No se han dado cuenta que el país cambió. No ha comprendido que la gente quiere ser parte de esta nación no como simple observadora, sino como participante.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo, convocó a una consulta para saber qué piensa la gente del nuevo aeropuerto. Se montaron mesas receptoras de votación en todo el país. La gente, con solamente su credencial de elector, acudió a sufragar.

Este ejercicio, enormemente democrático, fue criticado de forma brutal por medios de comunicación y por la oposición a Morena. Lo ridiculizaron. Lo agredieron. Lo minusvaloraron.

Se escuchó de todo: que no tenía validez, que cómo era posible que la gente decidiera sobre “cuestiones técnicas”, que no tenía representatividad, que la instalación de las mesas receptoras de votación era irregular, que se podía votar varias veces, que no estaba bien organizada, que no era una elección ejemplar, que hubo fraude, que la decisión ya estaba tomada, que cómo era posible que se hiciera este “show”, que AMLO perdería con este acto ridículo todas sus bases, que preguntarle a la gente no es democracia, y un largo, larguísimo etcétera.

Estas reacciones, especialmente en medios y en la oposición, contrastó con la respuesta de la gente. Sí, la respuesta de la gente.

En todo el país hubo personas que votaron, que fueron a las mesas y emitieron su sufragio, que se preocuparon por tomarse unos minutos de su día para participar.

Gente simpatizante con Morena, gente no simpatizante con Morena, gente que quiere que se continúe el aeropuerto de Texcoco, gente que no lo quiere, gente que nunca ha viajado en avión y gente que viaja en avión cada semana. Según datos preliminares más de un millón de mexicanos votaron.

Si tomamos en cuanta que es la primera consulta, y que no es una elección para elegir a un presidente o gobernador o alcalde o diputado, la votación fue copiosa. 

Pero estas ganas de participar no las entienden los críticos de la consulta. Piensan que la votación es una argucia de un grupo político. No conciben que la consulta se transformó en ímpetu de la gente por ser tomada en cuenta.

En realidad, quienes critican la consulta, no por sus fallas (entendibles) sino por su existencia, están criticando el derecho que tiene la gente de expresarse y ser tomada en cuenta.

Y eso evidencia que esos críticos de la consulta no han entendido lo sucedido el 1 de julio: no comprenden que este país está comenzando a cambiar, y que la gente quiere ser parte de la construcción del proyecto de nación, que la gente quiera tener esa voz que tantos años le ha sido negada.

No lo entienden, y parece ser que no lo quieren entender.

Allá ellos.