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Jorge García Orozco, el sicario digital de Movimiento Ciudadano

Jorge García Orozco se dice periodista. Se presenta en redes sociales como analista político, comentarista y “crítico incómodo” del poder. Pero detrás de esa fachada hay una historia mucho menos glamorosa y bastante turbia: la de un operador de guerra sucia digital formado en las entrañas de las agencias de propaganda política, especializado en fabricar campañas negras, amplificar noticias falsas y convertir redes sociales en un basurero político al servicio de Movimiento Ciudadano.

Su historia no comienza en una sala de redacción ni cubriendo una nota en la calle. Comienza en las oficinas de propaganda política que ayudaron a fabricar la imagen de Enrique Alfaro y a destruir reputaciones desde el anonimato digital. Ahí, en ese ecosistema, García Orozco encontró su verdadero oficio: no informar, sino golpear. No investigar, sino intoxicar la conversación pública.

Ahí, entre oficinas improvisadas, campañas anónimas y operadores obsesionados con el algoritmo, Jorge García Orozco encontró un lugar: su lugar. No como gran estratega, mucho menos como periodista brillante, sino como un mercenario digital.

El comunicador rechazado que terminó en la cloaca digital

Egresado de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), García Orozco intentó vincularse a medios de comunicación de Jalisco. No lo consiguió. Fue rechazado prácticamente en todos.

Entonces buscó trabajo donde sí valoraban otro tipo de habilidades: las agencias políticas que orbitaban alrededor de Movimiento Ciudadano.

Entró así al ecosistema de Euzen, Indatcom y La Covacha, empresas de los consultores de marketing político, Rafael Valenzuela, Ismael Sánchez Anguiano y Juan Manuel Andrade Nery, las cuales terminaron convertidas en piezas centrales de la maquinaria propagandística que ayudó a Enrique Alfaro primero a conquistar Tlajomulco, luego Guadalajara y finalmente la gubernatura de Jalisco.

El director de Euzen, Rafael Valenzuela y Enrique Alfaro.

Dentro de esas agencias, García Orozco soñaba con convertirse en estratega de alto nivel, asesor influyente y cerebro del cuarto de guerra alfarista. La realidad fue mucho más modesta.

Excolaboradores de aquellas oficinas lo recuerdan como un operador secundario, dedicado a producir contenidos de ataque y campañas negras.

“Jorge García trabajaba en Indat. No sé si aún lo haga, pero por lo que veo sigue ahí. Él hacía contenidos de guerra sucia que la empresa hacía a petición de Euzen y de los dirigentes de Movimiento Ciudadano en Jalisco”, relata uno de los testimonios recabados para esta investigación.

Jorge García Orozco. Foto: Redes sociales

El mismo testimonio lo describe sin demasiada consideración: “Yo la verdad es que lo consideraba muy limitado. Siempre lo cagaban por sus post, y hasta Ismael, que en ese momento era el dueño y jefe de Indat, a cada ratito lo regañaba por, digamos, pendejo”.

Pero incluso desde ese papel gris encontró una utilidad para el aparato naranja: convertirse en sicario digital.

Jorge García Orozco. Foto: Redes sociales

El Fisgón Político: la cloaca de MC

Resignado a operar desde las sombras, García Orozco creó El Fisgón Político, un portal y página de redes sociales desde donde comenzó a publicar contenidos anónimos dirigidos contra adversarios políticos de Enrique Alfaro.

No era periodismo. Era propaganda agresiva disfrazada de filtración.

Desde ahí difundieron rumores, ataques personales, campañas de desprestigio y hasta información sensible de familiares de adversarios políticos. Uno de los episodios más miserables fue la difusión de detalles privados relacionados con la fiesta de quince años de la hija del entonces gobernador Jorge Aristóteles Sandoval.

No había límites éticos. Tampoco escrúpulos. La lógica era sencilla: destruir reputaciones desde el anonimato.

