Entre enero y diciembre del año próximo, el precio de las gasolinas en México subirá alrededor de 8 por ciento, de acuerdo con un análisis publicado en El Financiero acerca del nuevo Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), incluido por la Secretaría de Hacienda en la miscelánea fiscal para 2016, que el bloque derechista de la Cámara de Diputados aprobó el lunes 20 de octubre.

Resulta sorprendente que esta noticia haya pasado desapercibida a lo largo de la semana anterior y, más aún, que haya sido interpretada en redes sociales como algo que supuestamente ocurrió el viernes 24, detrás del show mediático montado por el gobierno federal para recibir a Patricia, el falso “peor huracán” de todos los tiempos.

Lo cierto es que el nuevo impuesto –que deberán todavía ratificar los senadores– echó por tierra la promesa de Luis Videgaray en el sentido de que gracias a la reforma energética ya no volverían a subir las gasolinas. Lo asombroso es que, salvo excepciones, la “gran prensa” mexicana ocultó y sigue ocultando esta información.

Algunos portales independientes, por su parte, la dieron a conocer mal, concentrándose en la espectacularidad de los números desnudos: la Magna subirá 4 pesos con 16 centavos, la Premium 3.52 y el diése 4.58, por litro. Esto es incorrecto. Vayamos mejor por partes…

Desde el primero de enero de 2016, el precio de las gasolinas será “liberalizado”. ¿Qué significa esto? Que subirá o bajará según caigan o repunten los precios internacionales del petróleo. Si éstos se desploman y la gasolina se deprecia, vamos a suponer dos pesos, Hacienda nos aplicará el IEPS para cobrarnos esos dos pesos y mantener el precio actual vigente.

gasolinería

Lo que el gobierno quiere es garantizarse un ingreso de 200 mil millones de pesos a nuestras costillas. Lo inquietante es qué pasará cuando el precio internacional del petróleo suba y Hacienda se vea obligada a comprar más cara la gasolina que importa.

En ese momento, el IEPS sí provocará un aumento de Magna, Premium y diésel, que repercutirá en nuestros bolsillos porque elevará los costos de todo, para que Hacienda no deje de acumular esos 200 mil millones de pesos.

Osorio Chong también ya se cansó

Se cumplieron ayer 13 meses de la matanza de Iguala, que el 26 de septiembre de 2014 privó de la vida a tres estudiantes (uno fue desollado), a una mujer que viajaba en un taxi, a un futbolista de 15 años que viajaba en el autobús de su equipo y al chofer de éste, antes que desaparecieran 43 normalistas más.

Con tal motivo, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se dejó entrevistar por Ciro Gómez Leyva y arremetió contra el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GEIE) de la OEA: “Ya basta de que acusen al gobierno por Ayotzinapa”, enfatizó al estilo de su maestro, Jesús Murillo Karam, si ellos afirman que los normalistas no fueron cremados en el basurero de Cocula, entonces “que nos digan dónde y cómo, en eso consta su ayuda, su apoyo y su respaldo”.

Incontables pruebas científicas han demostrado que en el basurero de Cocula nadie halló rastros de gasolina o diésel. Que esa noche no hubo incendio. Que es materialmente imposible provocar un fuego capaz de reducir a cenizas a 43 cuerpos humanos con tan sólo unas llantas y unos palos. Y que el fuego jamás crema los huesos.

Todas las evidencias recabadas han destrozado la “verdad histórica” de la PGR. Las últimas fotos que tenemos de los 43 las tomó el ejército en el hospital Cristina de Iguala. Para los miembros del GIE y para millones de personas en México y el mundo, el ejército mexicano los desapareció y –a menos que nos demuestren lo contrario– los redujo a cenizas en el crematorio del 47 batallón de infantería.

Por eso, los padres de los 43 y los expertos de la OEA exigen que se les permita revisar esas instalaciones militares e interrogar libremente a los soldados, a lo que se han opuesto los líderes de las cámaras patronales y el secretario de la Defensa. El “reto” de Chong es insultante y cínico.

Lo bueno, a juzgar por la cara de muerto en vida que pone a disposición de los fotógrafos a cada rato, es que al parecer sus días al frente de Gobernación están contados: después de Peña, es el segundo máximo responsable de la liberación del Chapo, algo que, más temprano que tarde, pondrá fin a su desastrosa gestión como jefe de la política interior del país.

La estela de muertos que dejó en Michoacán y Jalisco donde se hizo bolas con el proyecto paramilitar de las autodefensas debería haber bastado para que lo sacaran de la cancha. Pero la prueba de que su poder se achica y se achica reside en que uno de sus hombres más cercanos, el también ex gobernador de Hidalgo, Manuel Ángel Núñez Soto, ya no es el director general del proyecto aeroportuario de Atenco, porque ese cargo también quedó en manos del grupo Atlacomulco hace más de un mes…