El padre Alejandro Solalinde y el poeta Javier Sicilia coincidieron en la misma mesa ante un auditorio conformado principalmente por estudiantes en el marco de la Feria Internacional del Libro (FIL). No fueron los únicos invitados, pero sí los que robaron cámara.

Un cierto morbo por medir las reacciones entre ambos activistas en pro de los derechos humanos, que se mantienen ahora distantes por el mandato de Andrés Manuel López Obrador, atrajo a la concurrencia.

Javier Sicilia se dice avergonzado por el Gobierno de AMLO, mientras Solalinde ha mostrado un ferviente apoyo. Ambos ni siquiera se miraron al rostro, no hubo diálogo, pero sí muchas indirectas.

El padre Solalinde se sentó en un extremo al lado de  Norma Romero Vázquez, integrante de Las Patronas y Javier Silicia quedó en el otro, junto a monseñor José Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo.

En el centro como moderador, Alberto Galarza, expresidente de la Federación de Estudiantes de Universitarios (FEU) de la Universidad de Guadalajara, quien ahora se desempeña como senador suplente del partido opositor Movimiento Ciudadano (MC), el mismo partido que abandera al gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez y a otros cuadros que surgieron de esta casa de estudios.

“Dejémonos de protestas inútiles y sentémonos a hablar con este Gobierno”, exclamó Solalinde, en una clara alusión a la protesta que ha convocado Sicilia en enero próximo para exigir a López Obrador que establezca una política de seguridad más eficaz.

Solalinde no tuvo ni un milímetro de rubor para reconocer que apoya al tabasqueño, y no sólo eso, expuso sus razones para creer en que el Gobierno de Andrés Manuel está haciendo lo correcto.

“Andrés Manuel respeta a todos, pero tiene una prioridad. Esa prioridad son los pobres, es la gente, es el pueblo, es a quien él se dirige, él no usa modas ni le gustan cosas especiales porque el pueblo no necesita eso”, dijo.

Y resaltó: “Este  presidente es el primero que dejó de rendirle cuentas a la oligarquía, a las 15 familias, a la gente de arriba y porqué no también, perdón, a la alta jerarquía para dedicarse de verdad a servir al pueblo”.

En el intersticio de esa rivalidad, Norma Romero, líder de las Patronas, una asociación de mujeres que se dedica a dar comida y refugio a los migrantes en tránsito por México destacó que  “no somos partidistas, no creemos que un Gobierno pueda resolver la crisis que vivimos”.

Mientras el obispo de Saltillo, Raúl Vera agregó: “Hay una política de maquillaje que está simulando una mejora en los derechos de los mexicanos, pero que no está tocando el fondo del problema”.

Solalinde retomó el hilo de su reflexión y cuestionó: “¿Por qué esta inercia de darle palos a un Gobierno que quiere cambiar las cosas?”, a la par que pedía tiempo para que las políticas del Gobierno den resultado.

Sicilia escuchaba atento al sacerdote que se encontraba en su extremo opuesto, y no tardó en revirarle cuando le cedieron el micrófono.

“No me importa que me prometan el paraíso mañana. Me importa la gente ahorita y voy a levantar siempre la voz y voy a exigir a quien ostenta el poder que cumpla”, dijo.

El fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, tras perder en 2011 a su hijo Francisco de 24 años a manos del crimen organizado, volvió a la arena pública tras la matanza el pasado 4 de noviembre de tres mujeres y seis niños de la familia Langford-LeBarón, pertenecientes a la comunidad mormona asentada en los estados de Chihuahua y Sonora desde la década de los años 20 en el siglo pasado.

Sicilia fue partidario de la política de besos y abrazos para sensibilizar a los gobernantes de que la guerra contra el narcotráfico no se resolvería con violencia.

Aún se le recuerda dando besos en la mejilla a los ex presidentes Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, sin embargo cuando ve al mandatario replicar su mensaje, su rostro se transforma.

Peña Nieto y Javier Sicilia. Foto: Internet

Durante el encuentro, el poeta lanzó duros mensajes hacia el mandatario, y abrió su participación con la sentencia de que “no ha cambiado nada, todo ha empeorado”.

“Entendamos que no se trata de cuántos abrazos hay que darnos. Se trata de cuánto Estado tenemos que construir para enfrentar este terror. Cuando el presidente dice los voy a acusar con su mamá, hay que avergonzarnos. No está entendiendo. No está siendo empático con el horror de esta nación, ni con el sufrimiento de las víctimas”, dijo ya en un tono de exaltación.

Y mientras Solalinde pedía tiempo a los asistentes porque “el desastre que nos heredaron es muy grande. Necesitamos entender el cambio que pretende este Gobierno”, el poeta expuso que los gobiernos son desmesurados y se extravían.

“Aquí debería estar mi hijo y no está, y como mi hijo, no están decenas y centenas de jóvenes. Ya es tiempo como le dije al presidente de detener esto. Luchar con nuestros jóvenes para que reconstruyamos ese presente y el futuro, porque sin el presente de esos jóvenes del país, que ya no es país, no tendrá futuro”.

Antes de su última alocución, el moderador del encuentro Alberto Galarza ofreció respaldo a Sicilia, pero ya en su calidad de senador suplente de MC y ex dirigente de la FEU para acompañarlo en su marcha hacia Palacio Nacional de Gobierno el próximo mes de enero.

Sicilia citó a Albert Camus para describir lo que él percibe como un fanatismo de los seguidores de AMLO, “un amor abstracto” o “la promesa de que las cosas van a mejorar en el futuro”, que lo ha hecho intolerantes a cualquier crítica contra el presidente.

“Conozco algo que peor que el odio, el amor abstracto, el amor a Dios en abstracto levantó inquisiciones, purgas, permitió masacres. El amor al pueblo generó la revolución, la guillotina, los patíbulos, la revolución, el amor a la raza, sabemos lo que significó, Auschwithz es la metáfora, el rostro más cruel. El amor al proletariado nos llevó a los gulag soviéticos. Aguas con los amores abstractos”, dijo antes de despedirse.

El cerrojazo de la noche lo dio una persona que salió de entre los asistentes, y al término del encuentro, se acercó a la mesa en la que estaba el poeta que ya se había levantado de su asiento para retirarse.

Algo le exclamó que no fue bien percibido por el público, pero Sicilia reaccionó de manera áspera y le reviró al sujeto que lo interpelaba “¡La ceguera ideológica no les deja ver!”.

Fue un breve instante en el que pareció que la confrontación se saldría de cabales, pero alguien tomó del brazo a Sicilia y lo acompañó hacia la salida.