Estamos a casi un mes del triunfo del 1 de Julio y existen suficientes elementos para comenzar a delinear una de las rutas críticas de la Cuarta Transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador.

El triunfo electoral por una avalancha de más de 30 millones de votos –la más alta en la historia– ha decidido un cambio verdadero y toca descifrar el nivel de profundidad que el nuevo gobierno está dispuesto a alcanzar. Toda transformación es un cambio, pero no todo cambio es una transformación. De aquí que sea necesario clarificar en qué consiste la diferencia de la nueva visión económica del Estado.

El combate a la corrupción y a la burocracia dorada han sido los primeros indicios de un cambio de rumbo. En el pasado hemos visto políticas de austeridad implementadas únicamente sobre la vida de la mayoría de la población, niveles de endeudamiento galopantes con bajas tasas de crecimiento económico. El resultado ha sido una depresión total del poder adquisitivo y una concentración de la riqueza en franco aumento1.

Gerardo Esquivel, Andrés Manuel López Obrador y Carlos Urzúa. Foto: Especial

El periodo neoliberal, que para efectos ilustrativos inicia en 1982 con la firma de la carta de intención con el Fondo Monetario Internacional demuestra que, a 36 años de aplicación, la medicina ha resultado más perniciosa y ha construido una crisis estructural de la economía mexicana.

La Cuarta Transformación ha comenzado a tomar su curso y para comprenderla es necesario descomponer el análisis en su aspecto político y económico. En términos políticos el 1 de Julio representa un paso importante en la vida democrática del país, el triunfo de Morena significa una alternancia con mayor dimensión que la alternancia formal que protagonizaron el PRI y el PAN durante el arranque del siglo XXI.

Esta nueva dimensión implica un salto cualitativo en la democratización toda vez que la nueva visión económica del Estado se encuentra afincada en las necesidades de las mayorías marginadas en contraste con la persecución ortodoxa de la rentabilidad del mercado, una de las características principales internalizadas por la partidocracia vencida en las urnas.

AMLO ha anunciado los primeros proyectos económicos con los que arrancará su gobierno, todos ellos descansan en el objetivo de cerrar las brechas de desigualdad mediante la detonación de cadenas productivas que fortalezcan el mercado interno. No es un detalle menor que la pieza maestra de este plan incluya al sur del país (Istmo de Tehuantepec), la franja fronteriza y las zonas marginadas de las ciudades más importantes del país así como la de las ciudades turísticas donde la desigualdad es más pronunciada por el contraste entre lujo y miseria.

Esta es una innovación importante pues hasta ahora la pobreza había sido tratada únicamente de forma asistencialista bajo diferentes versiones del modelo de Solidaridad empleado por Carlos Salinas de Gortari, Progresa con Ernesto Zedillo y Oportunidades con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. En la nueva visión se tiende una inédita interconexión de causalidad entre riqueza y pobreza por lo que ésta última no puede ser abordada exitosamente sin comprender la primera.

Partir de las necesidades de la población en lugar de la rentabilidad, así como una mejora en el enfoque del problema de la pobreza visto desde la óptica de la desigualdad pone al centro a las mayorías de este país. Esto es significativo si recordamos que la definición de democracia sólo se puede comprender en función de su opuesto: la oligarquía. Hasta ahora la alternancia formal había servido para mantener a una élite y sus intereses en el poder, la alternancia efectiva surge cuando a la oligarquía se le opone los intereses populares, es decir, se le opone la democracia. Citemos brevemente a Arthur Rosenberg quien analiza los orígenes de estos conceptos en la antigua Grecia:

“La oligarquía era el -predominio de la minoría en el estado-; democracia, el -predominio de la mayoría-. Pero en la antigüedad no se entendía en absoluto que estos términos se refirieran a una mayoría o a una minoría cualesquiera: oligarquía era siempre el predominio de la minoría de los más ricos; democracia, el predominio de la mayoría de los más pobres”2.

Oligarquía. Ilustración de Rodolfo Fucile

El cambio de visión económica en el proyecto de AMLO tiene una base democrática de raíz, la Cuarta Transformación significa no sólo una democratización política sino también económica a favor de las mayorías. La novedad en la lectura sobre la forma política es su carácter económico. Hasta el momento la alternancia ha significado cambios políticos solamente, después del 1 de Julio se agrega el componente económico lo que significa no sólo un cambio sino una transformación estructural.

Al país le urge la pacificación y para ello es necesario –como ha dicho en repetidas ocasiones el virtual Presidente– partir de la justicia social, esto significa ir a la raíz, dejar atrás la estrategia fallida de la partidocracia sustentada en un enfoque de corte policial y militar que atacó solamente las expresiones y no las causas. Por tanto, es un buen signo el que los nuevos proyectos económicos estén íntimamente ligados a dicha pacificación.

Queda claro el cambio de rumbo que el nuevo gobierno de Andrés Manuel López Obrador plantea: abandonar la estrategia clientelar de la pobreza y sustituirla por la relación entre política y economía, es decir, el de una democratización en el sentido anti-oligárquico que otorgue voz y participación a las mayorías del país.

[1] En 1996 existían 15 multimillonarios en México cuya fortuna ascendía a $25,600 millones de dólares, mientras que en 2014 apenas se agregó un multimillonario, en
total 16 pero con una fortuna de $142, 900 millones de dólares,  un aumento de más de 450% de la riqueza de los hombres más ricos (entre los que destacan Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Baillères, Salinas Pliego), mientras que el salario mínimo apenas representa el 25% del poder adquisitivo de su punto más alto en 1976. (Basado en los datos de Esquivel, Gerardo, Desigualdad y pobreza extrema en México, OXFAM, 2014, p. 17 y 29)
[2] Rosenberg, Arthur, Democracia y lucha de clases en la antigüedad, El Viejo Topo, España, 2006, p. 45