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Opinión

El Mundial que le dio la razón a López Obrador

Durante todo el Mundial me estuve preguntando si la euforia vivida por millones de mexicanos era común en este tipo de eventos deportivos. Busqué en mis recuerdos y sí: evidentemente, cuando se celebra la Copa del Mundo, la gente en nuestro país entra en un estado de emoción y esperanza muy particular. Eso, sin duda, no es exclusivo de México: ocurre en buena parte del mundo.

Sin embargo, en este Mundial hubo algo distinto. Algo que fue más allá de la emoción general que suele acompañar a este torneo cada cuatro años.

Al ser México sede del Mundial —o, al menos, de una parte mínima de éste—, la euforia se vivió con más intensidad. La Selección Nacional jugó en nuestro suelo y eso avivó la emoción, el entusiasmo y la esperanza. Pero esta vez hubo algo más.

Con un marcador final 2-3 de México contra Inglaterra, la Selección Mexicana queda fuera de la Copa del Mundo 2026 en octavos de final. En la imagen la afición celebra una de las anotaciones del equipo tricolor. Foto: Graciela López / Cuartoscuro

Gracias a las redes sociales y a la inmediatez comunicacional, comenzaron a circular momentos que antes difícilmente habrían sido registrados por la prensa. Y fue entonces cuando empezó a vislumbrarse un México único y singular: un México hospitalario, alegre, desinhibido, entusiasta, solidario e inventivo.

Ahora bien, si estos momentos se hubieran generalizado y visibilizado en otro momento histórico, quizá no habrían provocado lo que provocaron en este 2026. Porque, a diferencia de otros años, hoy el pueblo —sí, el pueblo, porque las celebraciones y los momentos que vivimos surgieron de amplísimas masas de mexicanos— reivindicó su singularidad. Y al hacerlo, reivindicó también su pasado, su presente y su forma de estar en el mundo.

Eso no sólo irradió orgullo entre los mexicanos por el simple hecho de ser mexicanos; también fue reconocido por muchísimas personas de otras naciones. Para no ir muy lejos: la mayoría de los ingleses que acudieron el domingo al Estadio Azteca salieron emocionados no sólo por el triunfo de su selección, sino por lo mágico del ambiente, por la inventiva de nuestra gente y por la intensidad del pueblo mexicano.

Integrantes de la Selección Mexicana se despiden de la afición en el Estadio Ciudad de México tras perder 3-2 contra la Selección de Inglaterra en los octavos de final de la Copa del Mundo 2026, en el Estadio Ciudad de México. Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro

El mundo, pues, nos reconoció como una nación única. Una nación capaz de ofrecer un entusiasmo que se contagia, una alegría que abraza y una manera de celebrar que no se parece a ninguna otra.

Ahora bien, en este proceso histórico tuvo mucho que ver Andrés Manuel López Obrador. Sí, AMLO. Y es que él puso al pueblo en el centro de todo. Con ello, nos enseñó algo fundamental: que jamás debemos avergonzarnos de lo que somos. Al contrario, nos recordó que somos únicos, que venimos de un pasado inigualable y que, como nación, somos profundamente poderosos.

Quizá por eso este Mundial se vivió de una manera distinta. Porque no sólo vimos futbol y jugar a nuestra Selección: nos vimos a nosotros mismos. Nos reconocimos en la fiesta, en la calle, en el canto, en la risa, en la creatividad, en la emoción colectiva y en ese orgullo que durante mucho tiempo algunos quisieron presentar como exageración, folclor o simple desorden.

Lo que vimos (y vivimos) fue un país que dejó de pedir permiso para sentirse grande. Un pueblo que entendió que su alegría también es una forma de identidad, que su historia no es motivo de vergüenza, que su manera de celebrar tiene raíz, memoria e historia.

Toma aeréa en el Ángel de la Independencia en donde miles de capitalinos observan el partido entre México e Inglaterra en las pantallas instaladas sobre Paseo de la Reforma. Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro

Ojalá en el futuro eso que se ha construido alrededor de nuestra identidad le dé a la Selección Nacional el combustible necesario para ganar —sí, no exagero— una Copa del Mundo.

Porque cuando un país se reconoce, se quiere y deja de sentirse menos, también empieza a imaginar cosas que antes parecían imposibles. Así, como cuando en 2018 el pueblo mexicano dijo basta de gobiernos corruptos y antipopulares, y posibilitó el triunfo de López Obrador.

Jorge Gómez Naredo
Escrito por

Profesor en universidad pública. Fundador, junto con Jaime Avilés y César Huerta, de la Revista Polemón.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Víctor Zamora Rosales

    6 julio, 2026 at 9:34 pm

    La 4T le abrió los ojos al pueblo.

    Le enseño a ser poderoso.

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