La conquista popular del primero de julio del 2018 marcó un viraje no sólo en la política nacional sino en el rumbo y construcción de la nación. Existen grandes momentos fundacionales que significan el cambio de un periodo histórico a otro.

A lo largo de la historia de México podemos identificar ciertos periodos que son unidos por características particulares. Desde el porfiriato y la hegemonía priista hasta el viraje neoliberal. Así, la victoria del movimiento popular y nacional encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), nos sitúa en uno de esos cambios de época.

Este hito en la historia nacional no es producto de un golpe espontáneo, sino el cauce donde desembocó la larga historia de luchas sociales que nacieron durante la hegemonía priista y concluyeron con los sucesos recientes.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador con la gente del sur de México. Foto: Especial

Con el tiempo, se fueron conquistando espacios de poder. Pasamos de un partido hegemónico a una partidocracia, que, sin embargo, tenía una clara limitante: no tolerar que la izquierda llegara al poder. Por eso, la victoria de AMLO en 2018 no fue un mero triunfo electoral, sino una conquista popular.

La larga noche neoliberal dejó un saldo desolador. Hoy, la nación se encuentra fuertemente resquebrajada ante un México sumamente desigual y violento.

Las cifras de la violencia sólo son comparadas con la profunda desigualdad económica y social que existe entre los mexicanos. La tarea que ocupará a la presente administración federal no sólo será sanar al país de las heridas que hoy están más abiertas que nunca, también deberá aspirar a construir un proyecto de nación que marque el camino a seguir a lo largo de lo que queda del siglo XXI.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador. Foto: Especial

Sin duda, la tarea es de dimensiones descomunales; sin embargo, López Obrador y su gobierno no están solos, los acompaña un movimiento popular y nacional que tiene la capacidad de hacer frente a los grandes problemas nacionales.

Resulta complicado imaginar a estas alturas el futuro que le depara a México. No obstante, no me queda duda de que en los próximos años asistiremos a una serie de acontecimientos que delimitarán el rumbo de la nación. Ante esto, considero importante que asumamos como prioridad acompañar al presidente en la regeneración del país y al mismo tiempo imaginar el futuro colectivo que deseamos. La tarea que las circunstancias nos imponen es: pensar la nación.