando Zapata Bello) “está muy interesado en poner un fabricón (sic) de hielo”.

¿Rolando Zapata Bello, gobernador de Yucatán, se convertirá en "El señor de los hielos"?

¿Rolando Zapata Bello, gobernador de Yucatán, se convertirá en “El señor de los hielos”?

Rodríguez Asaf, con la viz cómica que lo caracteriza, bromeó con el dueño de la fábrica al saber que éste desea venderla en 20 millones de pesos, pero luego de los chistes le ofreció 8. Una fuente de toda confianza relató a esta columna que, en otra gestión “a nombre del Rolin” quiso comprar dos máquinas productoras de hielo, que tienen un precio de 85 mil dólares cada una (más o menos un millón y medio de pesos al cambio actual), pagando en números redondos un total de dos millones de pesos por las dos.

¿Qué hizo y cómo jineteó el doctor Sánchez Amézquita los 2 millones y medio de pesos que no ejerció en el psiquiátrico de Yucatán antes de devolvérselos al fisco? ¿Los metió al banco a generar intereses para ayudar a Rólin a convertirse en gobernador hielero? ¿En qué se diferencian la corrupción de Javier Duarte, el de Veracruz, Beto Borge, el de Quintana Roo, y Rolando Zapata, el de Yucatán?

Duarte y Borge ya van de salida, Zapata Bello acaba de inciar la segunda parte de su sexenio. Ya se consolidó en el poder, ya tiene tiempo para soñar con su propio “fabricón” y quién sabe cuántos otros negocios ilícitos. Si la sociedad civil yucateca y las organizaciones políticas no le marcan el alto ahora, quién quita y dentro de tres años, luego de saquear las finanzas públicas, cuando Rolin salga del gobierno la gente se quite el sombrero con temor y lo llame El Señor de los Hielos.