Por: César Octavio Huerta (@zorrotapatio)

02 de octubre 2016.- El acuerdo de paz en Colombia es visto por muchos como si fuese la solución a todos los problemas de ese país. Sin embargo, ese optimismo no lo comparten todos. La líder indígena páez, Vilma Almendra, señala en entrevista para Polemón que la paz no llegará a su nación si no se cambia el modelo económico, el cual proporciona poder casi absoluto a las transnacionales, aplastando con ello los derechos de las comunidades y los pueblos indígenas.

Aunque  Almendra celebra el cese al fuego entre el gobierno y las FARC, la fundadora del Tejido de Comunicación y Relaciones Externas para la Verdad y la Vida en la región del Cauca, alerta que la firma del acuerdo no garantiza el cese del terror y la guerra provocada por el paramilitarismo, que actúa despojando a las comunidades, provocando que la gente se vaya para que así las transnacionales puedan entrar a los territorios.

Vilma Almendra vivió en carne propia los estragos del paramilitarismo. Hija de Luz María Quiguanás, una de las fundadoras de la Asociación de Cabildos Indígenas del Cauca (ACIN), un movimiento liderado por mujeres para recuperar las tierras de los hacendados, tuvo que salir de su comunidad junto con su madre después de una matanza indígena en 1984.

Tras su participación en la Cátedra Jorge Alonso de la Universidad de Guadalajara, Vilma Almendra explica cuáles son las preocupaciones y los desafíos que tienen los pueblos tras el acuerdo de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano.

¿Cuál es tu perspectiva sobre el proceso de paz en Colombia?

Nosotros celebramos que se haya llegado a un acuerdo y que vaya a ver por fin el cese al fuego entre las FARC y el gobierno, que es uno de los problemas que no nos deja vivir en paz en los territorios. Sin embargo, nos preocupa que el modelo no se toca, no se cuestiona. Para los acuerdos se blindó todo el modelo transnacional.

Lo que está pasando después de la firma es que están asesinando… Ya van 14 líderes asesinados. Líderes casualmente que se oponían al extractivismo minero, al fracking y gente que estaba defendiendo el medioambiente, la madre tierra.

En la imagen, Vilma Almendra.

En la imagen, Vilma Almendra.

Celebramos el acuerdo pero nos preocupa mucho eso, porque si no se toca la creación constante de hidroeléctricas, si no se toca el tratado de libre comercio que pone como sujeto de derecho a la transnacional, si no se toca el modelo que está despojando y exterminando a los pueblos, la guerra va a continuar y de hecho está continuando por otros medios.

Nosotros creemos que el desafío ahora de todos los pueblos y procesos es aprovechar ese momento y levantarnos. Así como se están levantando en el Caquetan, en el Putumayo y así como seguramente se levantarán en el Cauca y en todo el país en contra de este modelo. Celebramos que cese la guerra entre esos dos actores pero que nos dé la vitalidad para levantarnos en contra del sistema, en contra del modelo y nos dé garantías mínimas para la movilización y expresión crítica para lo que no nos gusta y es lo que nos encadena al capitalismo.

¿Qué se le debe cambiar al modelo? ¿En que no quieren ceder quienes lo protegen?

No quieren ceder en la acumulación constante de dinero y de riquezas. El sistema económico está en crisis por eso necesita más tecnología, más recursos y más explotación. ¿Quiénes son los explotados? ¿Quiénes son los excluidos? y ¿Cuáles son los territorios en disputa? Justamente son los territorios donde han sido las ancestralidades indígenas, campesinas y negras, las que han cuidado el agua, las que han cuidado las fuentes de oro y todo eso.

En los últimos sesenta años nos desplazaron de los valles a las montañas y vivieron cómodamente, pero ahora ven que en las montañas hay oro, uranío, petróleo, oxigeno, por eso necesitan llegar allá y explotarlo. Con el acuerdo, lo que dicen es, como va a haber paz entre el ejército y las FARC, vamos a poder entrar a esos rincones que estaban protegidos por las FARC.