La periodista Sonia Serrano documentó en NTR cómo las agencias ligadas a MC operaban una oficina conocida internamente como “Machete”, dedicada específicamente a fabricar contenidos para páginas aparentemente “periodísticas” como El Fisgón Político y Jalisco Rojo.

Según aquella investigación, el primer centro de operaciones era una finca semiabandonada en avenida Américas, en Guadalajara.

“Cuando llegamos había heces de gatos y cucarachas”, narraron trabajadores citados por Serrano.

Finca semiabandonada donde operaba Indatcom

Pese a las malas condiciones del lugar, El Fisgón Político nunca fue una página marginal. Detrás tenía dinero, estructura y operadores profesionales dedicados a intoxicar la conversación pública. Desde ahí salían campañas digitales que después eran infladas con pautas millonarias y granjas de bots.

Aunque por muchos años las agencias negaron tener alguna relación con páginas de ataque como El Fisgón Político, en 2024 la alianza periodística Los Ilusionistas, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), reveló que Euzen, La Covacha, Indatcom y El Fisgón Político compartían la misma dirección IP.

Es decir: operaban desde la misma estructura tecnológica. No eran proyectos independientes. Eran parte de una misma maquinaria digital.

Ahí, Jorge García Orozco terminó convertido en operador de confianza, administrador de cuentas falsas, amplificador de ataques y difusor de contenidos manipulados. Un personaje obsesionado con obtener reconocimiento público después de años trabajando desde el anonimato.

Jorge García Orozco. Foto: Redes sociales

El aviador del medio público de Jalisco

La llegada de Enrique Alfaro a la gubernatura significó para García Orozco algo más importante que una victoria política: significó salir del clóset digital.

Por fin podría dejar de esconderse detrás de páginas anónimas y comenzar a firmar con su nombre.

El premio llegó rápido. Fue nombrado director de contenidos y redes sociales en el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, donde comenzó a cobrar 50 mil pesos mensuales desde octubre de 2019, unos 600 mil pesos anuales pagados con dinero público.

Lo paradójico es que, mientras cobraba en un medio público, dedicaba gran parte de su actividad a atacar a Morena y a la Cuarta Transformación desde sus redes sociales personales.

Es decir: un sicario digital viviendo del presupuesto público. Un auténtico aviador.

Y mientras el viejo Fisgón Político operaba desde el anonimato, Jorge García Orozco comenzaba ahora a venderse como “periodista de investigación” y colaborador de medios como Emeequis.

“La verdad es que no sé cómo se convirtió en un influencer que incluso medios serios lo retoman o lo citan. Entiendo que es el contexto político, pero a mí me da la idea de que lo eligieron a él para inflar sus cuentas, y vía esas cuentas sacar un montón de porquería, que por supuesto no es periodismo. Después de que me salí de trabajar de ahí, como en el 2017, supe que se había ido a los medios públicos de Jalisco y de repente sale como influencer periodista que ataca a la 4T. Está bien raro eso. Yo pienso que lo usan y él, como tenía tanta necesidad de reflectores, aceptó”, cuenta un testimonio de alguien que trabajó muy cerca de él.

Jorge García Orozco. Foto: Redes sociales

El matancero y mil usos de Tlaquepaque

Mucho antes de convertirse en aviador de la televisión pública jalisciense y cuando todavía operaba desde las cloacas digitales bajo el alias de El Fisgón Político, Jorge García Orozco ya había encontrado refugio en la nómina pública gracias a Movimiento Ciudadano. Su primera pista de aterrizaje fue el Ayuntamiento de Tlaquepaque, tras el triunfo de la emecista María Elena Limón.

De acuerdo con registros de la Plataforma Nacional de Transparencia, García Orozco cobró entre 15 mil y 18 mil pesos mensuales de 2015 a 2021 mediante contratos por honorarios. Es decir, mientras se dedicaba a operar campañas de guerra sucia y propaganda digital vinculadas al alfarismo, también recibía recursos públicos del municipio gobernado por MC.

