La llegada del neoliberalismo a México significó un cambio sustantivo en las relaciones de poder del país. Si en los tiempos del nacionalismo posrevolucionario predominó un sistema presidencialista basado en un Estado fuerte, con la apertura comercial se inició un proceso de debilitamiento del Estado que no sólo disminuyó la participación del Estado en actividades legales, sino que incluso se perdió control frente a las actividades criminales.

Por un lado, la ola de privatizaciones redujo al Estado mexicano a su mínima expresión. Si anteriormente éste se caracterizaba por participar en el grueso de la economía, hoy en día la iniciativa privada controla la mayoría de las industrias nacionales. Es importante señalar que con base en estas privatizaciones se engendró una élite económica que detenta un poder de facto en los asuntos nacionales.

Sin embargo, este debilitamiento no sólo afectó la talla estatal, sino que además disminuyó la capacidad del Estado para ejercer un control efectivo sobre el territorio y mantener el monopolio del uso de la fuerza. Hoy en día los grupos criminales desafían al poder del Estado y ejercen un control efectivo de amplias zonas del territorio nacional. Asimismo, la delincuencia organizada, además del tráfico de drogas, desempeña actividades propias del Estado, tales como: el control de fronteras (locales e internacionales), cobro de rentas, e incluso funciones policiales (Natalia Mendoza, 2018).

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, durante la conferencia matutina. Foto: Galo Cañas/Cuartoscuro

Así pues, el vendaval neoliberal supeditó al Gobierno mexicano frente a dos grandes poderes fácticos: la oligarquía nacional y los grupos del crimen organizado. Por lo que el principal propósito del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), como cabeza de la Cuarta Transformación, es recuperar al Estado; tanto el control territorial y uso efectivo del monopolio de la fuerza, como separar al poder político del poder económico.

A poco más de dos meses del inicio de su gestión, AMLO ya lanzó fuertes señales de que esta lucha por recuperar el Estado va en serio. El anuncio que dio el presidente acerca de que se buscará una ley que impida que funcionarios pasen de un cargo público a la iniciativa privada en áreas relacionadas con su encargo en el servicio público hasta después de 10 años (Notimex, 12 de febrero de 2018), en lo que se conoce coloquialmente como las “puertas giratorias”, es prueba de esto. Esta práctica facilita un esquema de corrupción público-privado en donde se subordinan los intereses de la nación a intereses privados. Cuando AMLO habla de separar al poder político del económico, se refiere precisamente a esto.

Por otro lado, me parece que existen dos grandes iniciativas que buscan llenar los vacíos de Estado que dejaron los gobiernos anteriores: la Guardia Nacional (GN) y el plan contra el huachicol. En el ensayo de Mendoza queda de manifiesto cómo las organizaciones criminales desempeñan una suerte de Estados paralelos que aprovechan la debilidad estatal para controlar el territorio y así obtener rentas de toda actividad ilegal posible. Pues bien, la GN precisamente busca recuperar el control territorial de esos feudos criminales.

A diferencia de lo que repiten los agoreros del desastre, la GN no busca militarizar al país (sin mencionar que no se puede militarizar lo que ya está militarizado) sino contrarrestar la ingobernabilidad que vive el país con un cuerpo sólido que sustituya a unas policías municipales y estatales que o forman parte de la estructura criminal o simplemente no pueden hacer nada.

De la misma manera, la lucha contra el huachicol, más que evitar las pérdidas económicas por el robo de combustible, que de suyo es importante, es en realidad un esfuerzo del gobierno de AMLO por recuperar el control del transporte de hidrocarburos y más importante aún erradicar la extracción de recursos públicos a manos de privados.

En suma, más de 30 años de neoliberalismo aunados a una élite económica rapaz y una élite política sumamente corrupta dejaron un saldo brutal en la nación. De tal forma que no pocos analistas llegaron a cuestionar la existencia misma del Estado mexicano (Lorenzo Meyer, 18 de mayo de 2017) .

Ante esto pareciera que la prioridad del presidente AMLO es recuperar al Estado. Para esto será necesario separar al poder político del poder económico, de tal manera que los intereses públicos se pongan al frente. Igualmente, es preciso reconquistar los espacios perdidos a nivel territorial. La tarea es mayúscula, no obstante, la administración actual ya marcó una clara tendencia en esa dirección. La supervivencia del Estado mexicano es lo que está en juego.