En 2012 miles de personas marchamos por las calles del país para exigir algo: que Enrique Peña Nieto no fuera presidente del país. Era claro que había habido un fraude, pues desde mucho tiempo antes el PRI, en contubernio con el PAN, habían creado las condiciones necesarias para que el joven y “exitoso” gobernador del Estado de México se hiciera presidente a como diera lugar.

Lo sabíamos en 2012: el sexenio de Peña Nieto sería un desastre para la mayoría y un negocio jugosísimo para una minoría.

Recuerdo las marchas. Los gritos. Las energías. Habíamos sido testigos de las últimas elecciones dominadas por las televisoras (como bien lo detalló Jenaro Villamil), y estábamos enojados.

Los defensores del PRI (y también del PAN) “argumentaban”: “la diferencia entre Peña Nieto y AMLO es contundente. No se quejen”. Pero la cuestión no era la “diferencia”, eran las formas, las encuestas adulteradas, la prensa que apoyó a Peña y el enorme y costosísimo sistema de compra de votos.

Y lo sabíamos: el sexenio de Peña Nieto iba a representar para el país una pesadilla. Y por eso gritábamos “Fuera Peña”, y por eso alzábamos el brazo y pedíamos “No al PRI”.

Si en esa euforia hubiera habido en el Congreso de la Unión una propuesta de revocación de mandato, como la que se aprobó hace unos días por diputados de Morena, nos hubieran hecho el movimiento social más feliz de la tierra.

En 2021, cuando sean las elecciones intermediadas, habrá una boleta donde se pregunte a los ciudadanos si quieren que Andrés Manuel López Obrador continúe en el cargo los tres años que le restan o si quieren que se vaya ya.

¿Se imaginan que esa posibilidad hubiéramos tenido en 2015? Nos hubiéramos ahorrado tres años de tragedia de Peña Nieto. Tres años completitos.

A este acto, que es una acción de participación ciudadana radical, y que nos permitirá decidir si deseamos que la máxima figura política del país permanezca o no toda su gestión, la oposición le llama “intento de reelección”.

Es absurdo, sí, pero así le llaman. Así piensan que es.

En principio, Andrés Manuel no se reelegirá. Lo ha repetido desde 2004 cuando fue el desafuero: nada de seguir en el cargo más. Él va por seis años. Si la gente, a los tres años, piensa que no ha funcionado, que no ha dado resultados, que es un lastre, tendrá la oportunidad de botarlo. Si no, si piensa que es buen presidente, le permitirá seguir de presidente los 3 años que le restan.

Evidentemente esto no es reelección. En ninguna parte del mundo esto se entendería como reelección. En ninguna.

Pero la oposición está tan perdida que afirma que esto es reelección, porque esa elección preparará el camino para que, en 2024, AMLO se lance otra vez y dure hasta el infinito gobernando el país. Así piensa la oposición…

Además, la propuesta de revocación de mandato no es algo nuevo en el actual presidente: cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal lo hizo, y siempre fue una propuesta de campaña: en 2006, en 2012 y en 2018.

Andrés Manuel López Obrador en un reunión con la población.

¿Por qué le llaman los de la oposición reelección?

Uno de los argumentos que ellos ponen es que, como AMLO es popular, que aparezca en la boleta beneficiará a Morena. Es algo muy absurdo plantear esto y llamarlo “argumento”.

La oposición debe ser eso, oposición, y criticar al Presidente y plantear rumbos distintos de forma inteligente. ¿Por qué no lo ha hecho? El problema, pues, no es de AMLO que sea bien visto por la gente, es problema de la oposición que ellos no sean bien vistos.

La oposición no entiende que ellos precisan construir una nueva alternativa a AMLO, si es que quieren edificar su retorno al poder. Si no lo hacen, si son incapaces, si no pueden, es su problema, no de AMLO, no de la ciudadanía.

Ellos no han hecho, hasta ahora, nada para retornar al poder. No se han reconstruido. Sus críticas han sido absurdas. No han planteado nada digno de resaltar, y no han ni siquiera intentado acercarse a la gente, edificar una relación de confianza. ¿Cómo quieren ser oposición? ¿Cómo quieren así ser queridos por la gente?

Los de la oposición precisan trabajar de forma seria, entender lo que sucede. Y no lo están haciendo. Y están tan desquiciados que la oportunidad que les están dando de competir en 3 años, la están conceptualizado como “reelección de AMLO”.

No entienden que es una oportunidad para competir, para decir: no somos malos, somos buenos. Para trabajar para mejorar a este país.

Pero no lo hacen. Quizás porque no es su intención beneficiar a México.

Están perdidos. Desquiciados.