El activista de la oposición, Gilberto Lozano, acudió a Palacio Nacional y quiso armar un escándalo, pero la gente lo puso en su lugar.

El líder moral del movimiento de extrema derecha, Frenaaa, se presentó en una puerta de Palacio Nacional a entregar un documento donde exige “derecho de réplica” por una pregunta que hiciera el reportero Hans Salazar en una mañanera.

En una actitud prepotente, Lozano cuenta que entregó su oficio, pero que no le sellaron la copia, y que sólo le pusieron una firma, lo cual, para el señor Lozano, es símbolo de la “decadencia” del país: “la señorita nos dice que ya no tienen sellos; imagínese, no tienen sellos, o sea la presidencia de la República no tiene sellos. Es tal el asunto de austeridad hace que solamente firmen aquí”.

Y entonces, con su acostumbrado clasisimo, Lozano sentenció que el no tener sellos en esa puerta de Palacio Nacional no se da “ni en un país bananero”. Y recalcó “esto es digno de un país bananero”.

Lozano quería “derecho de réplica” por una pregunta de un reportero en una mañanera, lo cual, pues es absurdo. Pero más absurdo es que exigió que se le dejara pasar a las mañaneras, como si fuera él periodista o comunicador.

Y entonces mencionó que “le han cerrado la puerta tres veces”.

En un tono bravucón, dijo que estaba ahí, en Palacio, y no veía a la gente que apoya al presidente. Segundo después, quiso hacerse el muy cercano a la población, y le dijo a un grupo de personas que pasaba por ahí, “ánimo compañeros”.

Lo que Lozano no se imaginó es que esas personas eran gente que apoya a AMLO.

Lozano pensó que eran “contras”, y los saludó, y dijo “ánimo señores”, pero un hombre, así, simple, con la humildad del pueblo y la alegría de tener a un presidente cercano, le dijo: “Todo Oaxaca es AMLO, ¿y sabe por qué? Porque Andrés Manuel López Obrador desde acá está combatiendo la corrupción, los ricos están llorando”.

Lozano se dio cuenta que ese pueblo no era tan manipulable como los que van a las caravanas Frenaaa, y se fue alejando, pero el señor continuó: “Cuando estaban los prisitas, los pobres marchaban, y ahora, con el gobierno del pueblo, los ricos marchan”.

Lozano, enojado, dijo que eso no era cierto y se fue.