En contra de la percepción generalizada —aunque falsa—, impuesta a través de los medios por Osorio Chong, al gobierno de Peña Nieto se le agotó el tiempo: se le agotó, prácticamente, todo. Todo menos el tiempo. Se le agotó, por ejemplo, la gobernabilidad en amplias regiones del territorio.

Se le agotó el discurso: la reforma energética privatizó Pemex, agudizó la deuda externa y la pobreza extrema, en Estados Unidos la gasolina mexicana se vende a mitad de precio que en México, y no acabó “para siempre” con el aumento de tarifas de electricidad y combustibles, sino todo lo contrario.

Al gobierno se le agotaron los recursos para el suministro masivo de atole con el dedo. Si algo le sobra a Peña Nieto es tiempo. A mes y medio de su cuarto corte de caja, el país se le fue de las manos. En Orizaba, una patrulla de la policía municipal choca con un taxi y mata a una mujer y hiere a otra. La difunta y su acompañante son unas cualquieras, legítimas, libres y orgullosas de serlo: las respalda una numerosa organización de hombres, mujeres y transgéneros que lucha contra los padrotes y los tratantes de blancas, que reivindica la dignidad del sexoservicio y reclama los derechos laborales de sus agremiados.

Como el gobierno municipal de Orizaba no reacciona ante el supuesto “accidente”, la organización feminista, perteneciente a un conglomerado de colectivos ambientalistas que se oponen a los proyectos ecocidas de la región, protesta frente a la oficina central de las fuerzas policiacas. Toma la palabra Jairo Guarneros Sosa. Al día siguiente, Jairo abre la puerta de su casa y un hombre le dispara al pecho. El proyectil, como en las películas, le da en el hombro. Su atacante trata de volver a apretar el gatillo: el arma se atasca por suerte. Jairo se salva. Esto ocurrió el jueves de la semana pasada.

Jairo Guarneros Sosa, el activista que se salvó después del atentado.

Jairo Guarneros Sosa, el activista que se salvó después del atentado.

Hoy, Jairo Guarneros Sosa se repone en una clínica de Orizaba, rodeada por militantes y simpatizantes de todas las organizaciones alternativas que trabajan en torno de esa ciudad, al pie del volcán más alto de México. La gente lo cuida porque en Orizaba la policía y el gobierno son los Zetas. Jairo está en gravísimo peligro y debe ser evacuado de México.

Orizaba es la ciudad natal de Javier Duarte de Ochoa, el peor gobernador jamás habido en la historia de Veracruz. En este momento prepara su fuga para evitar que el 30 de noviembre lo encarcelen por haber quebrado la Universidad Veracruzana, saqueado las finanzas públicas, elevado frenéticamente la deuda pública, y tolerado y favorecido las actividades criminales de los Zetas, el poderoso cártel a cuyo cuidado le dejó su padrino, Fidel Herrera Beltrán, hoy cónsul de Peña Nieto en Barcelona.

Atentados como el de Jairo los sufrieron, con resultados funestos, por desgracia, otros activistas en Oaxaca. Duarte, el veracruzano, se abre paso rumbo al exilio, rodeado de Zetas que tiran a matar a diestra y siniestra. El inexistente gobierno priísta del estado de Tamaulipas, también se bate en retirada y los cárteles regionales provocan matanzas y más matanzas.

Duarte, el chihuahuense, otro megaladrón impenitente, organiza su propia fuga y la violencia feminicida se recrudece en Ciudad Juárez, la miseria, la inseguridad y el silencio imperan en la Sierra Tarahumara, la represión policiaca es incesante en la capital del estado y en todos los sitios donde se manifieste el descontento. Otro que huye grotesca, peligrosa, desesperadamente, es Beto Borge, el Javier Duarte de Quintana Roo.

Peña Nieto y Beto Borge. Foto: Internet

Peña Nieto y Beto Borge. Foto: Internet

Durante su sexenio el narco vandalizó Cancún, floreció más aun el crimen organizado en Playa del Carmen y surgieron los primeros signos de descomposición en la ciudad del amanecer, el paraíso que mientras más crece más apetecible se vuelve. Beto Borge resultó ser un ecocida de tiempo completo, un auténtico tirano tropical que devastó la biodiversidad del Caribe. Krauze jamás lo ha criticado, ni por tropical ni por corrupto.

Beto Borge falsificó ediciones completas de revistas críticas a su administración. Encarceló periodistas. Toleró los feminicidios. No metió mano en defensa de un pobre hombre que perdió un ojo cuando era torturado y violado por la policía estatal, y que sigue preso a raíz de una acusación insostenible.

Es una verdadera fortuna que, en medio de tanta oscuridad, brille como un relámpago fijo en el cielo el movimiento de los maestros opositores a la más letal de las reformas “estructurales”. A la más antigua, a la más consolidada. La reforma que será más difícil revertir, a menos que la aberración jurídica impuesta al magisterio por los partidos miembros del Pacto contra México, sea abrogada y de una discusión nacional, amplia, profunda y verdaderamente revolucionaria, surja un proyecto que transforme por completo la Secretaría de Educación Pública.

Osorio Chong mintió cuando dijo que se “agotó el tiempo”. Mintió cuando por interpósitas personas dijo que la Policía Federal no disparó contra los habitantes de Nochixtlán, Oaxaca. Mintió cuando “reconoció” que la Policía Federal sí disparó y prometió que se investigaría hasta dar con los culpables.

El secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Foto: Internet

El secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Foto: Internet

Mintió cuando fue a Nochixtlán y justificó la matanza con la mentira de que las “fuerzas del orden” intervinieron porque ya era excesivo el desabasto de víveres. Mintió cuando invitó a los maestros al diálogo, después de encarcelar a sus líderes, apalear a los manifestantes (en algunos casos hasta empujarlos a la tumba) y acribillar a toda una comunidad oaxaqueña con soldados vestidos de policías y equipados con fusiles automáticos.

Tras la renuncia de Beltrones a la presidencia nacional del PRI, Chong fue mencionado como su posible sucesor. Si esto hubiera ocurrido —y en política el “hubiera” sí existe—, la burrocracia habría rebuznado que el cambio de oficina era una señal. Dado que Chong contaba con mayores simpatías dentro del PRI, Peña Nieto lo sacaría de la “reforma educativa” para ponerlo en salmuera, hasta las elecciones de 2018.

Níguas. Quien tomó el control personal del PRI fue el ex secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, por medio de su marioneta, Luis Videgaray, quien a su vez coló a su discípulo y epígono, Enrique O. Reza, nombre que, si bien inexacto, pone en duda qué hace Peña Nieto cuando por las noches llega al nido de la gaviota, borracho de angustia, oliendo a besos y caricias mustias. O reza, o ke ase.

Enrique Ochoa Reza y Luis Videgaray. Foto: CFE

Enrique Ochoa Reza y Luis Videgaray. Foto: CFE

Lo más probable es que mire los números del reloj nocturno y calcule, es decir, recuerde, cuántos días le faltan para el 30 de noviembre de 2018: siglos. Porque si algo le sobra a Peña, a Videgaray, a Chong, y detrás de todos ellos a Carlos Salinas, es tiempo. Lo que les falta es una política para llenarlo, un discurso eficiente, mano izquierda para estirar las ligas. Esa política, esa propuesta, la presentó AMLO el domingo 26 de junio en el discurso del Paseo de la Reforma.

Toda vez que el proyecto neoliberal se agotó —ése sí—, Peña debe formar un gabinete de transición que entregue el poder, pacífica y democráticamente, en las próximas elecciones presidenciales. No tiene de otra.