Muchos se preguntarán ¿qué pasó con el tipo de cambio? ¿por qué después de una racha positiva donde transitamos por debajo de la brecha psicológica de los 19 pesos por unidad, ahora se dispara por encima de los 21 pesos? ¿Quiénes son los responsables? ¿Qué se puede hacer?

Lo primero que hay que señalar es que el tipo de cambio concentra la relación que guarda un país con respecto al sistema internacional. Después de la crisis del 2008 quedó de manifiesto el alto grado de entrelazamiento que existe entre los diferentes mercados, quienes en conjunto componen el llamado mercado mundial o economía global.

La tormenta financiera que atestiguamos desde este lunes tuvo impactos en las bolsas de los Estados Unidos (S&P 500, Dow Jones, Nasdaq) pero también en Japón (Nikkei), Hong Kong (Hang Seng Index), así como repercusiones en las bolsas de España, Italia, Brasil, por mencionar algunos, donde la mayoría recurrió a suspensiones de emergencia en sus transacciones debido a las fuertes caídas que registraron. México no fue la excepción.

El ambiente del mercado mundial había venido sufriendo una depresión especial desde la propagación del coronavirus. China, como epicentro de esta pandemia –sin contar los efectos mediáticos que profundizaron el pánico–, es la locomotora industrial del mundo, la desaceleración de su economía produjo una disminución en la demanda de energéticos, esto impacto, por supuesto, al petróleo.

Es necesario recordar que esta materia prima es fundamental para la operación del sistema capitalista como conjunto, lo que suceda en este mercado se convierte en un indicador de cómo se comportarán las tasas de ganancia de los distintos competidores mundiales y, por tanto, la cuota de mercado cuyo control buscan asegurar.

Tan importante es el precio de este energético que su movimiento es controlado por un cartel, la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) controlado por Arabia Saudita, quien frente a la disminución del petróleo post-coronavirus, ha propuesto reducir la producción (disminuir la oferta) para mantener el precio alto. Esto afecta a los demás países que necesitan cubrir sus necesidades nacionales por medio de la venta de esta preciada mercancía.

Logo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

Rusia, quien no es miembro de esta organización (pero que mantiene diálogo y acuerdos mediante un sistema de diálogo ampliado bajo lo que se conoce como el OPEP+), se negó a aceptar esta nueva reducción y como represalia el país árabe decidió disminuir sus precios y elevar su producción, generando una nueva guerra de precios donde Arabia Saudita busca arrebatar mercados a Rusia.

Esta guerra entre productores es el núcleo de la tormenta financiera que llega a nuestro mercado nacional.

Las guerras geopolíticas siempre generan mucha violencia económica para todos los participantes, incluso la propia empresa árabe, Aramco, ha mostrado un desempeño negativo en su cotización. Como siempre, los grandes productores mundiales de mercancías estratégicas están dispuestos a llevarse entre las patas a la población mundial con tal de no verse afectados en sus ganancias. Como puede observarse, Rusia y China, quienes componen el eje frontal frente a Estados Unidos se encuentran sometidos a este ataque económico.

En suma, este choque de productores de petróleo, bajo el contexto de los impactos del coronavirus explican la sacudida del precio del peso mexicano al alza. Esta vulnerabilidad exige que se acelere el proceso de transformación de nuestra economía para disminuir los grados de impacto de estas tormentas. La diversificación y uso eficiente y eficaz de recursos debe estar como puntos urgentes a alcanzar. México debe apresurar sus procesos de desarrollo para blindarse contra estas tormentas que ocurren en el núcleo de la competencia geopolítica. Esta será la agenda del siglo XXI.

El peso mexicano se había sostenido, hasta el 21 de febrero de 2020, bajo el límite psicológico de los 19 pesos, ya para el 28 del presente se había disparado aceleradamente hasta los 19.77 por dólar. Este 9 de marzo se ha disparado hasta los 21.11 unidades lo que significa la peor devaluación en 3 años. No obstante, esta numeralia no dice nada si no se investigan las causas profundas que no vienen de un solo país sino de la lucha geopolítica que se vive a escala global.

El primer antecedente inmediato es que, debido al coronavirus, China, la locomotora productiva del mundo tuvo una fuerte desaceleración que provocó impactos a la baja del precio del petróleo. Obviamente, esto afecta a los distintos productores, entre los que destacan Arabia Saudita y Rusia.

Las últimas semanas han dejado de manifiesto cómo la economía mundial se encuentra totalmente entrelazada, que lo que ocurre de un lado del mundo impacta de inmediato en todas las cadenas productivas, comerciales y financieras. El fenómeno económico se presenta en su escala global y esto sugiere que estos temas deben ser tratados con esta perspectiva.

Lo que estamos viviendo es una tormenta financiera que se desata bajo la ya golpeada crisis del coronavirus. China –epicentro de esta pandemia– es actualmente la locomotora que mantiene la demanda mundial, la reducción de su actividad ha encendido las alarmas pues no existe nación como el país asiático para impulsar la economía mundial. Estos cambios geopolíticos han producido que otros acuerdos históricos comiencen a sufrir modificaciones. El mercado mundial se está transformando.

Como el lector recordará, el petróleo es la materia prima principal para la producción capitalista, lo que suceda en este mercado tiene efectos inmediatos en las economías ancladas a este sistema, sobre todo considerando que los grandes productores suelen ponerse de acuerdo para fijar precios y niveles de producción. Este es el caso de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) quien ha entrado en una política de reducción de producción para mantener los precios altos (recuérdese que a menor oferta, el precio aumenta) pero esto que ha sido la propuesta de Arabia Saudita, ya es insostenible para Rusia.