Parece que pasó un año, pero apenas van dos meses. Sí, apenas dos meses.

La vorágine con la cual ha actuado el actual gobierno federal es de asombro. No hay descanso.

Los medios de comunicación no han comprendido aún cuál es la nueva realidad. Los comentaristas de noticias y los articulistas están destanteados porque las conferencias de prensa matutinas de Andrés Manuel dictan la agenda, ponen los temas, establecen las dinámicas. La relación que se ha establecido entre el mandatario y la gente que observa las trasmisiones es muy interesante, y aun los medios no saben dónde estar, qué decir ni cómo decirlo.

AMLO no está basándose, como la mayoría de los presidentes, gobernadores, alcaldes y legisladores lo hacen, en una “estrategia” de medios planeada en algún despacho de marketing político: “hay que sacar ahora esto, esperar a que circule esto y después hablar de esto para ver si alcanzamos notoriedad…” No, AMLO establece la agenda a partir de las prioridades sociales, no de la agenda de un grupo o una persona.

Eso es un cambio radical. De verdad, radical.

El actual gobierno va muy rápido. Demasiado rápido.

Primeros vinieron los programas sociales: que para los jóvenes, que para los adultos mayores, que para empresarios pequeños, que para campesinos, que para estudiantes…

En dos meses la administración federal ha logrado una hazaña: modificar las pautas de los apoyos sociales y la visión que se le quiere dar a esto. No ha sido fácil, y aún falta mucho trabajo, pero el cambio es radical.

El Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en gira de trabajo.

Andrés Manuel repite, cada vez que puede, que lo de las “tarjetas” (donde se les deposita de forma directa los apoyos a los beneficiarios) es importante. Y claro que lo es: con ese solo mecanismos están destruyendo años y años de clientelismo y de amenazas de muchos líderes a beneficiarios. Además, con ese método, disminuye la corrupción y el uso de programas sociales con fines partidistas o de grupo. También, en un futuro, esto desincentivará la venta de votos.

Son dos meses. Y nunca en el país se había establecido una lucha contra el robo de combustible como la que se está haciendo ahora. Se evidenció que el problema era mayúsculo. Se hizo una estrategia que, aunque afectó durante varios días a los usuarios de las gasolineras, tuvo el resultado de evitar que se robaran miles y miles y miles de litros de combustible. Esto fue un éxito. Cada día hay menos tomas clandestinas y la vigilancia de los ductos ahora sí es vigilancia, no simulación.

Son dos meses, y las políticas de austeridad van funcionando. Los ahorros no solamente son porque se “bajaron los sueldos” los altos funcionarios, sino porque se está actuando de una forma más racional con los recursos públicos. A veces en el exceso. No es broma cuando AMLO dice: “Vamos de la austeridad republicana a la pobreza franciscana; es decir, nada de derroche. No puede haber gobierno rico con pueblo pobre, eso es lo que planteamos”.

Ha habido hechos simbólicos. El más reciente: cuando se detectó que tres personas que comenzaron a laborar en la actual administración en Pemex habían estados involucrados en la Estafa Maestra, se les separó de su cargo. Esta acción fue radicalmente distinta a las reacciones que anteriores administraciones tuvieron cuando hubo casos de personas involucradas en corrupción.

Estos meses han sido intensos, y nadie puede negar que hay un cambio con respecto a las anteriores administraciones. La intensidad ha sido brutal, y eso se debe reconocer.

La oposición no ha sabido cómo atacar. Cuando le encuentran a una acción de AMLO una veta de crítica, ya AMLO lleva tres o cuatro temas más planteados. Es como una carrera de autos donde un competidor rebasa los 100 kilómetros por hora, y el otro, no alcanza ni los diez.

Por eso, la oposición está ya reduciendo últimamente sus críticas hacia AMLO en la consigna tan llena de nada de “el gobierno de AMLO es inepto”.

Dos meses no son insuficientes para “evaluar” un gobierno. Pero la vorágine de esta administración es de sorprender. Alguna vez AMLO dijo: “voy a hacer dos sexenios en un uno”.

Al paso que va, le alcanza. Y le sobra. Con estos dos meses, los periódicos ya tienen información, acciones y debates suficientes para hacer un anuario.