Por: César Octavio Huerta (@zorrotapatio) y Jorge Gómez Naredo (@jgnaredo)

2 de mayo de 2015. Primero de mayo. Día de asueto. El título de la nota principal del diario Mural (perteneciente al grupo Reforma) es contundente: “Aquí sólo mando yo: Aristóteles”. Una respuesta escueta pero clara del gobernador de Jalisco a las versiones que circulan por todos lados, las cuales indican que lo obligaron a pedirle a su papá, magistrado del Supremo Tribunal de de Justicia de la entidad, que solicitara licencia a su puesto después de haber sido grabado preparando un fraude electoral. “Aquí sólo mando yo”, dijo el gobernador. La mañana de hoy lo desmentiría…

Día de asueto. Primero de mayo. No hay clases ni trabajo. Muchos aprovecharon “el puente”: ir a desayunar con la familia, “lanzarse” a Puerto Vallarta, tomar carretera para visitar el pueblo, a los abuelos, a los amigos, a los compadres.

Día de asueto. Primero de mayo: comandos armados por todos lados quemaron camiones y automóviles. Le dispararon a un helicóptero de la Secretaría de la Defensa Nacional y lo tumbaron (murieron tres de sus tripulantes). Se acercaron a bancos y a tiendas de autoservicios y las rociaron de gasolina para prenderles fuego.

En estos tiempos, ocultar el sol con un dedo es más complicado. Usuarios de redes sociales comenzaron a difundir imágenes del caos: Guadalajara, Jalisco, primero de mayo de 2015: el miedo no tardó en llenarlo todo. Y aunque no hubo anuncio oficial, en los hechos existió un toque de queda. Periodistas y presentadores de noticias desde cabinas radiofónicas y estudios de televisión “recomendaban” no salir de casa, quedarse en el hogar: guardarse.

Narcobloqueo en la carretera Guadalajara-Puerto Vallarta.

Narcobloqueo en la carretera Guadalajara-Puerto Vallarta.

Jorge Aristóteles Sandoval Díaz desayunaba con líderes sindicales de los denominados “charros”. Risas, abrazos, apretones de manos, muchas alegrías, muchos parabienes. Se tomaba fotos, seguía el protocolo de un primero de mayo institucionalizado y alejado de los trabajadores. Clic, clic, clic: las cámaras fotográficas. Afuera, las llamas comenzaban a multiplicarse. El humo negro casi llegaba al cielo.

Asesores del gobernador recibían informaciones alarmantes en sus teléfonos móviles. ¿Quién le dice? El elegido se acercó a Aristóteles y le susurró al oído que el estado que gobierna se estaba quemando. Al menos en varios lados. A Aristóteles, con copete tipo presidencial y corbata roja y gris, el rostro se le puso desencajado. Se levantó. El auditorio continuaba sentado, un auditorio, no podía ser de otra manera, lleno de personas con camisas rojas.

Alguien le pasó un micrófono: “no son ni serán momentos sencillos, pero es cuando la entereza, cuando la unidad de los jaliscienses, cuando la suma de todos, cuando la organización debe de mandar el mensaje de que somos más fuertes los jaliscienses y ciudadanos unidos que un grupo de delincuentes”. Pocos minutos después abandonó el lugar. El copete tipo presidencial, intacto. El rostro desencajado, más desencajado.

Afuera del desayuno sindical, un caos: En un video difundido en redes sociales que se volvió pólvora se mostraba el momento en que un grupo de hombres, a bordo de una camioneta color plata, prendían fuego a una sucursal bancaria de Puerto Vallarta. A plena luz del día, a la vista de todos.

En otro video, una cámara de seguridad instalada en una unidad del transporte público, exhibe cómo dos sujetos suben, amenazan al chofer y ordenan a los usuarios desalojar la unidad. Momentos después rocían en el interior gasolina y le prenden fuego. El fin: bloquear una de las avenidas principales de Guadalajara.

