Por: César Octavio Huerta (@zorrotapatio)

05 de agosto 2016.- “La Minerva no tiene daños estructurales serios ni está a punto de caerse ni colapsar”. Es una de las conclusiones del escultor Alfredo López Casanova tras conocer los resultados del diagnóstico realizado por la restauradora Karla Jáuregui y presentado ayer por el Gobierno de Guadalajara, en el que se establece que el monumento presenta daños severos.

“Como está construida La Minerva, por su solución plástica compacta, su verticalidad y gran volumen, la escultura se soporta por sí misma porque no está en juego ningún volumen en desequilibrio, es  muy sólida, es como un bloque que no corre riesgo estructural porque no es una pieza que tiene los brazos abiertos y entonces puedas argumentar que los brazos están  en tensión constante con el viento y se puede caer”.

El escultor tapatío, creador de la estela contra el olvido en memoria de las víctimas de las explosiones del 22 de abril de 1992, y ganador en 2012 del premio Juan Soriano, es enfático al señalar que no se puede justificar un gasto millonario en la reparación de la emblemática escultura, pues los daños que presenta en las fisuras son normales, causados por el paso del tiempo y  no rebasan los 2 millones de pesos, incluida la renta de los andamios.

“La Minerva fue realizada en términos técnicos con una gran calidad y está hecha a conciencia y  profesionalismo  como se hacían todas las esculturas en los años 40s y 50s. En términos estructurales es muy sólida tanto en el modelado exterior como en su estructura interna. Imagínate que es como un bloque de cantera solido, fuerte,  parado ahí, que no tendría ninguna razón para caerse, basta con que unos fundidores se suban ahí, vean las grietas o fisuras de los pedazos que la componen, le metan cordón de soldadura que llegue hasta adentro y fortalezca las uniones, la pulan, la limpien y la vuelvan a patinar. No hay riesgo estructural, no hay nada que justifique un gasto millonario”.

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

En contraste con lo expuesto por Ricardo Agraz, director de Proyectos del Espacio Público del Ayuntamiento de Guadalajara, quien indicó que le cuesta creer que La Minerva no se haya colapsado porque no tiene ninguna estructura interna que la soporte y “es un cascarón de huevo extremadamente frágil”, López Casanova explica que la escultura no fue hecha de una sola pieza, está fundida por partes y armada por pedazos, cuenta con una fuerte estructura interna que la soporta perfectamente y las fisuras  son sólo eso, pues con los años les aparecen a todas las esculturas de dimensiones considerables y por ellas no entra agua considerable o suficiente que sea capaz  de oxidar y debilitar la estructura, el alma o esqueleto interno de La Minerva.

“La fundición de las esculturas y su grosor dependen del tamaño. Si es de dos o tres metros o más grandes, los pedazos a fundir, van de seis milímetros a tres centímetros o más y tienen un armado estructural interno porque tienen que soportar las partes que van a ir uniéndose. Se van soldando, se van armando de abajo hacia arriba y adentro tienen una especie de esqueleto que les permite que las partes unidas se mantengan en su lugar, y si quieres le metes un colado de cemento para reforzar, pero ojo, eso depende del cálculo estructural, no es tan débil como un cartón de papel o de huevo”.

“Decir esto es tan irresponsable como decir que el escultor cometió un fraude al ahorrarse unos pesos por no meter estructura  y eso  no es posible, y no se soporta porque tanto los escultores de aquella época y los arquitectos eran obsesivos y minuciosos y profesionales  en sus obras y proyectos”.

Fisura en la escultura de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Fisura en la escultura de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

López Casanova resalta las bondades del bronce en la fabricación de esculturas, pues este metal tiene dos méritos: “no se oxida ni se carcome como sucede con el fierro al paso del tiempo o con el agua. Al bronce lo más que le puede pasar es oscurecerse. Por eso tenemos escultura de fundición de la época griega, antes de Cristo, que no les ha pasado nada y se siguen hallando bajo el agua. Tanto en Roma como en Grecia, dos de las culturas más antiguas, a algunas las metieron bajo sombra pero te puedes encontrar esculturas de cientos de años, en espacios abiertos de la ciudad y no les pasa nada, lo que hay que hacer es darles mantenimiento permanente pero no tienen un daño estructural”.

