Para promover la lactancia materna, el regente Miguel Ángel Mancera contrató a un hijo de Ortiz de Pinedo que, formado en Televisa, tuvo la magnífica idea de que las mujeres utilizadas como imágenes emblemáticas, aparecieran con los senos tapados con unos trapos horribles que, sin embargo, no ocultaron que se trataba de pechos rellenos de implantes.

Ahora, para que un grupo de tiburones inmobiliarios privatizara la avenida Chapultepec, Mancera contrató a un timador llamado Simón Levy, que presentó títulos de estudios en diversos países del mundo, incluyendo una supuesta maestría en “derecho chino”, que resultaron más falsos que la versión histórica de Murillo Karam o el talento mostrado por Aurelio Uña al frente de la SEP.

Envalentonado por los atropellos que ha cometido en perjuicio de los vecinos de Mixcoac, Coyoacán y los pobres de Santa Fe, Mancera creyó que Levy, con su “labia” y sus contactos en los bajos fondos, se apoderaría de una arteria vital en el corazón de la ciudad, pasando por encima de la culta, organizada y combativa clase media de las colonias Roma y Juárez y de los acaudalados vecinos de la Condesa.

Si Peña Nieto se fajó para reprimir sangrientamente a los pobladores de Atenco y convencer a los buitres de que lo llevaran a la Presidencia, Mancera creyó que si se apropiaba de la avenida Chapultepec en beneficio de los especuladores urbanos, daría un paso decisivo hacia Los Pinos.

Error. Puso demasiados huevos en una canasta de alto riego, pero la canasta se volteó y los huevos quedaron hechos un batidillo. Mancera fue electo para actuar como jefe de gobierno, pero se achicó y se degradó a regente, es decir a empleado del presidente en turno. Cinco días antes de asumir el cargo original que le dimos con nuestros votos millones de chilangos, Mancera atestiguó la represión del 1 de diciembre de 2012, en que la policía del DF y la Policía Federal asesinaron a Fancisco Kuy Kendall, un intelectual indignado que protestaba ante el Congreso.

En ese momento olvidó su lema de campaña –“decidiendo juntos”– y se dedicó a reprimir aplicando el esquema de los “encapsulamientos” de personas, para meterlas a las cárceles, torturarlas y joderles la vida. El Metro bajo su dirección es abominable: aumentó la tarifa para financiar un programa de reparaciones y compras de trenes, pero en la práctica reforzó los corrales para vacas que hay en todas las estaciones, donde policías entrenados como arrieros nos manejan como ganado, y para colmo, a punta de silbatazos.

Después de ser el jefe de gobierno electo con el mayor número de votos en el DF, Mancera perdió las elecciones intermedias de junio pasado, aunque para mitigar su derrota, y acentuar aun más su desprestigio, cometió fraudes en media docena de delegaciones, y le arrebató a Morena el control de la Asamblea Legislativa para impedir los programas que la primera fuerza política de la ciudad anunció que pondría en marcha.

Mancera, en términos de traición a sus votantes, ha logrado equipararse con Fox. Tras su fracaso en Chapultepec, debe despedir a Simón Levy, anular los contratos que el GDF firmó con los desarrolladores y mandar el proyecto a la basura. Después debería presentar su renuncia para dar lugar a una recomposición, tanto dentro del gobierno y sobre todo en la Asamblea.

"Puso demasiados huevos en una canasta de alto riego, pero la canasta se volteó y los huevos quedaron hechos un batidillo".

“Puso demasiados huevos en una canasta de alto riego, pero la canasta se volteó y los huevos quedaron hechos un batidillo”.

La fracción legislativa de Morena en la ALDF está como Penélope en Ítaca, rodeada de padrotes, mirreyes, crápulas y canallas, que devoran las despensas de la ciudad, aprovechando la ausencia de Ulises, mientras el “fecundo en ardides”, como lo exaltó Homero, navega y batalla en otras islas .

Con contratos firmados de antemano, con abuso del banco de datos del Registro Público de la Propiedad para cuadricular la avenida Chapultepec casa por casa, escritura por escritura; con tantos intereses económicos y tantas ambiciones políticas, Mancera usó a Héctor Serrano como operador para el acarreo de votantes pobres, que en efecto fueron llevados a las urnas, se tomaron una foto para probar que habían votado, y cogieron su dinero y su despensa.

Ese delito electoral también se le debe imputar a Mancera. ¿Qué es lo que no salió como el GDF, el PRD y el PRI tenían planeado? Van dos hipótesis. Una: en forma sorpresiva, el viernes por la tarde, la delegación Cuauhtémoc encerró bajo llave todos sus vehículos oficiales y, esto, posiblemente, ya no le permitió a Serrano alquilar una flota del tamaño que necesitaba. Si esto se confirma, Ricardo Monreal jugó con la discreción de un maestro.

Monreal anunció, desde un principio, que aceptaría el resultado de la consulta; luego se eclipsó y con una jugada sorpresa, dejó a Serrano, a Levy y a Mancera en el hoyo. La otra hipótesis, la más deseada, quiere creer que los acarreables prefirieron no salir a venderse, porque muchos de ellos trabajan en colonias donde $hopultepec habría devaluado las casas, departamentos y negocios de sus empleadores, y comprendieron que serían los primeros perjudicados. O, porque en última instancia, la Cuauhtémoc, la delegación más importante del DF, está mayoritariamente con Morena. Y se notó ayer.

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