Han pasado casi dos años de la desaparición de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero y la vida pareciera transcurrir en la normalidad. A excepción de los padres, nadie sale a las calles para exigir su búsqueda y en los medios de comunicación se habla ya muy poco del caso que indignó a todo el país. Esta situación beneficia al gobierno de Peña Nieto, pues la indiferencia parece sepultar la exigencia de justicia.

Contra el olvido, en el Museo Casa de la Memoria Indómita, en la Ciudad de México, fue inaugurada hace unas semanas la exposición fotográfica “Los estamos esperando”, del fotoperiodista Scott Brennan, quien durante un mes documentó el andar de los padres de los 43 estudiantes que desaparecieron la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Todo comenzó en Julio de 2015, cuando Scott Brennan, durante una asamblea, les pidió a los padres de los normalistas desaparecidos autorización para hacer una serie fotográfica con sus testimonios. Los padres aceptaron y desde ese momento él los acompañó por un tiempo en su recorrido por distintos lugares del país, convivió con ellos y logró ganarse su confianza para que le permitieran retratarlos y compartir su historia de dolor por la desaparición de sus hijos.

Lorenzo Francisco Gálvez y Benigna Arzola Cruz , los padres de Luis Ángel Francisco Arzola. Foto: Scott Brennan

Lorenzo Francisco Gálvez y Benigna Arzola Cruz , los padres de Luis Ángel Francisco Arzola. Foto: Scott Brennan

Fue así que se dio cuenta cómo los padres “están dando el cien por ciento de su energía, siempre están en pie de lucha” y descubrió una de las cosas que más le impactaron: presenciar cómo los estudiantes desaparecidos son presente y no pasado.

“La mayoría de los padres creen que sus hijos están vivos. Les entiendo, porque no es imposible. Ellos me explicaron que había casos en la guerra sucia de México de desaparecidos que, veinte años después, regresaron a sus casas y la gente pensaba que estaban muertos pero no, estaban en cuarteles del ejército”.

Los retratos que Brennan captó tienen un elemento particular: fueron tomados con una cámara réflex  Rolleiflex de los años cincuenta, de formato medio que cuenta con dos objetivos gemelos y necesita una película de 120mm para captar la imagen que no aparece instantáneamente, pues debe ser revelada y después impresa en papel.

Una de las ventajas de usar este tipo de cámaras con las que Brennan se siente cómodo, es que las personas no están mirando fijamente al lente, lo cual provocó que los padres se enfocaran en la memoria de sus hijos, contar el objetivo del movimiento y las exigencias al gobierno, mientras él retrataba los rostros de lo que sentían y pensaban.

Brígida Olivares busca a su nieto Antonio Hernández Maestro. Foto: Scott Brennan

Brígida Olivares
busca a su nieto Antonio Hernández Maestro. Foto: Scott Brennan

“Cuando me estoy preparando, no están mirándome a la cámara. No es ojo a ojo, estoy hablando con ellos, tomando fotos, ellos están explicando algo y no saben exactamente cuándo voy a tomar la foto. Hice los testimonios, las entrevistas y las fotos al mismo tiempo. Los padres estaban en un momento recordando detalles, hablando sobre su hijo, lo que le gusta, mientras yo tomaba las imágenes”.

Otra de las particularidades fue que en el proceso fotográfico hubo un acercamiento con los padres, un trabajo previo que implicó relacionarse con ellos, conocerlos, tener una perspectiva sobre la vida que llevan cada día, lo que al final se ve reflejado en las imágenes, pues están lejos de haber sido realizadas en una sesión fotográfica en la que los padres simplemente posaron frente a una cámara.

“No me gustan las fotos de la gente con una foto de un desaparecido… Para mí es un cliché, algo que vimos tantas veces, pero yo estaba dejando a los padres hacer lo que querían y una madre le dijo a su hija ‘puedes pasarme las fotos de mis hijos’ y la hermana se fue, se los dio y la madre se puso a llorar. Yo usaba mi película, eran como 30 segundos y podía haber mucho movimiento de la cámara. Yo me mentalizaba ‘tengo que tomar esta foto’ y en dos semanas antes de ver la película, despertaba en la noche esperando que saliera y salió bien. Es una de las más fuertes”.

Bernabé Abraján Gaspar y Delfina de la Cruz buscan a su hijo Adán Abraján de la Cruz. Foto: Scott Brennan

Bernabé Abraján Gaspar y Delfina de la Cruz buscan a su hijo Adán Abraján de la Cruz. Foto: Scott Brennan

Fortaleza

Lo más difícil para Brennan fue ver a las madres llorar al hablar sobre sus hijos desaparecidos. Y cuenta que algunas, cuando terminaban la sesión fotográfica, le decían “por eso no me quería retratar contigo”. Pero los sentimientos no fluían en una sola dirección. Brennan relata que muchas veces le costaba no llorar al escuchar cada una de las historias de injusticia, lo que al final el espectador puede sentir a la hora de hacer un recorrido a través de la exposición.

“Estás entrando como en una pesadilla, en el sufrimiento de ellos. Cuando estás leyendo los testimonios, hay frases que repiten, puedes ver que es algo común que está pasando y algo individual con todos los padres. Para mí es muy impactante”.

Sobre todo, el trabajo fotográfico de Scott Brennan, en sus palabras, “es una gotititita más para decir no al olvido”, pues pareciera que la gente olvida y sigue con sus vidas, mientras “los padres, que pasan por una situación horrible no pueden olvidar, no pueden continuar con sus vidas normales, están en pie de lucha y no van a parar”.

