La noción de economía que nos heredó la modernidad es la preocupación por el proceso de acumulación. Le interesa que continúe incesante y siempre en forma creciente. El capitalismo es la pulsión de acaparamiento mediante la explotación de la forma social colectiva.

Dicho de otra manera, para que la acumulación funcione tiene que ser constante, creciente y sin ningún escrúpulo sobre otro principio que no sea la ganancia. Esto llevó a los países a buscar colonias, competir con otras potencias por el mayor posible dominio geoeconómico, y cuando estas colonias se acabaron, cuando todo ya estaba repartido, entonces la guerra se hizo entre las mismas potencias para arrancarse pedazos de industria y mercado. Llegamos, como consecuencia, a la era del imperialismo.

Fue entonces que el Producto Interno Bruto mejor conocido como PIB, nació bajo la noción de contabilizar los recursos disponibles para la guerra. Sin embargo, rápidamente este concepto mutó hacia la forma de construir contabilidad nacional, es decir, una política de administración de las ramas productivas nacionales para realizar un máximo aprovechamiento de recursos frente a la competencia capitalista (las economías de capital constante para Karl Marx), a la vez que esto permitió la estandarización de la contabilidad a escala mundial para poder llevar a cabo la construcción de un mercado comercial homogeneizado.

En suma, el PIB es una medida de crecimiento, pero no de cualquier crecimiento, sino de la disposición de las ramas en torno a lo que genera la mayor ganancia, como hemos dicho, sin escrúpulos. Transitar de la noción de “crecimiento” a “desarrollo” significa, entonces tomar conciencia de las consecuencias del fenómeno económico y social colectivo a escala mundial, con el fin de tomar decisiones conscientes y de respuesta a los problemas sociales.

La modernidad económica nos heredó la idea equivocada de que primero hay que crecer y luego se verá, el famoso efecto derrame “trickle down effect”. Nuestra experiencia durante el siglo XXI ha sido muy clara: esto nunca ocurrió, la desigualdad mundial se convirtió en la principal característica notable de la tremendísima maquinaria capitalista de concentración y centralización. Por tanto, no puede ser posible que primero nos concentremos en “crecer” sino que tenemos que pensar en la cualidad, el tipo específico de desarrollo que cada población necesita de acuerdo a sus problemáticas urgentes.

La conceptualización concreta del neoliberalismo es la aceptación plena de la política económica del principio de crecimiento ilimitado para la consecución de la acumulación bajo el sistema dólar. Salir del neoliberalismo implica poner en duda este fundamento y optar por una política con pretensión de autonomía.

Desarrollo es cooperación mundial desde las autonomías. El modelo que está por surgir tendrá, por ello, como base de reorganización el cómo lograr un nuevo sistema que sus relaciones productivas puedan cumplir con un nuevo tipo de crecimiento, uno donde se encuentre considerado el criterio público del sentido del crecimiento de acuerdo a los diferentes intereses.

La ley de mercado era una fuerza de homogeneización, ahora veremos un proceso inverso: el entrelazamiento productivo mundial entre las distintas heterogeneidades. Para esta tarea, la noción no solo es insuficiente, sino nociva. Será necesario modelar la noción de desarrollo colectivo.