Hoy Lilly Téllez renunció a la bancada de Morena. Dice que será una “senadora sin partido”.

Desde hace varios meses, sus posturas, sus ideas y sus propuestas eran incompatibles con la mayoría de quienes militan o simpatizan con Morena, que al fin y al cabo fue la fuerza que le dio la posibilidad de ser legisladora.

Desde un principio, cuando se mostró lejana de las posiciones ideológicas de la izquierda, fue criticada. Y es que, ¿cómo era posible que una senadora de Morena estuviera en contra de la lucha de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo? ¿Cómo era posible que una senadora que llegó a su espacio legislativo con una bandera de izquierda, afirmara que a los pobres no se les debe “beneficiar” si se perjudicaba a los “ricos”?

Poco a poco, sus mensajes fueron más conservadores. Más de derechas. E incluso muy críticos de todo lo que hiciera Andrés Manuel López Obrador. Parecía una más de los personajes que hoy apuestan a descarrillar el gobierno del tabasqueño.

En sus redes sociales, especialmente en Twitter, cada vez que Téllez escribía algo, era para criticar. Para decir que en el gobierno de Andrés Manuel todo estaba mal.

La presión contra Téllez fue muy fuerte. Tanto desde Morena (incluso se le intentó separarla de la bancada por una queja desde el propio partido) como desde la sociedad civil.

Hoy, Lilly Téllez renunció a la bancada de Morena. Era su renuncia esperada. Debería, por ética, dejar su curul. Pero eso no lo va a hacer. Y quizás, en un futuro no muy lejano, se adhiera a alguna bancada, la del PAN o la de MC, por ejemplo.

Ahora bien, la cuestión aquí es: ¿hasta dónde se puede permitir que los cuadros que llegaron al poder desde Morena se alejen de las líneas ideológicas del partido? ¿Hasta cuándo se pueden soportar actitudes muy lejanas a la que se espera de un militante de un partido político de izquierda?

Son preguntas complicadas de responder, pero con el caso de Lilly Téllez, se pueden comenzar a sentar precedentes.

Y es que, uno de los grandes riesgos de que Morena se descarrile es que, quienes accedieron a un puesto público vía dicho partido, comiencen a actuar como panistas, o como priístas, o que se alejan completamente de las bases ideológicas de la izquierda.

Ojalá que el caso de Lilly Téllez sea una llamada de atención a muchos funcionarios públicos que hoy no están representando de la forma más adecuada a los millones de personas que confiaron en Morena y en el no mentir, no robar y no traicionar.

Y ojalá, en un futuro, quienes accedan a los puestos públicos vía Morena sean perfiles más adecuados. El país se precisa cambiar con todos, pero quienes acceden a un cargo público por Morena deben ser cercanos a las causas de la justicia social, la equidad y el mejoramiento sustancial del pueblo.

No debemos dejar que Morena se vuelva un PRD. No podemos, en este proceso de transformación tan histórico, perder al partido que nació por los de abajo y que siempre debe estar a la izquierda.