Es eso, la explotación de recursos y bienes materiales que para ellos son fuente de ganancia de acumulación, para nosotros son fuente de vida, inspiración cultural y son la vida misma, como es la tierra, el agua y el río.

¿La existencia de la guerrilla se dio por las condiciones de vida. ¿Es lo que tampoco se quiere tocar?

Las FARC surgen por la concentración de la riqueza y de la tierra en pocas manos, la explotación de los pueblos. Por eso se necesita un grupo armado que luche para defendernos y nos ayuden. Pero ¿Qué pasa ahora? Esas condiciones que los obligaron a levantarse históricamente, a protestar y tomar un arma para defender los derechos de ellos y los pueblos, no se están tocando. El mínimo que van a ganar, qué va a pasar, como en Guatemala y El Salvador, es un puesto político en el sistema.

Las paredes dicen en Bogotá: "La paz es vida digna rebelde". Foto: César Octavio Huerta

Las paredes dicen en Bogotá: “La paz es vida digna rebelde”. Foto: César Octavio Huerta

Creo que les están dando diez curules para que entren al Congreso. Nosotros creemos que para ellos es importante porque van a jugar un rol ahí, pero qué hacemos con que nos den un puesto dentro del mismo sistema, en la casa capital, donde hay un hueco que tiene sus condiciones, sus reglas y sus fichas, no vamos a transformar nada desde ahí, o se podrá engordar la burocracia y el crecimiento económico de unos pocos, vamos a hacer una ficha del capital a ayudar para que se progrese como debe ser para la acumulación de unos pocos.

¿Qué ocurre con los grupos paramilitares que abren brecha para que avancen las transnacionales? ¿Seguirán existiendo?

Nos engañaron en la última década porque hubo un acuerdo y supuestamente se desmovilizaron los paramilitares. Lo que vemos en la firma de este acuerdo es que se han reorganizado y reestructurado y están por todas partes. Hoy les llaman bandas críminales y están por todas partes. Incluso se dio a conocer un nuevo grupo de limpieza social. A nombre de esa paz que supuestamente habrá, esos grupos se están reorganizando y están matando. Estas quince personas asesinadas en lo que va el corrido del acuerdo, ¿Quién las está matando? Más allá de pensar quién, es pensar a quién benefician, al sistema capitalista que quiere seguir explotando y sacando los recursos naturales de los territorios.

Plaza principal de Bogotá. Foto: César Octavio Huerta

Plaza principal de Bogotá. Foto: César Octavio Huerta

Ante esta panorama, ¿queda esperanza para resistir y no dejar que las transnacionales avancen?

Yo creo que sí, más que esperanza, la necesidad concreta de levantarse y transformar, pero entendiendo dos cosas: tener la claridad que este acuerdo que se firma es un mínimo concreto mecanismo entre el gobierno y las FARC, pero no son la paz, es el cese al fuego, pues la paz se tiene que construir desde abajo, con los pueblos, con los procesos, autonomías y resistencias. Y entender que este fascismo está creciendo, que los paramilitares se siguen reagrupando y que van a ser ahora el enemigo más contundente, que va a estar haciendo masacres, asesinando y despojando el territorio para que llegue la transnacional a aprovechar los recursos que quedan por el miedo y el desplazamiento que se está dando otra vez.

¿Los pueblos están organizándose para enfrentar esto?

Es un desafío, ahora no lo vemos así, lo que vemos es que el acuerdo logró cooptar muchas luchas e institucionalizar muchas resistencias. La mayoría de organizaciones más visibles están en el acuerdo y no se permiten hacer esa mirada crítica, dicen que es la paz. Pienso que hay una confusión por la coptación y la agresión pero si siguen habiendo voces como las y los liberadores de la madre tierra, como la gente que está movilizándose en el Putumayo, como los grupos afros que se levantaron en el norte del Cauca para decirle no a la explotación de los cementos y arenas. Con los quince muertos la gente está viendo que en realidad no era cómo nos decían, que a partir de agosto la paz iba a ser. El desafío es reconocer que esa no es la paz, que hay que hacerla desde abajo y tejer resistencias y autonomías con otros pueblos más allá de Colombia, aprendiendo de las experiencias de otros lugares.