Durante su sexenio, Enrique Peña Nieto se gastó 1 billón 823 mil millones de pesos más de lo presupuestado y, además, hizo crecer la deuda en un 46 por ciento, de acuerdo con datos revelados por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Según el análisis del gasto de la Cuenta Pública 2018, el Gobierno anterior subestimó sus ingresos y gastó más de lo planeado porque “no hubo un contrapeso efectivo al Poder Ejecutivo que revisara las variaciones al presupuesto y las ampliaciones al gasto”.

Por ese motivo, aunque el presupuesto para el sexenio anterior se había establecido en 20.7 billones de pesos, al final terminaron gastándose 22.5 billones de pesos, es decir, un billón 823 mil millones de pesos adicionales.

“En el sexenio anterior, los presupuestos de egresos aprobados por la Cámara de Diputados no fueron confiables, pues las cuentas públicas no reflejan lo autorizado por los legisladores”, indicó la institución.

Por ese motivo, el Gobierno de Peña Nieto no se apegó al presupuesto estimado para su Gobierno y gastó de manera sistemática durante los seis años de mandato. En promedio, durante el sexenio se mostró una variación en ingresos de 11 por ciento entre lo estimado y lo recaudado.

Por ese motivo, aunque entre 2012 y 2018 el Producto Interno Bruto creció 15.3 por ciento, la deuda pública aumentó en 46 por ciento en términos reales, ya que al inicio de la administración peñista nuestro país debía 37 mil 837 pesos por persona, y al finalizar, el monto era de 66 mil pesos.

Para realizar el análisis se tomó en cuenta la manera en que se presupuestaron ingresos, egresos y deuda en comparación con el monto real ejercido.

Así, se encontró que entre 2013 y 2018, los ingresos de la administración se excedieron por 2 billones 338 mil millones de pesos, por lo que la variación de ingresos estimados y recaudados fue de 11 por ciento, lo que, según el IMCO, equivale al “saldo de la deuda conjunta de Pemex y CFE”.

Al revisar las variaciones en los montos recaudados por el Gobierno, el IMCO encontró que estos “reflejan una deficiente estimación de los ingresos y en algunos casos el uso discrecional de los mismos”.

Sobre los gastos, estos fueron mayores a los presupuestados. El Gobierno de Peña Nieto tuvo una variación de egresos del 9 por ciento a lo largo de su sexenio, cuando según prácticas internacionales una variación aceptable era entre el +/- 5 por ciento.

Por si fuera poco, la administración de Peña dejó de ejercer 149 mil millones de pesos en inversión pública, lo que correspondía a 25 por ciento menos del dinero que se había aprobado para ese tema.

Además, las Secretarías de Estado tenían un presupuesto aprobado de 6 billones 94 mil millones de pesos, que finalmente resultaron en 7 billones 125 mil millones de pesos aprobados por la Cámara de Diputados.

Por su parte, la deuda nacional aumentó hasta convertirse en 35.3 por ciento del PIB, ya que en diciembre de 2012 su saldo era de 4 billones 452 mil 986.5 millones de pesos (27.8 por ciento del PIB) y al terminar la administración había alcanzado los 8 billones 315 mil 863.8 millones de pesos.

Como observación, el IMCO indicó que una “correcta planeación no hubiera generado variaciones injustificadas”, por lo que llama a reducir la discrecionalidad en la asignación de los ingresos excedentes, en caso de que ocurran.

Enrique Peña Nieto. Foto: Especial

Para ello, propuso “incorporar medidas de control”, con el fin de que los excedentes terminen en “gasto de capital o amortización de la deuda”.

También sugirió limitar las variaciones de gasto, para lo cual es necesario que la legislación determine restricciones a las ampliaciones de gasto en partidas no prioritarias, como materiales, salarios, renta de oficinas, entre otros.