Carta pública a Alfredo Jalife (Con un prólogo exclusivo para ti, que todavía dudas en apoyar la campaña de Polemón que se acaba el martes, seas quien seas:) Admito, reconozco, pero no lamento haber escrito y emitido el siguiente tuit: “Jalife debe ser exterminado”. Fue un exabrupto que no invoco para usarlo como atenuante. Me salió del alma inmortal que no tengo. Fue un abucheo proveído por la exasperación que, acumulándose tuit tras tuit, estalló por fin hace poco, a raíz de las últimas catilinarias de Alfredo Jalife contra David Korensfeld, ex director de Conagua, contra Isaac Chertorivsky, secretario de Mancera, contra José Woldemberg y contra Claudia Sheinbaum, a quienes, como si los hubiera formado delante del paredón, los fusiló con una ametralladora de odio disparando ráfagas de letras que en todos los casos formaron la palabra “sionista”.

Sionista que nos conste es Korensfeld: amigo de Netanyahu, privatizador del agua, ídolo de Peña Nieto, un cerdo estilo Ayelet Shaked, la ministra de Justicia de Israel que siendo diputada pidió el asesinato de todas las madres palestinas, para que dejen de parir serpientes, es decir, niños, entre ellos los cientos o miles de niños divinos que hemos contemplado sobre pilas de cadáveres en Gaza.

Ignoro cuáles sean las actividades sionistas de Chrertorivsky. ¿Fue sólo un pacto entre judíos su asociación con Simón Levy para el corredor $hopultepec, un acuerdo étnico, una conspiración semítica? ¿Por qué o por cuánto este probable tráfico de influencias dentro del gobierno de Mancera los hace sionistas?

De José Woldemberg –por José Joaquín Blanco supe, años ha, que se pronuncia “Bóldemberg”, y por uno de los artículos enloquecidos de Jalife supe que su apellido materno es Karakowsky– puede decirse que, durante el sexenio de Zedillo, se agigantó al construir una pieza que la maquinaria necesitaba desesperadamente. Pepe Woldemberg edificó el IFE perfecto que legitimó, urbi et orbi, el triunfo del PAN, la derrota del PRI, la victoria de un imbécil que fue sucedido por un genocida, y con esta obra arquitectónica Pepe le dio un gran alivio al sistema de dominación mexicano. ¿Esto lo convierte en sionista? Ignoro qué expedientes equis tecate o dos equis guarde Jalife en sus archivos inéditos para sostenerlo, pero lo que también sé es el que el IFE de Woldemberg Karakowsky sirvió de modelo para crear el instituto electoral de Irak, que organizó por cierto un cooperante colombiano. Hasta aquí mi prológo.

Alfredo:

Sólo por una mera fórmula de cortesía te ofrezco disculpas por el exabrupto que enderecé en tu contra en fechas recientes. Sabrás que no fue el primero. Deseo que de ahora en adelante se convierta en el último. Juro –y quizá la policía cibernética lo tenga en sus registros– que bloqueé cada una de las cuentas que abrías, cada vez que te robaba la más reciente una hacker pagada por Enrique Krauze y Fernando Belaunzarán. Desde que salí de La Jornada dejé de leerte. Primero empecé saltándome la página de Julio Hernández, a los pocos meses también la tuya. ¿Para qué leerlos en papel si son como la humedad en Twitter? Se meten por todas partes.

Nosotros, Alfredo, éramos amigos cuando nos limitábamos a ser de carne y hueso, compañeros de trabajo, comensales de entrañables cocineras, partícipes de una borrachera inolvidable con Eduardo Galeano en casa de Pierre Charasse a la que también asistió Carmen Lira. Coincidíamos plenamente en que el sionismo es una de las peores amenazas contra la vida humana, platicábamos de cuánto admiro y quiero a mis amigos libaneses de Yucatán.

¿Qué nos pasó? Penetramos en una dimensión sin límites, Alfredo, entramos en Twitter, y este “espacio de libertad”, no el otro donde tú publicas, nos sacó el chamuco. Admítelo. Tú no tuviste empacho en jugar suciamente con el apellido de una chiquita de 21 años –amiga de la War y por eso troll tuya– al llamarla “Paloma Escroto”. Eso me pareció inadmisible, Alfredo, repugnante. Ahí te dejé de seguir.

Desde entonces, cada que por mala pata me llega de rebote un insulto tuyo en contra de Claudia Sheimbaun, a la que invariablemente denuncias como “sionista”, yo te mando a chingar a tu madre, Alfredo. Claudia es una de las mujeres más valiosas de la verdadera izquierda mexicana, la izquierda que no odia, que no instiga el aborrecimiento de ningún pueblo, ni aspira a que se agudicen más aun si fuera posible las guerras, el pavoroso espejismo de los que sólo piensan en exterminar, que no es mi caso, ni seguramente el tuyo.

En la imagen, Claudia Sheinbaum.

En la imagen, Claudia Sheinbaum.

Como director de Polemón, te invito a publicar lo que escribas y mandes, aquí, en este “semanario mensual que sale todos los días a veces”.

Como director de Polemón, periodismo en internet libre de censura, te invito a que si tienes argumentos para refutarme, publiques en este espacio lo que escribas y mandes. Habla de los favores que, según tus discípulos pregonan en redes, me hiciste cuando rompí con aquel periódico. Explícame por qué o cómo o desde cuándo defiendo a Eugenio Ímaz, director del Cisen. Lo que no es necesario que expliques es por qué me llamas “caníbal”. Eso lo entiendo. Es un sinónimo de malagradecido. No lo acepto. No te quedé nada a deber.

Te toca mover ficha, Alfredo. Si prefieres debatir cara a cara, en un lugar como el Club de Periodistas, acepto desde ya. Sólo condiciono la exijas por escrito en Polemón. A nosotros también nos falta dinero, como a ustedes en su periódico. Estamos a punto de cerrar una campaña de recolección de apoyos, valga decir, de votos de confianza, para reunir 80 mil pesos y nos acercamos dramáticamente a la hora límite que son las 23:59 del martes próximo.

Te estoy tendiendo la mano, Alfredo… Toma el guante que acaba de cruzarte el rostro.

Jaime Avilés

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Hemos iniciado una campaña utópica en Fondeadora para colectar fondos y así rescatar dos libros de nuestro director, el periodista Jaime Avilés.

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