Por: Luis Rivera Márquez (@solicroo)

“Por un momento, no lo niego, se me pasó por la cabeza la idea de una acción terrorista, vi a los real visceralistas preparando el secuestro de Octavio Paz, los vi asaltando su casa (pobre Marie-José, qué desastre de porcelanas rotas), los vi saliendo con Octavio Paz amordazado, atado de pies y manos y llevado en volandas o como una alfombra, incluso los vi perdiéndose por los arrabales de Netzahualcóyotl en un destartalado Cadillac negro con Octavio Paz dando botes en el maletero, pero pronto me repuse, debían de ser los nervios, las rachas de viento que a veces recorren Insurgentes (estábamos hablando en la acera) y que suelen inocular en los peatones y en los automovilistas las ideas más descabelladas. Así que volví a rechazar su invitación y él volvió a insistir. Lo que te voy a contar, dijo, va a remover los cimientos de la poesía mexicana, tal vez dijera latinoamericana, no, mundial no, digamos que en su desvarío se mantenía en los límites del español. Aquello que me quería contar iba a trastornar la poesía en lengua española”.

El párrafo anterior puede leerse en Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño (Anagrama, 1998), una novela autiobiográfica, que relata las andanzas de un grupo de jóvenes poetas de los años setenta, inmersos en los ambientes literarios y urbanos de la ciudad de México y de gran parte del mundo, la cual tiene como protagonistas a dos jóvenes disidentes de la literatura oficialista mexicana: Ulises Lima (Alter ego de Mario Santiago Papasquiaro), nacido en el barrio de Mixcoac, y Arturo Belano (Roberto Bolaño), chileno, quien vivió en México durante mucho tiempo después de haber logrado escapar de la dictadura de Pinochet.

El escritor y poeta mexicano Octavio Paz.

El escritor y poeta mexicano Octavio Paz.

Durante todo el libro, Octavio Paz, quien también nació en el barrio de Mixcoac, ícono del canon mexicano de las letras, representante de la cultura oficial y emblema del filtro de control y publicación de nuevos talentos, (debido al poder y al tráfico de influencias en editoriales, premios y revistas literarias), es la antítesis y el enemigo número uno de estos muchachos, por lo cual es objeto de burlas constantes a lo largo de la trama. La idea del secuestro del Premio Nobel de Literatura fue cierta, también autobiográfica.

Pero, ¿Quién querría hacerle algo así a Octavio Paz? El autor intelectual de esta osadía fue Mario Santiago, secundado por Bolaño; ambos pensaban que el secuestro podría consumarse realmente para manifestar su repudio hacia el sistema, apoyados por una pandilla de jóvenes poetas engendrados en las tripas del subsuelo capitalino. Esta tropa de muchachos harapientos, mugrosos, sin más educación que la de las calles de la gran ciudad, incómodos e indeseables para los consagrados representantes formales y estudiosos de la literatura mexicana. Los salvajes. Los que crecieron como una plaga o un moho que manchaba el nombre de las letras mexicanas.

Hablo de Los Infrarrealistas, fundadores de un movimiento poético espontáneo, enraizado al estridentismo de Manuel Maples Arce de los años treinta e inspirado en el movimiento beatnik de Kerouac, Ginsberg y Burroughs, además del mouvement electrique en Francia de Michel Bulteau y Matthieu Messagier, y a la par del movimiento peruano Hora Zero de Enrique Verástegui y Jorge Pimentel, entre otros.

El escritor Roberto Bolaño.

El escritor Roberto Bolaño.

Movimiento marginado, denigrado por los literatos academicistas y elitistas que en ese momento decidían quién y qué literatura era digna de ser publicada. Elegían bajo presuntuosos y dudosos estándares de calidad poética quién era buen poeta y quién no, y apartaban de sus nichos snobs a quienes no concordaban con ese refinamiento adornado de palabrería que emulaba a la literatura de Borges sin lograr alcanzarla.

Los Infras, quienes fueron apadrinados y arropados por Efraín Huerta (Infraín Huerta, como ellos lo llamaban), y por José Revueltas, los valientes maestros que representaban la oposición a la cultura oficial y daban voz y confiaban en la literatura de estos locos muchachos. Los que nacieron por reproducción espontánea como bacterias nocivas. Que asistían a los talleres, conferencias y coloquios de las escuelas literarias oficialistas con el fin de boicotear cualquier acto que se les antojaba, por el simple hecho de la irreverencia y la diversión juvenil en ese universo tan formal y rígido que era la literatura mexicana.

Entre aquellos poetas real-visceralistas, Bolaño y José Alfredo Zendejas, autodenominado Mario Santiago Papasquiaro, (en honor al pueblo en que nació José Revueltas y por el hecho de afirmar que José Alfredo sólo había uno), fungían como los cabecillas de esa tropa literaria que osaba reventar y bifurcar el camino de las letras en México, hecho que lograrían 30 años después, cuando ya los dos estuvieran muertos, en parte, gracias a la novela autobiográfica que Bolaño escribiría inspirado en aquella época y gracias a la calidad imperfecta de su estilo y a un gran legado de poemas que los dos dejarían para las futuras generaciones del subsuelo de la ciudad de México en el siglo XXI.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, flamante estrella de Televisa y embajador de México en la India durante el período presidencial del asesino Gustavo Díaz Ordaz, siempre trató de desconocer el movimiento infrarrealista, hacerlo de menos, destruirlo. Sin embargo Paz sabía muy bien quiénes eran y cómo escribían. Sabía que estuvo en su mira.

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Lo cierto de todo este plan de secuestro es que Mario Santiago quiso dar un golpe real al sistema de control en la cultura, para ridiculizar a la deidad que representaba Paz. En el capítulo 24 de la novela de Bolaño, años después de la idea del secuestro, Paz y Papasquiaro, nacidos en el mismo barrio, se encuentran en el Parque Hundido, y sólo se miran a los ojos durante largo tiempo de forma pensativa y alerta. Al final, días después, un Paz intranquilo solicita a su secretaria un archivo acerca de unos muchachos de los años setenta, (tal vez poetas), que planearon secuestrarlo.

En 1999, en una entrevista hecha en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile, Bolaño dice acerca de Paz:

—Nosotros detestábamos a Octavio Paz, pero Octavio Paz es un gran poeta, y es uno de los ensayistas más lúcidos de nuestra lengua. Octavio Paz es un poeta que escribió mucha poesía, pero la poesía de su edad adulta es en ocasiones hasta infame. Tiene grandes grandes poemas, grandes, grandes poemas. Es uno de los primeros poetas en abrirse al erotismo, por ejemplo, al erotismo más descarnado, y además es un hombre muy valiente.

De haberse consumado el secuestro, quizás el destino de Mario Santiago Papasquiaro no hubiera sido morir atropellado bajo los efectos de quién sabe que droga. Quizás se habría encontrado en una cárcel mexicana, vanagloriado con la leyenda universal de haber secuestrado a un gran poeta a manera de venganza, por amor a la poesía.