No es nuevo. Desde antes de 2000 Andrés Manuel López Obrador ha sido objeto de fake news (antes no se les llamaba a éstas así). Cuando en Tabasco contendió por la gubernatura. Cuando quiso ser Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Cuando fue candidato a la Presidencia en las elecciones de 2006. Cuando fue candidato a la Presidencia en las elecciones de 2012. Cuando fue candidato a la Presidencia en las elecciones de 2018. Y ahora, cuando es Presidente Constitucional de México.

Siempre, quienes odian, detestan o temen a AMLO han ideado, inventado y difundido noticias falsas entorno a él, a su historia personal, a su familia y a lo que pretende como líder político.

No es algo nuevo esta andanada de falsedades. No es algo que haya comenzado apenas hace unos meses. Al contrario, es una práctica vieja, y viene de los que desde hace años no quieren a AMLO.

Este fenómeno de las fake news, hoy con las redes sociales y la “viralización” de información, tiene una gran desventaja y también una ventaja.

La desventaja es que las informaciones falsas son más fáciles de difundir. Alguien pone algo falso, y si varias personas lo difunden, puede que esa mentira pase después ya como una verdad inatacable. Un hecho consumado. Un algo no debatible.

A eso le apuestan los odiadores de AMLO.

La ventaja nace también de esa desventaja: así como es fácil “viralizar” una mentira, también es factible combatirla.

Antes, en 2000 o en 2006, e incluso en 2012, las mentiras que se decían de AMLO era complicado contrarrestarlas. Las lanzaban en los grandes medios, y se convertían como una verdad única. No había forma de decir que no, de debatir, de mostrar pruebas.

Ahora es distinto: si bien son más las mentiras, también la capacidad de evidenciar que son mentiras es factible. No imposible, como era antes.

En estos 8 meses de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las fake news han sido muchísimas. Las hay de las que venían de antes, y las que se han inventado ahora. Sin embargo, en estas últimas semanas ha comenzado un embate muy fuerte, bien planeado, con estrategia para golpear. Y dos ejemplos lo demuestran.

Después de la masacre que un supremacista estadounidense hizo en un centro comercial de El Paso, Texas, se comenzó a indicar que tenía relación con el discurso de odio de Donald Trump. Hasta ahí, bien.

Sin embargo, pronto quienes odian a AMLO idearon la estrategia de golpearlo con esa matanza, y fue que buscaron establecer que había un supuesto “discruso de odio” de AMLO que era igual al de Trump y que podía provocar hechos tan lamentables como el de El Paso. Es decir, equiparaban a AMLO con Trump, y prácticamente lo hacían culpable de la matanza por el hecho de que también “tiene un discurso de odio”.

Conferencia de prensa de AMLO en Valle de Bravo, Estado de México, el 5 de agosto de 2019.

Esta información evidentemente falsa fue difundida por redes sociales, ya fuera con bots (robts cibernéticos) o por los “intelectuales conservadores”. Trataron de hacer verdad eso, y poner a AMLO en el mismo nivel de Trump, casi como co-responsable de las matanzas en Estados Unidos. Así de absurdo.

A los dos días, otra fake news con la misma estrategia: un senador del PAN difundió una propuesta de gasto público que dio como si hubiera sido una compra, y aseguró que el gobierno de AMLO compraba longaniza a precio, digamos, “fifí”. Pronto, un ejército de bot y algunos “intelectuales” conservadores comenzaron a criticar al gobierno de AMLO, diciendo que eran lo mismo que los gobiernos anteriores e incluso comparando esto con el “toallagate” de Vicente Fox y Martha Sahagún.

La estrategia es clara: inventar noticias falsas, hacerlas pasar como ciertas, y con ello desprestigiar a AMLO. Es una estrategia, claro está, sin ninguna calidad ética, pero a los odiadores del actual presidente no les importa eso.

Por eso es tan importante estar atento. La información falsa es mucha, y su objetivo es simple: desgastar al gobierno de AMLO. Y eso es ruin: socavar a una administración a partir de falsedades. Sí, han atacado siempre y con la misma falsedad y carencia de calidad ética, pero ahora hay posibilidades de evidenciarlos. De dejarlos como lo que son: unos mentirosos. Unos cínicos.