El escultor, egresado de una maestría en arte urbano en la Antigua Academia de San Carlos (UNAM), no duda en respaldar el trabajo de escultores del siglo pasado de la talla de Joaquín Arias, Miguel Miramontes, Rafael Zamarripa, Ignacio Asúnsolo, Ernesto Tamariz, pues “tienen un oficio de la vieja escuela que no permitirían y no se les pasaría hacer una escultura que no tenga una estructura suficiente bien armada, con capacidad para mantenerse, con calidad constructiva al paso de los años. En aquel tiempo había una fundidora a nivel nacional que se llamaba Fundidores Artísticos de México que hacía las cosas de gran calidad y allì se fundió la Minerva”.

El alcalde Enrique Alfaro, la restauradora Karla Jáuregui y el director de Proyectos del Espacio Público, Ricardo Agraz, durante rueda de prensa sobre La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

El alcalde Enrique Alfaro, la restauradora Karla Jáuregui y el director de Proyectos del Espacio Público, Ricardo Agraz, durante rueda de prensa sobre La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Aunque el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, argumentó que se hizo una búsqueda extensiva en los archivos municipales y no encontraron documentos del proceso de construcción y la adquisición de La Minerva, López Casanova asegura que esa información debe estar en el Archivo de Obras Públicas del Ayuntamiento o en el Archivo del Estado, pero es muy probable que la familia de Joaquín Arias (fallecido en 2013) tenga una copia de la memoria constructiva.

Por ello considera que el Gobierno tapatío erró desde el inicio, pues lo primero que debió hacer es contactarlos para conocer las especificaciones técnicas de la escultura y saber cómo está construida, qué tipo de armado tiene y cuál es su soporte estructural, sin necesidad de gastar una cifra millonaria en la elaboración de un “diagnóstico exhaustivo”.

“Debieron consultar a la familia de Joaquín Arias, los hijos pudieran estar con la mejor voluntad de mostrar la información y aportar lo necesario para el mantenimiento de la escultura, porque para la familia y el escultor,  esta escultura fue la que mejor hizo en su vida, la que más quería y la que más satisfacciones le dió  “. Además tanto el escultor como la familia, cuentan con los derechos de autor y debieron o deben ser informados por la gravedad del asunto si es que fuera cierto.  Bastaba que levantaran el teléfono y hablaran a la familia que vive en San Luis Potosí y los datos se encuentran en las oficinas del Patio de los Ángeles, en Analco.

“No es posible gastar 8 millones de pesos en una escultura pues su mantenimiento no debe rebasar cuando mucho los 2 millones de pesos y dejar los otros 6 millones de pesos para solucionar los problemas graves y urgentes que tiene Guadalajara, como la inseguridad, la escasez de agua, el mantenimiento de los espacios públicos, banquetas, bacheo, un montón de cosas que hacen falta”.

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Voluntad

En sus tiempos de estudiante de la maestría en Arte Urbano, López Casanova participó en la restauración de la escultura de la diosa de la fortuna ubicada en Plaza Tapatía, obra realizada con la mejor calidad por el tataranieto del escultor italiano Carlo Nicoli, quien se ofreció a restaurarla sin cobrar ni un solo peso.

“Yo participé en la restauración de la escultura de la diosa de la fortuna en Plaza Tapatía, que ahora está adentro del Teatro Degollado. La restauración y reincorporación de la mano y el bastón    No costó ni un peso. Escribí a la familia del escultor Carlo Nicoli que  entre 1870-1880 la hizo, en su  taller de Carrara,  Italia, me contestó el tataranieto y me dijo: ‘estaba pérdida esa escultura, con mucho gusto hago la restauración y reintegro personalmente tanto la mano como el bastón   no cobro, sólo páguenme el avión y el hospedaje’. Estuvimos por espacio de una semana o diez días trabajando  y sin cobrar un sólo centavo. Sólo la satisfacción de recuperar una obra para Guadalajara”.