Algunos de los contratos por honorarios de Jorge García Orozco en Tlaquepaque 👇

Pero la historia se volvió todavía más surrealista en 2022, cuando la también emecista Mirna Citlalli Amaya llegó a la alcaldía y decidió incorporarlo formalmente a la nómina municipal. Ahí comenzó el desfile de cargos tan variopintos como reveladores: Jorge García Orozco aparecía lo mismo de “auxiliar administrativo” que como “oficial jardinero”; un día figuraba como “ayudante general en cementerios” y otro como “matancero”, es decir, encargado de sacrificar, destazar y descuartizar reses en un rastro municipal.

En el gobierno de Amaya, García Orozco cobraba sueldos mensuales hasta por 38 mil pesos sin mover un solo dedo ni desempeñarse en las funciones variopintas en las que era registrado en la nómina.

En total, durante 9 años de aviaduría en los gobiernos de Movimiento Ciudadano en Tlaquepaque, Jorge García Orozco se habría embolsado más de un millón 620 mil pesos, al mismo tiempo en que mantenía una intensa actividad política en redes sociales, difundiendo ataques, campañas negras y operaciones digitales contra adversarios de dicho partido.

Es decir: mientras cobraba del erario con puestos que parecían sacados al azar de una tómbola burocrática, seguía operando como uno de los gatilleros digitales del alfarismo.

La historia terminó abruptamente con la llegada de Morena al gobierno municipal. Cuando Laura Imelda Pérez asumió la Alcaldía de Tlaquepaque, Jorge García Orozco dejó de cobrar como aviador del ayuntamiento. Se acabó así, al menos en esa dependencia, la nómina de los mil usos: jardinero, empleado de panteón, auxiliar administrativo… y matancero.

El profesor que ataca a la UdeG

Ni siquiera la Universidad de Guadalajara (UdeG) escapó de las campañas negras de Jorge García Orozco. Y la contradicción raya en el cinismo: desde 2020 cobra como profesor de asignatura en la Preparatoria 20 de la UdeG, mientras participaba activamente en operaciones digitales contra la propia institución que le paga el sueldo.

La propia UdeG publicó un análisis de redes sociales en el que denunció ataques coordinados, perfiles tipo bot replicando mensajes idénticos y campañas de desgaste dirigidas contra publicaciones del rector general y cuentas oficiales de la universidad. Varias de esas interacciones estaban vinculadas al ecosistema de páginas y cuentas relacionadas con El Fisgón Político, el proyecto de guerra sucia digital con el que García Orozco ha operado durante años.

El mecanismo era el mismo que utilizaban las granjas digitales ligadas al alfarismo: inundar redes con ataques sincronizados, fabricar tendencias artificiales y convertir diferencias políticas en linchamientos digitales. Todo amplificado por perfiles anónimos que actuaban como enjambre.

La paradoja terminó siendo brutal: García Orozco cobra en la UdeG mientras ayuda a golpearla desde redes sociales.

La mentira del aeropuerto “tomado”

Jorge García Orozco no sólo se dedica a golpear políticamente en redes sociales; también se ha especializado en la difusión de noticias falsas disfrazadas de “filtraciones” o “exclusivas”. Su método suele ser el mismo: rastrear documentos en la Plataforma Nacional de Transparencia, extraer fragmentos aislados de información y luego construir narrativas llenas de insinuaciones, medias verdades y especulaciones diseñadas para atacar a la Cuarta Transformación.

Una de sus operaciones más escandalosas ocurrió en febrero de este año, cuando se convirtió en uno de los principales propagadores de la mentira de que el Aeropuerto Internacional de Guadalajara había sido “tomado” por integrantes del crimen organizado tras los rumores sobre el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Sin una sola prueba sólida, sin confirmación oficial y apoyándose únicamente en versiones difundidas desde cuentas afines a la derecha digital, García Orozco ayudó a amplificar el pánico y la desinformación. El mensaje era explosivo: hacer creer que uno de los aeropuertos más importantes del país había caído bajo control del narco.

