Durante un acto público en Huejutla de los Reyes, corazón de la Huasteca hidalguense, un individuo se colocó en el templete junto a Andrés Manuel López Obrador y le dijo: “Tenemos que hablar”. Alguien más hacía uso de la palabra en el podio. Por encima de la gente sobresalían algunas banderas rojas.

–Con mucho gusto –respondió AMLO–. ¿De qué?

–De Tláhuac –precisó el otro.

Tláhuac es una de las dieciséis delegaciones del Distrito Federal. La ciudad de Huejutla pertenece al estado de Hidalgo. AMLO hizo un gesto de extrañeza. El otro le preguntó si había visto la manta desplegada arriba y detrás del templete. El trapo mentía: “MORENA es Pancho Villa”.

El Frente Popular Francisco Villa, dividido en diversas fracciones, es una de las tantas organizaciones clientelistas controladas por René Bejarano, líder de una corriente aliada a la de Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Guadalupe Acosta Naranjo, Carlos Navarrete y Fernando Belaunzarán, mejor conocida como Los Chuchos, el ala derecha del PRD. Al ver la manta, AMLO comprendió lo demás: los Panchos Villas le estaban pidiendo Tláhuac y sin dejar de sonreír contestó:

Esto no es el PRD. No te confundas, no te vayan a expulsar.

–¿A poco? –dijo el otro–. ¿Y quién me va a expulsar?

–Yo –dijo AMLO y dio por terminada la plática.

Aquello sucedió el viernes 13 de febrero pasado. Cuando le llegó el turno de tomar la palabra, el dirigente nacional de Morena habló de la corrupción en las altas esferas del régimen, de la entrega del petróleo a las empresas privadas, de la política económica recesiva y del costo desorbitado del gobierno, entre otras razones por las que a su juicio todo anda mal y sigue empeorando en México.

Los Chuchos: Jesús Ortega, Carlos Navarrera y Jesús Zambrano. Foto: Internet.

Los Chuchos: Jesús Ortega, Carlos Navarrera y Jesús Zambrano. Foto: Internet.

“Le cuesta mucho al pueblo mantener al gobierno. Los diputados ganan 300 mil pesos mensuales, los senadores 500 mil, los ministros de la Corte, 600 mil, y los ex presidentes reciben una pensión mensual de un millón de pesos”, dijo. Por ello, agregó, “no nos podemos quedar callados, hay que despertar al pueblo y eso también lo vamos a hacer en Huejutla”.

El discurso continuó en el mismo tono, hasta que AMLO abordó las señas de identidad del Movimiento Regeneración Nacional, y con dedicatoria al jefe del Frente Popular Francisco Villa dijo:

“Me salí del PRD porque los de arriba, los llamados Chuchos y no chuchos, se fueron con Peña Nieto y firmaron el pacto con México, que es más bien contra México. Por eso pinté mi raya y los mandé al carajo. Ahora vengo a invitar a todos a participar en Morena, aquí en Huejutla sean del partido que sean hay gente buena; el problema está allá arriba y nos están aplastando a todos”.

AMLO 2

Michoacán y Colima

Satanizado por la mayoría de la prensa –“es el capítulo México de la revolución bolivariana”, editorializó recientemente el diario ultraconservador La Razón–, tratado con la punta del pie por la burocracia del Instituto Nacional Electoral, golpeteado por los partidos que en realidad son apéndices del PRI, Morena tiene al peor de sus enemigos en sus propias filas y se llama “cultura política dominante”.

Dos casos. En Michoacán, para escoger al candidato a la gubernatura, las encuestas favorecieron a una mujer llamada Fabiola. Las “bases” querían a María de la Luz Núñez y protestaron. Fabiola declinó. La señora Núñez fue proclamada, pero las “bases” volvieron a inconformarse: ahora querían a otra persona.

Ocurrió lo mismo en Colima. Las bases querían al general Francisco Gallardo. La encuesta favoreció a una mujer, pero ésta se hizo a un lado para dejar vía libre al militar en retiro. Cuando el general Gallardo fue proclamado candidato al gobierno de Colima, y como en Michoacán, las “bases” otra vez se inconformaron.

En el fondo, lo que hay detrás de los grupos que pretenden manipular candidaturas a su conveniencia, es el afán de disponer de los dineros que serán destinados a las campañas electorales. En Colima y Michoacán, las “bases” se calmaron cuando la dirección nacional de Morena les cerró las llaves de las finanzas.

AMLO

Andrés Manuel López Obrador en un mitin. Foto: perfil de AMLO en Facebook.

El pragmatismo de los políticos profesionales ha engendrado verdaderos monstruos en esta temporada de derroche electoral. Desprestigiado hasta la médula, el PRD competirá aliado al Partido Nueva Alianza (Panal), de Elba Esther Gordillo. El PAN, sinónimo de genocidio y corrupción ilimitada, irá con el Partido del Trabajo. El PRI, como ya es costumbre, se presentará con un tucán Verde Ecologista en el hombro.

De los 10 partidos que intervendrán en el proceso del 7 de junio, probablemente cinco perderán su registro: Movimiento Ciudadano, PT, Panal, y dos de los tres debutantes: Partido Humanista y Encuentro Social. Morena quedará en pie, al igual que el PRIANRD-Verde. Pero de acuerdo con las primeras estimaciones, si las elecciones fueran hoy, el PRI ganaría sólo 61 diputados (más los plurinominales que le toquen).

El derrumbe del PRI, una pesadilla que le pone los pelos de punta a Peña Nieto, explica por qué todos los poderes fácticos han mantenido la campaña ilegal del PVEM. Pero juntos, PRI y Verde, si la cosa fuera hoy, obtendrían 30 por ciento de las diputaciones. Para alcanzar mayoría a fin de privatizar el agua, necesitarán desesperadamente los votos del PAN y del PRD.

Hasta ahora, los cálculos señalan que Morena cuenta con una intención de voto ubicada entre el 12 y el 15 por ciento. Sin embargo, su débil estructura interna, y su peor enemigo, la cultura política dominante, que permitirá al PRI comprar no pocos traidores, mantienen la cabeza muy fría en las filas de la organización encabezada por AMLO.