“Es increíble que el país está olvidando. Después del 26 de septiembre, yo vi noticias y había gente de trajes, de negocios, que protestaban en las calles. En América Latina, siempre hay un grupo de gente que protesta pero después de Ayotzinapa, políticos, gente de la derecha, conservadores, monjas, todos estaban en la calle porque no era aceptable y ahora están olvidándolo”.

Estos son algunos de los retratos y testimonios de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa que encontraras en la exposición de Scott Brennan en la Casa de la Memoria Indómita:

Carmen Cruz y uno de sus hijos, madre de Jorge Aníbal Cruz Mendoza. Foto: Scott Brennan

Carmen Cruz

busca a su hijo Jorge Aníbal Cruz Mendoza

Ayotzinapa, Guerrero – julio 2015

Mi hijo es un jovencito tranquilo, dedicado, inteligente, a él le gusta mucho el jaripeo, de hecho él es jinete, también le gustan mucho los caballos, tiene un caballo blanco. Le gustan las carreras de caballo y bueno, como a todo jovencito creo que el futbol también es uno de sus pasatiempos favoritos. Y bueno, pues aquí estoy yo como madre y mis hijos también, mis demás hijos también estamos esperándolo y ahorita voy a seguir luchando para encontrarlo hasta donde lo encuentre. Yo creo que así se me acabe la vida, yo lo tengo que encontrar. Donde quiera que se encuentre mi hijo, que se sienta orgulloso de que yo lo voy a buscar hasta encontrarlo y que lo quiero mucho, lo amo. Y bueno, hace 20 años yo estaba embarazada, el día 14 de este mes de agosto mi hijo cumple 20 años. Y así como yo lo recibí con mucha alegría y amor pues ahorita lo estoy buscando con todo el amor que siento por él.

Clemente Rodríguez Moreno busca a su hijo Christian Alfonso Rodríguez Telumbre. Foto: Scott Brennan

Clemente Rodríguez Moreno

busca a su hijo Christian Alfonso Rodríguez Telumbre

Tixtla, Guerrero – julio 2015

Ya son más de diez meses y no vemos claro por parte del gobierno, a nosotros nos queda muy en claro que no nos dio ninguna respuesta. Por su parte él no nos quiere ayudar. Habíamos pedido que investigara al comandante Crespo y a otros, por la desaparición forzada de los 43 normalistas. A este comandante todavía tuvo el cinismo de darle otra estrella por su triunfo, si se puede decir así, pero para nosotros eso estuvo muy mal porque mejor lo hubiera mandado mil veces a la cárcel junto con otros de sus compañeros… Le estamos exigiendo al gobierno, a Peña Nieto, al gobierno federal, que ya actúe de inmediato, por que ya son más de diez meses y no aparecen los 43 normalistas. Nosotros hemos recorrido infinidad de ciudades, no es como lo dijo Murrillo Karam, que a los jóvenes los quemaron y los tiraron en el río, esa es una gran mentira porque no tienen ninguna prueba científica. Es una vergüenza para nosotros, ¿qué tipo de gobierno tenemos que no sirve para nada? Quiero decir que la lucha no acaba aquí, apenas está empezando, porque tenemos muchas organizaciones, se están reactivando otra vez y vamos a seguir adelante para castigar a aquellas personas que todavía no han sido castigadas. Es su cumpleaños de mi hijo, hoy, en día 9 de agosto… que donde quiera que me esté escuchando, le mando mil abrazos, mil besos… mis hijas, mi esposa… ahora sí que desde aquí le estamos festejando… que estas palabras se las lleve el viento y donde quiera que él se encuentre, que él no olvide que lo estamos esperando en la casa, con los brazos abiertos. Vamos a luchar y vamos a seguir manifestándonos para que Christian regrese a su casa y para que regresen los 43 normalistas.

 

Mario César González busca a su hijo César Manuel González Hernández. Foto: Scott Brennan

Mario César González

busca a su hijo César Manuel González Hernández

Ayotzinapa, Guerrero- julio 2015

¿Qué está pasando ahora que han pasado diez meses y no encontramos a los chavos? Pero andamos luchando. Desgraciadamente tuvimos que trasladarnos para el estado de Guerrero y vivir en la escuela de Ayotzinapa, que es una vida muy diferente a la que teníamos. Una vida que es vivir en un cuarto de un amigo, de un metro y medio por uno y aún así estamos acá, porque estamos exigiendo la presentación con vida de los 43 alumnos. Es injusto que por cualquier cosa, que por cualquier situación se hayan desaparecido 43 alumnos. El día 27 fue cuando nos hablaron por teléfono de la Escuela Rural Normal de Panotla que me viniera rápido para Guerrero porque había muertos, heridos, desaparecidos en la Escuela de Ayotzinapa con los estudiantes de primero. Desde entonces hemos vivido acá. Desde entonces hemos luchado por la vida de nuestro hijo… Eso es lo fundamental que tenemos en esta vida. Y si tenemos que perder la vida, pues ni modo, porque pierdes la vida cuando le pasa algo a tu hijo. Pues desgraciadamente ahora me tocó a mi. Ahora estoy en esta situación tan desagradable, tan fuerte. No tiene nombre. No sé cómo vamos a terminar o cómo vaya a terminar, pero de lo que sí estoy seguro es que no va a ser fácil perder a mi hijo.

De lo que sí estoy seguro es que seguiré luchando por él porque amo a mi hijo. Amo a mi hijo.