I

El ejercicio es encomiable porque es tomar en cuenta a la gente. Por donde se le mire, es algo que debe ser potenciado. Sí, es el primer intento y puede que haya, por las circunstancias, errores, fallas, problemitas, pero la intención es buena.

En un futuro esta consulta, la del aeropuerto, será recordada como el inicio de algo bueno para México De algo que nos hará, como país, diferentes. Que nos pondrá mejores.

La consulta que se está celebrando en todo el país es una forma de participación y, por ende, de democracia. Se involucra a los mexicanos en las decisiones que les competen. Se les toma en cuenta.

¿Por qué, si ésta es la intención, buena parte de la prensa ha decidido descarrilar el intento, ponerlo en vergüenza, señalarlo como inútil, falso, falto de ética, insignificante, absurdo, estúpido y malo?

Consulta Nacional para decidir el futuro del Nuevo Aeropuerto. Foto: Especial

II

La consulta es eso: una consulta. No es una elección para elegir a un presidente del país o a un gobernador o a toda una cámara de diputados o de senadores. Es una consulta que se hace con pocos, poquísimos recursos. No es el Instituto Nacional Electoral (INE) con sus millones y millones de pesos gastados.

Es una consulta que se hace con la gente y se confía en la gente.

En la consulta está puesta la confianza en los mexicanos. Nada más. Y nada menos. ¿Por qué entonces juzgar a esa consulta como si fuera una elección nacional que debe ser vigilada en todo segundo?

Algunas portadas de medios nacionales. Milenio: “Sostienen consulta aun con fallas y voto dobles”; La Crónica de hoy: “Irregularidades enturbian el despegue de la consulta”; El Universal: “Permiten carrusel en consulta del aeropuerto”; Reforma: “Atrae consulta; fallan candados”; La Prensa: “Desorden”; La Razón: “Desata la consulta interés… y debate por sus fallas”; El Heraldo de México: “Consulta inicia con tropiezo”.

En 2017, en el Estado de México, se dieron unas de las elecciones más cochinas y cínicas en toda la historia del país. Compra de votos, amenazas e intimidaciones. El dinero sucio circuló toda la jornada electoral. Al siguiente día, ninguno de los medios citados cuestionó eso. Ninguno puso como nota principal las irregularidades.

¿Por qué, ahora, en una consulta (que no elección), la prensa critica las “irregularidades” y se pone como el juzgador más cruel sobre la tierra de un ejercicio democrático?

Portadas de los diarios sobre la consulta del Nuevo Aeropuerto. Foto: Especial

III

Si bien es cierto hubo problemas en la aplicación usada en la consulta (en algunos momentos no se actualizó con todos los datos y ello influyó en que algunas personas tuvieran la posibilidad de sufragar varias veces), lo cierto es que en términos generales la consulta fue un éxito. Atrajo a la gente y se llevó con calma.

Es muy chistoso ver cómo, reporteros y gente que ha estado en contra de consultar a la gente en cualquier cosa, se hayan exhibido como unos tramposos, que votaron varias veces. Se dibujaron de cuerpo entero. Porque no es que lo hicieran para “evidenciar” las fallas, sino que lo hicieron para desestimar el ejercicio.

La consulta también puso como elemento central una cuestión importantísima: la confianza en la gente.

Andrés Manuel López Obrador ha dicho que, desde su gobierno, se tratará a la gente con confianza. Y esto se ha hecho en esta consulta.

Esta cuestión significa un rompimiento de paradigmas. ¿Por qué tenemos que desconfiar de nosotros? ¿Por qué tenemos que esperar lo peor de nosotros? ¿Por qué tenemos que pensar que haremos trampas? ¿Acaso nos debemos considerar unos corruptos siempre y en todo momento?

La consulta le apuesta a la confianza en la gente, en quienes la organizan, en quienes sufragan, en quienes votan, en quienes expresan su opinión. Por eso los candados fueron pocos y en la mayoría de los casos funcionaron.

Mesa de votación de la consulta ciudadana sobre el Nuevo Aeropuerto en Coyoacán. Foto: Paola Campbell

Ayer hubo personas que nos dijeron: “no, no confiemos en nosotros como pueblo, vean cómo voto yo varias veces”. Ésa fue su apuesta, decirnos que como pueblo no podemos confiar en nosotros mismos, que estamos destinados a la corrupción. Y en esta apuesta participaron buena parte de los medios de comunicación.

La consulta abona a la confianza en la gente, a decirnos y demostrarnos: no somos corruptos, no somos tramposos y deben consultarnos porque queremos influir en las decisiones de nuestro país.

Y eso les aterra a muchos, que no conciben un país sin corrupción, un país confiado en sí mismo. Un país orgulloso de sus no trampas. Un país distinto.

Consulta Nacional para decidir el futuro del Nuevo Aeropuerto. Foto: Especial

IV

La consulta sobre el aeropuerto que se está construyendo en Texcoco no es solamente la consulta en sí. Es mucho más que eso: es una primera batalla de la sociedad para rescatar al país, una batalla para influir en las decisiones.

Puede ganar una opción u otra respecto al aeropuerto, pero el ejercicio es encomiable, es una forma de decir: miren, corruptos, aquí estamos, el pueblo, y venimos a participar y a cambiar lo que ustedes han hecho una tragedia.

Por eso, los del PRI y los del PAN, los empresarios que se sienten dueños del país, y los medios que los apoyan, no están criticando las fallas, sino el ejercicio mismo.

Tienen miedo. Sí, tienen miedo. No de que no se construya el aeropuerto, sino de que se haga costumbre que la gente, el pueblo, tenga voz. Y que esa voz tenga peso y fuerza: que decida.