Durante los primeros meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, los de la oposición estuvieron criticando: “AMLO no hace nada contra la corrupción”, “no castiga”, “no persigue”. A tanto llegaron las “críticas”, que afirmaron que entre el nuevo gobierno y el encabezado por Enrique Peña Nieto había un “pacto de impunidad”.

Algunos de los que se sienten muy “ocurrentes” en la oposición hasta le pusieron nombre a esa cosa que sólo existía y existe en su cabeza: “PRImor”, en la cual, según ellos muy “ingeniosos”, unían las iniciales del PRI y con las primeras de Morena.

Especialmente en la oposición “ciudadana” (muy apoyada por empresarios que profesan un odio irracional a AMLO) y en la que proviene de los partidos PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, se dijo que la lucha de la nueva administración contra la corrupción era solamente palabras. Un engaño. Un nada.

Parecía que ellos querían que AMLO, a los dos o tres días de gestión, encarcelara a todo el gabinete de Peña Nieto.

Andrés Manuel López Obrador dejó en claro que no iría por “chivos expiatorios”, que no se gastaría su sexenio persiguiendo a quienes le caían mal, sino que él miraba hacia el futuro para transformar al país. Y que montar una política de persecución, no representaba en ningún momento eficacia administrativa o mejorar de las condiciones de vida de la gente o incluso una lucha inteligente contra la corrupción.

Este discurso fue interpretado (o mal interpretado) por la oposición como un “pacto de impunidad”.

Nada más alejado de la realidad.

Que el objetivo de Andrés Manuel López Obrador no sea encarcelar a Peña Nieto, o a José Antonio Meade, o a Luis Videgaray, no indica y nunca indició, que habría impunidad o que se detendrían las investigaciones sobre actos de corrupción del pasado.

Eso no lo quisieron entender lo de la oposición. No comprenden que Andrés Manuel está pensando en arreglar todo lo que los gobiernos anteriores del PRI y del PAN destruyeron. Ahí está el foco de su gobierno: en hacer de este país uno más justo, con más equidad, eficiente.

Evidentemente, una de las agendas de AMLO es el combate a la corrupción. Eso, él lo ha reconocido en muchas ocasiones, es una labor imprescindible, porque la corrupción le ha hecho mucho mal al país.

Pero, y esto es algo que tampoco comprenden los de la oposición, no se logra encarcelando a ex mandatarios. Se logra haciendo un sistema de combate a la corrupción eficiente. Y en eso la administración de AMLO ha dado resultados. Y esos resultados, en estos casos, no se miden por la importancia del funcionario castigado o encarcelado, sino con un trabajo de base donde la corrupción disminuya y se castigue de forma inmediata.

Y ahí la labor ha sido titánica y con resultados evidentes, vía la Secretaría de la Función Pública, encabezada por Irma Eréndira Sandoval Ballesteros.

Pero, más allá de todo esto, la detención de Rosario Robles envía un mensaje: no se detendrá ninguna investigación, no se le dará ninguna orden a la Fiscalía para que se impida indagar un caso.

Y no habrá impunidad.

El encarcelamiento de Rosario Robles es celebrado por amplios sectores sociales: que un ex secretario de estado esté en prisión a 8 meses de haber dejado el cargo, no es algo que se diera en este país. Hay combate a la corrupción en esta administración. Claro que lo hay, pero éste se ha dado más allá de estos “casos llamativos”. Se da todos los días.

Y es ahí donde están los avances más significativos. No porque el caso de Rosario Robles sea poca cosa, sino porque la corrupción se combate de forma integral, no con “quinazos”.

Y eso, la oposición, no lo comprende.

Por ahora, se quedaron con la boca callada: querían a un “pez godo” en la cárcel. Ya lo tiene. Pero lo importante no se da ahí, se da en la construcción de una política de no corrupción. De regenerar la administración pública. Ahí están los logros de este gobierno.