La realidad fue otra. Nunca existió una toma del aeropuerto. No hubo ocupación armada ni control criminal de las instalaciones. Pero para operadores digitales formados en la lógica de la guerra sucia, la verdad es irrelevante. Lo importante es posicionar la narrativa, volverla viral y alimentar la percepción de caos e ingobernabilidad contra el gobierno federal.

La mentira se propagó rápidamente gracias a una red de cuentas sincronizadas, influencers políticos y páginas acostumbradas a operar campañas de miedo. Y ahí estuvo, otra vez, Jorge García Orozco: no como periodista verificando información, sino como amplificador de rumores y fabricante de confusión digital.

Además, García Orozco tiene una constante en su trayectoria: golpear mediáticamente a las empresas o instituciones donde trabaja o trabajó. El día en que se difundió la noticia sobre el abatimiento de “El Mencho”, él fue uno de los principales generadores de contenidos falsos y alarmistas relacionados con el aeropuerto tapatío.

Después intentó justificarse argumentando que, debido a la vorágine informativa del momento, no pudo verificar adecuadamente la información. Sin embargo, la explicación se cae por sí sola. Habría bastado hacer lo que haría incluso un estudiante de primer semestre de periodismo: llamar a fuentes dentro del aeropuerto, confirmar operaciones aéreas o verificar con autoridades locales antes de lanzar una versión tan delicada.

Más aún porque García Orozco conocía perfectamente el funcionamiento del aeropuerto. De 2009 a 2011 trabajó en el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), empresa que opera el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, desempeñándose como analista en el área de relaciones públicas.

Es decir, no era un improvisado ajeno al tema. Sabía cómo funciona el aeropuerto, conocía los protocolos internos y tenía claridad sobre la magnitud de lo que estaba difundiendo. Y aun así decidió desinformar, generar alarma social y alimentar el caos digital. De paso, también golpeó mediáticamente a quien fue su antiguo empleador.

Porque al final, esa ha sido la constante de su trayectoria: disfrazar propaganda de periodismo y convertir las redes sociales en una fábrica permanente de desinformación política.

El negocio multimillonario de la guerra sucia emecista

Tener a un mercenario digital como Jorge García Orozco entre sus filas, ha sido altamente redituable para las empresas Euzen, Indatcom y La Covacha.

Desde los tiempos de Enrique Alfaro en Tlajomulco hasta su paso por el gobierno estatal, la triada de empresas obtuvó al menos 486 millones de pesos en contratos públicos.

El modelo después se exportó a otros gobiernos de Movimiento Ciudadano, como el de Samuel García en Nuevo León, donde Indatcom recibió contratos por 50 millones de pesos para promoción digital.

Así, detrás de Jorge García Orozco no hay un periodista rebelde ni un investigador incómodo. Hay una industria completa de propaganda política financiada durante años con dinero público.

Y él es uno de sus productos más acabados: un operador criado entre bots, campañas negras y oficinas de guerra sucia que terminó creyéndose periodista después de pasar años trabajando en la cloaca digital del alfarismo.

Hoy, muchos comunicadores ligados a la derecha lo consideran un referente del “periodismo de investigación”, sin embargo, lo que en realidad representa es la desinformación promovida por el partido político Movimiento Ciudadano, que, en lugar de mancharse las manos de guerra sucia, lanza al ruedo a personajes como García Orozco.

2 Comentarios

  1. Jgb

    29 mayo, 2026 at 5:17 am

    Asé falta una justicia alternativa que le ponga en la ma$%$%&$35dre ha sicarios de la informacion

  2. Alfredo s

    29 mayo, 2026 at 4:05 pm

    Investigación del gangoso y labio leporino

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