Para Alfredo López Casanova, las esculturas de la ciudad podrían ser rescatadas sin la necesidad de gastar una cuantiosa suma de dinero, donde intervenga un equipo de profesionales que estén unidos por el amor al patrimonio cultural de la ciudad.

“Falta voluntad para buscar las mejores soluciones a los problemas de la ciudad, para que los profesionales sin aspiración a ganar dinero sino solamente querer la ciudad, unan esfuerzos para que las cosas tengan mantenimiento y cuesten lo menos posible”.

El escultor Alfredo López Casanova, días antes del colocamiento de su obra en el Parque González Gallo. Foto: César Octavio Huerta

El escultor Alfredo López Casanova, días antes del colocamiento de su obra en el Parque González Gallo. Foto: César Octavio Huerta

Alternativas

Antes de contratar una empresa y pagarle una cifra millonaria, el Gobierno de Guadalajara tiene mejores opciones para darle mantenimiento a La Minerva y otras esculturas emblemáticas de la ciudad, es lo que piensa Alfredo López Casanova, quien tiene algunas propuestas.

Una de las alternativas es buscar la firma de un convenio con algunas instituciones tanto estatales como federales dedicadas al mantenimiento de las esculturas, sin necesidad de gastar o hacer negocios con empresas.

La otra opción es crear una Comisión de Mantenimiento de las esculturas integrada por especialistas, trabajadores del propio ayuntamiento y estudiantes de la  licenciatura de Artes Plásticas en la Universidad de Guadalajara y la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO), dándoles un salario digno para tener profesionistas que estén revisando y restaurando los monumentos de la ciudad.

“Todas las esculturas de la ciudad requieren mantenimiento. Hace mucho tiempo le mandé una carta a un presidente municipal de Guadalajara en el que le planteaba una Comisión de Mantenimiento de las esculturas, donde hubiera especialistas y una partida de dinero para que pudiera estar dando mantenimiento, cuidando y evitando ciertas aberraciones que se hicieron en el espacio público como la horrenda escultura de Juan Pablo II que pusieron frente a  Aranzazú que obstruye la vista al templo y es un atentado al paisaje arquitectónico”.

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

Intervención de La Minerva. Foto: Gobierno de Guadalajara/Flickr

La diosa Minerva

La escultura de la diosa Minerva es obra del escultor Joaquín Arias Méndez, realizada por encargo del entonces gobernador Agustín Yáñez. El proyecto de la glorieta fue elaborado por el arquitecto Julio de la Peña y su inauguración se dio en el año de 1956 con un costo de 100 mil viejos pesos.

A riesgo de que lo puedan “estrangular” en Guadalajara, el escultor Alfredo López Casanova estima que La Minerva es una escultura malhecha, achaparrada, mal modelada, técnicamente muy básica, sin mucho mérito estético y sin mayor gracia, pues quizá eso era lo que pedía el gobernador Agustín Yáñez.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los tapatíos se apropiaron de ella, la hicieron suya como un monumento emblemático de la ciudad.

“A La Minerva la fuimos queriendo como tapatíos, como gente que quiere a la ciudad y adopta un buen edificio, una buena escultura. El impacto de La Minerva se produjo en los años que se construyó, estaba ubicada en la entrada y salida de Guadalajara en el poniente de la ciudad y sus alrededores estaban vacíos, durante muchos años lo único que teníamos ahí fue a La Minerva y se consolidó como un símbolo referencial. La fuimos adoptando, fuimos creciendo con ella, la construimos como simbólico en acciones y eventos, cuando ganaban las Chivas, en el Mundial, en las protestas de todo tipo “.

“Las esculturas tienen el mérito estén malhechas y bienhechas, se transforman en un referente y símbolo de las ciudades porque están en un espacio público y tienen su impacto referencial en la gente. La escultura es un objeto que interviene el espacio y es difícil quererla pero cuando se le quiere, se le quiere bien y si se quita de su lugar, es como si algo faltara ahí, es parte de nuestra identidad como habitantes de una ciudad”.