Por: Guillermo Fadanelli (@GFadanelli)*

16 de mayo 2015.- Cuando conocí a Elia Shewionkova en la Ciudad de México, me sorprendió su personalidad silenciosa y su discreción a la hora de opinar o hacer un comentario. Dicha prudencia no era necesariamente un apartamiento o ausencia de atención. Tampoco parecía tímida. Todo lo contrario: su atención minuciosa a lo que sucedía a su alrededor era en verdad notoria. Con el tiempo me percaté de que su paciencia tenía una consecuencia evidente: llevar la zoología humana a su pintura.

Elia no requiere detenerse mucho tiempo en la confección de un óleo porque sabe muy bien lo que quiere hacer. Sus pinturas ya han sido realizadas en su imaginación y de su humor o necesidad depende si les abre una puerta a la realidad concreta. Cuando pinta un cuadro es porque ya no hay más qué pensar y la obra se halla resuelta. Nadie puede negar la determinación.

Cuadro de la pintura rusa, Elia Shewionkova

No existe en la actualidad una tendencia predominante en el medio del arte en el mundo, y más bien reina la agilidad maniática del mercado. Como en todo mercado, la especulación y la publicidad crean artistas de humo y promueven la confusión y el estrabismo de una crítica que forma también parte del tramado mercantil.

La glotonería y el afán de consumir símbolos vacuos o inútiles es el deporte más común de la actualidad. Si lo que afirmo es verdad, al “artista” no le queda más remedio que concentrarse en la obra y en la experiencia de sus sentidos.

Cuadro de la pintura rusa, Elia Shewionkova

Que confíe en sus intuiciones y haga absolutamente lo que desee. De todas maneras, tarde o temprano, la decepción tocará en nuestra casa. Incluso es tranquilizador para el creador desentenderse del papel trascendental del artista y comprenderse a sí mismo como un simple productor de símbolos o significados. Se crean objetos que no estaban antes en nuestro mundo: es todo.

Por ello, sin importar el tema a tratar, Elia hace todo lo posible para que la fuerza de su pintura no se disipe en rasgos inútiles: no hay en sus cuadros un solo detalle de más. Es verdad que sus tonos sombríos y el vigor o agresividad de sus trazos poseen cierto sentido fatalista. No nos revela un mundo amable y sí una conciencia introspectiva.

Cuadro de la pintura rusa, Elia Shewionkova

Su sencillez es abrumadora, y si bien en Rusia se han destacado los artistas del retrato —pienso en el famoso realista Ilya Repin o en los más actuales Lev Russov o Galina Smirnova— dentro de tendencias tan disímiles como el expresionismo o la pintura realista, no veo en la obra de Elia raíces históricas o estéticas precisas, pues ha tomado algo de todas las corrientes del arte y de la expresión humana, incluyendo la fotografía.

La firmeza y la sencillez son atributos de esta pintora que ha llegado a México por sorpresa. Nadie la esperaba, pues no está cobijada por institución alguna, ni forma parte de un grupo explícito. Se ha adaptado bien al caos y la esquizofrenia de esta ciudad y aquí ha encontrado motivos suficientes para continuar pintando.

Cuadro de la pintura rusa, Elia Shewionkova

Espero que se sienta bienvenida. Y si no, entonces habría que recordar a Dostoiewski en sus Memorias del subsuelo cuando escribió que una persona debe obrar, a veces, contra sí misma y en contra de sus propios intereses. Y entonces nadie la clasificará, ni supeditará su quehacer a una tendencia o teoría conocidas o predecibles.

*Con motivo de la primera exposición en México de Elia Shewionkova (Moscú, 1987), el mítico Fadanelli escribió algunas meditaciones acerca de la obra temprana de esta joven artista, que utiliza tableros de madera, papeles maltratados y fondos de cajas de cartón, para autorretratarse y retratar a sus monstruos con poderosos brochazos de óleos turbulentos. “Trazos y retratos más allá de Rusia”, como se llama la muestra, está disponible en La Pulquería (Insurgentes sur 226, colonia Roma) todos los días desde las seis de la tarde hasta la media noche, pero por muy corto tiempo.