Siempre he sido partidario de la despenalización del consumo de mariguana. Éste fue el tema central de mi campaña, cuando, en 1982, por primera y única vez fui candidato a diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México (recibí seis mil votos y quedé en tercer lugar).

En Los manicomios del poder (libro que pronto estará disponible de nuevo) conté que en 1979, a raíz de una entrevista con el entonces joven científico Julio Frenk, me casé con tres ideas: la penalización favorece la corrupción, la policía no protege mi salud, los daños que provoca la mariguana son tonterías comparados con los que causan el alcohol y el tabaco.

Desde que recuerdo, las personas que van a la cárcel por fumar mariguana la encuentran en abundancia dentro de los penales. Actualmente, en ciudades grandes, así como en puertos y fronteras del país, comprar mariguana es sencillísimo. La venden en todas partes. Ergo, las políticas públicas aplicadas para impedir su venta y consumo son ridículas, pero arruinan la vida de quienes no tienen dinero para sobornar al patrullero de la esquina y son condenados a largas sentencias.

Elemento del ejército en un plantío de mariguana.

Elemento del ejército en un plantío de mariguana.

Ninguna ley puede ser retroactiva. Si la despenalización del consumo y la siembra para fines recreativos es aprobada por la Suprema Corte, nadie que esté preso por haber utilizado la yerba con tales propósitos será beneficiado directamente, pero sus posibilidades de recobrar la libertad aumentarán de un modo o de otro.

Hasta donde entiendo, los promotores del razonamiento jurídico plantean: el consumidor tendrá pleno derecho de sembrar, cultivar y cosechar en su casa las matas de cannabis índica que requiera para satisfacer sus necesidades, pero no tendrá derecho de transportar la yerba en cantidades superiores a cinco gramos (como ya se permite) ni venderla con fines lucrativos.

Esto abriría la oportunidad de forjar cooperativas de consumidores, que trabajarían en tequio para garantizar el abasto del grupo, y para rolar (antes se decía rotar) las tierras dedicadas a la siembra (también la que contienen las macetas se cansa). En este sentido, la actividad generaría tejido social.

No olvidemos que en el pasado los más rígidos castigos recayeron sobre quienes en la Europa renacentista consumían papas, tomaté, café y otros productos del Nuevo Mundo. O que durante mucho tiempo la cocaína estuvo permitida –de hecho, fue la base del jarabe que levantó el imperio de la Coca-cola– o que en los estados de Alaska, Colorado y Washington el consumo de mariguana ya está legalizado, en tanto en 23 estados más es tolerado y visto sin dramatismo, por no hablar de los países en donde tiene fines terapéuticos (les da hambre y quita las náuses a quienes reciben tratamientos contra el cáncer) y curativos (una niña mexicana empezó a tomar anteayer un medicamento derivado de esta sustancia para que deje de sufris crisis de epilepsia cada veinte minutos).

Es humillante, por otra parte, que en la gran mayoría de las películas de Hollywood que se exhiben en México, veamos a los protagonistas fumar mariguana en nuestras narices. Si los moralistas fueran menos hipócritas, deberían prohibir esas películas.

El Universal publicó anteayer una entrevista con Arturo Escobar y Vega, el delincuente verde que dirigió la campaña de violaciones a todas las normas electorales dizque vigentes, y que ahora es subsecretario de Gobernación para la Prevención del Delito.

Arturo Escobar, en imagen de archivo.

Arturo Escobar, en imagen de archivo.

Pues bien, Escobar y Vega, además de ser asquerosamente corrupto, es un imbécil que jamás se ha puesto a pensar dos minutos en serio sobre la estructura económica del crimen organizado en materia de estupefacientes. “Con la despenalización de la mariguana, el Chapo Guzmán se convertiría en empresario”, declaró.

¿Y qué cosa creerá que son los cárteles? El Chapo Guzmán es tan empresario como Carlos Slim y puede que entre ambos se den el quién vive a la hora de no tocarse el corazón para sacar adelante sus negocios. Después de todo, El Chapo es el magnate de las drogas ilícitas, así como los dueños del Partido Verde son el cártel de las farmacias.

Durante el trienio pasado, los oportunistas del PRD se adueñaron de la bandera de la despenalización y, como en todo lo demás, terminaron dando asco: no ayudaron en absoluto a la causa. El país gasta miles de millones en armas, en soldados y en cárceles para “combatir” el tráfico, la venta y el consumo de drogas, pero los encargados de fingir que gobiernan se niegan a aceptar lo obvio: el problema de las drogas es, ante todo, una cuestión de salud y, desde luego, de educación.

¿De qué sirve la prohibición si todas las drogas se consiguen a la vuelta de la esquina? ¿A qué ayuda el derroche del armamentismo represivo, que no defensivo, como no seaa mantener en alto los precios de las drogas y favorecer el enriquecimiento de las “autoridades” que dizque velan por nuestra salud? Por el bien de todos, y sobre todo de los pobres, despenalicemos la mariguana ya. Pero no olvidemos a Tarik Alí: “una pipa al mes da gran placer, una cada día te vuelve idiota”.