Por: César Octavio Huerta (@zorrotapatio)

13 de abril 2015.- En América Latina todos o casi todos pateamos el balón desde antes de nacer, cuando aún nos encontramos en el vientre de nuestra madre. Después, al abrir los ojos por primera vez, descubrimos en el barrio con nuestros primos o amigos, el amor por el futbol. Más tarde, nos convertimos en fieles seguidores de un club, acudimos religiosamente a los estadios y nuestra vida gira en torno a lo que sucede en las canchas. Terminamos midiendo el tiempo a través de los mundiales y nuestros recuerdos están marcados por los triunfos o derrotas de nuestro equipo.

Envueltos en esta realidad, pocas veces nos detenemos a pensar de dónde nos viene este amor. No nos preguntamos por qué razón nuestros padres y nuestros abuelos nos inculcaron esta extraña tradición en la que no se reza ni por qué nos entretenemos mirando a veintidós jugadores corriendo de un extremo a otro de la cancha en busca de que el balón se adentre en la red para así estallar en jubilo al grito extraño de ¡gol!

Eduardo Galeano. Foto: El Espectador

Eduardo Galeano. Foto: El Espectador

Fútbol a sol y sombra es uno de esos libros que nos ayudan a encontrar las respuestas a estas interrogantes y también nos da la posibilidad de repensar lo que conocíamos sobre el acontecer en el mundo de las canchas. En él, Eduardo Galeano retrató de manera singular la realidad del futbol. Nos mostró las maravillas de este deporte e hizo que nuestra imaginación volara al transportarnos a episodios pasados en los que las historias vividas en las canchas estaban dotadas de misticismo y una épica extraordinaria y que hoy pese a la oportunidad de mirar el futbol en las pantallas con la más alta resolución, jamás se podrán ver.

Año con año, Eduardo Galeano recopiló las hazañas más memorables de cada uno de los mundiales. Quiénes fueron sus protagonistas, cómo rodó el balón en los pies de Pelé o de Maradona, quién inventó la chilena o cómo Brasil enmudeció y lloró la derrota en aquel episodio conocido como el Maracanazo, contra un pequeño equipo llamado Uruguay, la patria del escritor que murió por la madrugada en su querido Montevideo.

Portada del libro de Eduardo Galeano, El futbol a sol y sombra.

Portada del libro de Eduardo Galeano, El futbol a sol y sombra.

Sabedor de que el futbol fue rechazado durante años por los intelectuales de izquierda y de derecha con el falso argumento de considerarlo “el opio de los pueblos”, Eduardo Galeano les dio una enorme lección al recordarles que fueron los obreros los que se apropiaron de ese deporte nacido en un principio en las élites de Inglaterra, y fueron ellos quienes lo dotaron de un carácter popular para convertirlo en lo que según recuerda el escritor uruguayo consideraba el marxista italiano, Antonio Gramsci: “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.

Nos contó cómo fue que el futbol se convirtió en “un triste viaje del placer al deber” y cómo a medida que se convirtió en una industria, se fue olvidando de la belleza y la fantasía y en cambio se convirtió por culpa de la tecnocracia en uno de los espectáculos más lucrativos del mundo, imponiendo un estilo de juego basado en pura velocidad y mucha fuerza, que ha ido perdido la osadía y cada vez se aleja más del ideal con el que inicia todo niño: “jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez”.

Por suerte, Galeano también nos hizo aprender que el propio futbol alberga las esperanzas del futuro. Nos hizo comprender que a pesar de que los poderosos se han ido adueñando cada vez más de este deporte, acortando los espacios de pensamiento y rebeldía para inundarlos con su publicidad, nunca podrán ejercer un dominio total sobre el hombre, pues tanto en el futbol como en la vida, nunca falta “el carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.