El proceso electoral de 2021 está más cerca de lo que parece. En dos meses termina el presente año y el siguiente es la antesala para que los grupos políticos comiencen a generar acuerdos, negociaciones, hacer grilla y aceitar sus estructuras para la siguiente elección.

En Jalisco no es la excepción. Algunos columnistas ya han comenzado a plantear posibles escenarios y alianzas. Por ejemplo, el martes pasado el periodista Diego Petersen señaló que “los naranjas” comienzan ya a trabajar una alianza con el PAN. Pues es una prioridad para Enrique Alfaro generar gobernabilidad para la segunda mitad del sexenio.

Esta declaración sólo reafirma que la gestión del gobernador se encuentra en un momento crítico. Desde el comienzo de su periodo no ha logrado generar una tendencia o percepción favorable. Lo cual es una derrota simbólica para uno de los personajes que a nivel nacional era visto como referente gracias a su estrategia de comunicación política o, para algunas personas, como candidato presidencial para la elección de 2024.

El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. Foto: Especial

Por tal motivo el gobernador necesita construir alianzas porque es casi seguro que, en 2021, su partido Movimiento Ciudadano perderá la mayoría en el Congreso de Jalisco e incluso, algunos de los municipios más poblados del estado.

No hay que pensarle mucho, la alianza natural de Enrique Alfaro es con el PAN. No sólo porque en 2018 se agruparon para construir mayoría, también porque el crecimiento de MC ha sido inversamente proporcional al declive de Acción Nacional en Jalisco. Cuando uno gana, se desinfla el otro. Por eso el giro a la derecha que ha tenido la trayectoria ideológica del alfarismo se debe a la necesidad de atraer al votante conservador.

En cambio, para los otros partidos políticos, la situación crítica que está viviendo el gobernador es un terreno fértil para impulsar un discurso de cambio. Lo cual le serviría a la oposición que al menos hasta este momento sigue desarticulada.

Sin embargo, lo que no está desarticulado es el malestar generalizado con el gobierno de Alfaro. El gobernador ha quedado a deber. Además, la ciudadanía no es ingenua, sabe que no todos los problemas de Jalisco son responsabilidad del Gobierno Federal, ni un complot de algunos medios locales.

Históricamente en Jalisco se ha transitado de un partido a otro cuando el electorado está desencantado. Se sabe que el voto de castigo es infalible. Lo cual muestra que la identificación partidista no es el principal atributo de los jaliscienses. Y si es necesario se anula el voto, como ocurrió en algunos distritos durante la elección de 2009.

Es así que, ante el descontento con el alfarismo, nos encontramos en una sutil pero emergente reconfiguración política. Propiciando que la pregunta ya no sea si Movimiento Ciudadano perderá la mayoría en el Congreso, sino frente a quién lo hará.

Es muy posible, y con esto termino, que la reconfiguración que está por venir deje atrás aquel escenario electoral que sólo sustituía el color del partido que se llevaba todo el pastel; ahora veremos una fragmentación de diferentes colores.

Por un lado, la incorporación de Futuro como un partido atractivo para cierto sector de jóvenes puede fracturar el ala progre y urbana de MC y, por otro lado, el ascenso de Morena en Jalisco se está consolidando como opción para amplios sectores del electorado. Y aunque tiene problemas internos, su bandera principal es la figura de López Obrador. Esto no es menor, el Presidente tiene más aceptación que Enrique Alfaro en Jalisco, es más, tiene más aceptación que en la Ciudad de México. Pero esa es otra reflexión.