El gobierno de Jalisco convocó a una rueda de prensa. Aristóteles, con el rostro aún más desencajado y el copete tipo presidencial todavía intacto, habló para los medios de comunicación. Cinco minutos, no más. Nada de preguntas. Nada de respuestas. El gobernador dijo que había un “código rojo” y reconoció que en la entidad “la situación no está en plena calma”. Hizo un rápido recuento de la violencia suscitada en las últimas horas: 39 bloqueos de vialidades en todo el Estado, 25 municipios afectados, 33 carros incendiados, 4 enfrentamientos armados, 7 personas fallecidas, 19 heridos, 19 detenidos, 11 bancos y 16 gasolineras afectados y la suspensión de 26 rutas de transporte público.

¿Qué pasó ayer en Jalisco?

El gobierno federal puso en marcha este primero de mayo una de sus muchas estrategias contra el narco llamada “Operación Jalisco”. ¿Le avisaron a Aristóteles Sandoval? Por su rostro desencajado, todo indica que no. Sin embargo, a toro pasado, el gobernador fue obligado a dar la cara y reconocer que la violencia fue por un operativo que él no controlaba. Dijo Aristóteles a los medios que los narcobloqueos fueron una “reacción de una operación que se realiza para detener a miembros de cárteles”, una operación liderada por el gobierno federal.

Los hechos son simples. O al menos eso parece. El Ejército y la Marina querían con la “Operación Jalisco” detener a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Un helicóptero de la Secretaría de la Defensa divisó en Villa de Purificación un comando armado. Toda la información y las investigaciones indicaban que ahí iba “el Mencho”. Sin embargo, algo salió mal: el comando, con armas muy potentes, disparó al helicóptero. Éste cayó: fallecieron tres tripulantes.

La alerta para el Cártel Jalisco Nueva Generación se activó en seguida. Iban tras ellos y por su líder y había que actuar. Fue entonces que comenzaron los narcobloqueos y lo bancos incendiados y el caos y el miedo. El “Mencho” sigue libre. La gente en Guadalajara y en toda la entidad tiene miedo. Y seguramente el gobernador de Jalisco continúa con el rostro desencajado.

El gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Días, durante una rueda de prensa para "explicar" por qué se dieron los narcobloqueos.

El gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, durante una rueda de prensa para “explicar” por qué se dieron los narcobloqueos.

Algo de datos

En noviembre del año pasado, Enrique Peña Nieto, durante la presentación de su plan de justicia, integró a Jalisco como parte de las entidades con focos rojos en cuanto a violencia. Aparecía junto a Guerrero, Michoacán y Tamaulipas como parte de los estados en los cuales se impondría un nuevo modelo policial.

Aristóteles Sandoval rechazó que la inclusión de Jalisco en la lista de los estados más violentos del país hubiera sido por la violencia. No, para él, la cuestión era “una muestra de solidaridad con la entidad”. Incluso argumentó que en Jalisco no habían “sucedido cosas muy lamentables” y agregó:

El mensaje del Presidente es una señal de solidaridad y apoyo de prioridad; en el caso de Jalisco es preventivo, en otros estados la descomposición fue muy fuerte. Este anuncio viene a proteger las inversiones extranjeras directas, dará confianza y solidez al crecimiento de empleo, al turismo.

Sin embargo, las cifras contrastan con lo expresado por Sandoval Díaz. De acuerdo con datos presentados en agosto del 2014 por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Jalisco se encuentra entre las entidades con más homicidios, extorsiones y robo de autos.

Tan sólo entre enero y agosto del año pasado, se cometieron 504 homicidios dolosos, lo que equivale a 6.4 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Por si fuera poco, las autoridades reportaron el hallazgo de 101 cuerpos en fosas clandestinas.

Aunado a esta situación, Jalisco es la segunda entidad con más casos de personas desaparecidas en el país, después de Tamaulipas.

Hace menos de un mes, el Cártel Jalisco Nueva Generación asesinó en una emboscada a 15 policías de élite incorporados en la Fuerza Única. Ese día, el gobernador también tenía el rostro desencajado.