Hace unas horas, un grupo de inconformes, encabezados por el exdiputado perredista Álvaro López Ríos llegó al palacio de Bellas Artes a manifestar su enojo y pretensión de quemar el cuadro del artista plástico Fabián Chairéz.

La obra, “Zapata en zapatillas” es una representación del líder revolucionario, desnudo y en tacones, que pretende reivindicar los derechos LGTB. Más allá de la polémica engendrada en las últimas horas y de que algunos familiares del caudillo nacido en Anenecuilco han expresado su malestar y usuarios de redes sociales han vertido toda suerte de comentarios homófobos, las confrontaciones han escalado hasta desbordarse en enfrentamientos, dentro y fuera de aquel recinto artístico, que ya dejó a varios heridos.

Esta tarde, a modo de protesta, el nutrido grupo de manifestantes liderados por López Ríos impidió tanto el ingreso como la salida de visitantes y personal administrativo del recinto cultural ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, exigiendo a la dirección general del Palacio de Bellas Artes el retiro inmediato del cuadro que, de acuerdo con ellos, “mancha” y “deshonra” la imagen de Zapata.

El exdiputado perredista Álvaro López Ríos

Más allá de lo que pudiera parecer a simple vista, lo cierto es que detrás de los desmanes ocurridos hoy en el Palacio de Bellas Artes (INBA), que como institución depende del INBA, que a su vez forma parte de la Secretaría de Cultura del gobierno federal, hay una inicua maniobra política orquestada por el PRD.

El boicoteo contra la obra de Chairéz, que ha desencadenado diatribas a favor y en contra de las personas que se dedican a las labores del campo, es más que una reyerta entre marchistas y homófobos. El asunto, de hecho, rebasa el escenario de la intolerancia.

Y todo apunta a que detrás de esta refriega se encuentra precisamente el perredista Álvaro López Ríos, líder de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA).

Recordemos que, a mediados de noviembre pasado, López Ríos amagó a los diputados con sabotear el desfile del 109 aniversario de la Revolución Mexicana, de no alcanzar un acuerdo –favorable a su organización– sobre el presupuesto para el siguiente año.

Pese a todo, el líder de la UNTA no pudo llevar a cabo su amenaza. Aquel día su organización no logró llegar a la plancha del Zócalo para irrumpir en el evento, lo cual hizo que el exprofesor de Hidalgo montara en cólera y llamara a López Obrador “diazordacista”.

Pasado el desfile del 20 de noviembre, López Ríos, que fuera consejero nacional del PRD y diputado por la LVII legislatura, aseguró, amenazante: “si aprueban su presupuesto habrá reclamos en todas las giras del presidente Andrés Manuel López Obrador”. Y al día siguiente, el 21 de noviembre, volvió a reiterarlo: “De San Lázaro no nos vamos” y si hay sede alterna “los vamos a seguir a donde vayan”.

La respuesta de López Obrador fue categórica: el gobierno no se dejaría amedrentar. El Presidente aseveró que en las pasadas administraciones los presupuestos se aprobaban por unanimidad, debido a que se “daban moches”, y dijo que como actualmente ya no se hace, había protestas, refiriéndose claramente a las manifestaciones de la UNTA que, junto a otras organizaciones, estuvieron apostados por casi dos semanas afuera de la Cámara de Diputados.

Álvaro López Ríos, en un evento de la UNTA.

Ahora mal: el boicot del perredismo no llega solo, tiene el aval del PAN. Recordemos que durante los once días que los untistas que hoy tienen secuestrado el palacio de Bellas Artes estuvieron plantados afuera del Congreso de la Unión, hasta donde llegó el coordinador de los diputados del Partido Acción Nacional (PAN), Juan Carlos Romero Hicks, con quien López Ríos se fundió en un fraternal abrazo.

Para frustración de López Ríos, en la madrugada del 22 de noviembre el pleno de la Cámara de Diputados aprobó en lo general y en lo particular el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) para 2020, en una sede alterna instalada en la Expo Santa Fe, debido a que hasta la mañana de ese día la Cámara permanecía bloqueada por organizaciones campesinas inconformes con el reparto del dinero para el próximo año, entre las que destacaban, en primerísimo lugar, claro, la UNTA.

Es fácil ver que el brazo armado del PRD –la UNTA, tristemente célebre por su bloqueo de carreteras y su habitual uso de la fuerza– es quien está detrás de los desmanes ocurridos hoy en Bellas Artes.

¿O realmente usted cree, querido lector, que a estos lidercillos charros les importa realmente si Zapata aparece en tacones o representado como un Speedy Gonzales (como de hecho aparece en otra de las tantas piezas que incluye la exposición)? ¡Para nada! En realidad, detrás de esta supuesta lucha reivindicativa –amparada en una burda petición retrógrada y machista– están los tentáculos del perredismo panista, que no han cejado de repetir la fórmula del Frente, pero ahora lo hacen en su versión más porril.

Es claro que no se trata de una batalla entre el machismo y el movimiento LGTB. Ni siquiera es una petición del campesinado, como algunos medios de comunicación quieren hacerle creer a las personas, con el fin de dividir en dos bandos a la población. Hay que dejar algo muy en claro: no fueron campesinos los que golpearon a activistas de la comunidad LGBT en Bellas Artes. Fue un grupo de porros y golpeadores haciéndose pasar por gente de campo.

Abramos más la perspectiva: se trata, una vez más, del enésimo golpe que ciertos grupos políticos intentan asestarle al gobierno federal. Y debemos permanecer muy alerta porque en los días por venir, seguramente, veremos más de estas maniobras encabezadas por la dupla PRD-PAN.