¿Por qué la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, en lugar de descender, se ha incrementado sustancialmente en estos dos primeros meses de gobierno?

La mayor parte de los “analistas” en la prensa y bastantes académicos afirman que ejercer el poder “desgasta”. Es decir, que el uso diario de la capacidad de decidir en una administración pública afecta (la mayoría de las veces) negativamente a quien lo hace.

Por eso, expertos en marketing político y asesores (de esos que cobran millones y millones de pesos) recomiendan no “exponerse” tanto y con ello “no desgastarse”. Hay unos que hablan de dosificar los esfuerzos y “analizar” cuándo “salir a medios”, cuándo hacer propuestas y cuándo “atacar” a los adversarios. Esos expertos dan sus recomendaciones como si la política se tratara de un juego de ajedrez.

Estas recomendaciones de los “expertos” y concepciones sobre “ejercicio del poder” han llevado a prácticas casi homogéneas y a reglas seguidas a rajatabla por buena parte de los actores políticos en el país.

No salgas mucho a medios porque te desgastas.

No digas estas palabras porque te desgastas.

No vayas a muchos eventos públicos porque puede haber alguien que te diga “pendejo” y eso te desgasta.

AMLO en Tejupilco, Edomex, el 9 de febrero de 2019.

No vayas a muchas entrevistas porque, en una de esas, el conductor te hace una pregunta complicada y te desgastas.

No hables mucho cuando haya una cámara enfrente porque te equivocas y en las redes sociales te hacen un escándalo y te desgastas.

El desgaste es el gran miedo de prácticamente todos los funcionarios públicos. Les aterra.

Por un lado les encanta que su nombre salga en periódicos y que los “analistas” los escriban en sus artículos o los digan en cabinas de radio o estudios de televisión. Pero siempre en “positivo”, nunca en negativo. Les encanta brillar, pero eso sí: detestan el desgaste.

Esto es verdad para prácticamente todos quienes han participado como administradores públicos: los del PRI los del PAN los del PRD los del Verde los de Movimiento Ciudadanos…

Pero Andrés Manuel López Obrador no.

Ahí es donde está la esencia de la singularidad de su liderazgo y de ahí nace la incapacidad de “analistas”, académicos y políticos para comprender qué está sucediendo hoy. No comprenden por qué Andrés Manuel no se está desgastando. No lo alcanzan a entender. Les parece “extrañísimo” que alguien que todos los días está enfrente de la gente, no se desgaste, sino que se fortalezca.

Ningún político se arriesgaría a salir de lunes a viernes a las siete de la mañana a platicar una hora o una hora y media con reporteros que tengan completa libertad para cuestionar y preguntar. Nadie.

¿Por qué lo hace AMLO?

La cuestión está en eso, en la lógica del desgaste: López Obrador nunca la ha seguido, nunca la ha practicado. Si así hubiera sido, por ejemplo, nunca hubiera hecho una macha desde Tabasco a la Ciudad de México, nunca hubiera planteado un plantón, nunca una asamblea, nunca hubiera andado recorriendo pueblo por pueblo durante tantos años.

Detalle de mitin de AMLO, el 8 de febrero de 2019.

Andrés Manuel López Obrador ha sido siempre claro: el gobernante en México debe darlo todo para que el país mejore, para crear justicia, para que los pobres no sean pobres. Para que exista equidad.

La cuestión es que actuar con esa lógica (la de Andrés Manuel) no se logra siguiendo los designios del “no desgaste” que recomiendan los expertos en marketing político.

¿Se imaginan que AMLO se hubiera puesto a “analizar” si otorgar apoyos a adultos mayores le generaría “negativos”? ¿Se imaginan que AMLO hubiera hecho un sesudo análisis sobre cómo beneficiaría a su imagen un programa social, una decisión de gobierno, una declaración?

Cuando AMLO aún era presidente electo, los analistas estaban enloquecidos: ¿cómo es posible que tenga tantas actividades públicas, que diga tantas cosas, que salga tanto a la calle? ¿Cómo es posible que se “esté desgatando tanto”? Algunos argüían que AMLO llegaría a su primer día de gobierno completamente “desgastado”. Estuvieron rotundamente equivocados.

La cuestión es que estamos ante un mandatario que no piensa en “cuidarse del desgaste”, sino en acciones, y que tiene claro que el ejercicio del poder debe servir a la gente. Si desgasta o no, si es “bueno” para la imagen o no, importa nada: el poder se debe ejercer en beneficio de la gente, especialmente a la más humilde.

AMLO sabe que haciendo un buen trabajo pasará a la historia como un buen presidente. Un presidente al que se le extrañará. AMLO, pues, no piensa en el “desgaste” que es el futuro inmediato, sino que piensa en la historia, que es paradójicamente en este caso pensar en el futuro.

Y eso lo sabe bien. Pasar a la historia como un buen presidente se hace no pensando en el “desgaste”, sino en las acciones, en lo concreto, en mejorar las condiciones de vida de la gente.

AMLO en Tejupilco, Edomex, el 9 de febrero de 2019.

Por eso AMLO hoy tiene tanta aceptación. Y sus adversarios no saben qué hacer. Algunos analistas, tratando de esconder su incapacidad para comprender el por qué AMLO es tan popular, explican las altas cifras en las encuestas como el desenlace de las malas decisiones que la oposición está tomando. Con ello le restan mérito a lo que hace AMLO y todo se reduce a que los opositores han cometido errores.

Es absurdo, pero eso piensan.

La cuestión no es si los opositores hacen bien o mal las cosa, la cuestión está en AMLO, en lo que representa, en la lucha que desde las instituciones está haciendo para que este país sea mejor.

Mientras López Obrador mantenga las convicciones en un país más justo, y buenos resultados, es imbatible. Y seguirá “por las nubes” su popularidad, haga la oposición lo que sea.