Advertencia: contiene adelantos de la película (spoilers)

Desde hace muchos años no se veía en el cine el consenso estético en el que convergen positivamente especialistas, personas de a pie y fanáticos del “cine de superhéroes” como sucedió con el filme dirigido por Todd Phillips, “Guasón” (2019). Tal es la euforia por esta película que tal vez pudiéramos decir que estamos frente a un futuro “clásico” del séptimo arte contemporáneo.

La “generación millenial” –y otras cronológicamente afines– no tuvieron la oportunidad histórica de ver en las salas de cine grandes obras como: “El padrino” (1972), “Taxi Dirver” (1976), “El club de la pelea” (1999) o “La naranja mecánica” (1971) pero sí podrán ver “Guasón”. Tal vez pareciera exagerado incluir esta cinta junto a estas películas que figuran entre un grupo selecto de obras maestras, a pesar de ello, la realidad es que merece la pena correr el riesgo, porque, de hecho, creo que lo es.

Si bien dicha producción cinematográfica no ha estado exenta de críticas como la de Stephanie Zacherek (Time, 2019) quien la tildó de “agresiva e irresponsable” al mostrar el vacío cultural en el que vivimos, dicha crítica se traduce en un halago, tratándose de una película disruptiva cuyo fin es mostrar la podredumbre social poscapitalista en la que vivimos; también, Glenn Kenny, ha tachado duramente la película “como comentario social basura perniciosa”. No obstante, los aplausos, las recomendaciones de voz a voz y los boletos vendidos ensordecen a quienes se empeñan en menospreciarla.

La última gran película de superhéroes tal vez fue, “El caballero de la noche” (2008) dirigida por Christopher Nolan, en la que paradójicamente nos encontramos con quien ha sido considerado uno de los mejores “Guasones” de la historia de Batman: Heath Ledger, quien falleció seis meses después de haber completado el rodaje.

A diferencia del “Guasón” interpretado por Ledger, Joaquin Phoenix nos muestra una distancia más lejana del “guión del cómic”: una versión totalmente distinta del payaso que no se había visto nunca antes, ni en otras sagas ni en las tiras cómicas. Es la génesis de una nueva era para comprender el universo de “Batman”.

Este nuevo personaje se muestra “más real” y nos deja la posibilidad de la verdadera existencia de un “Guasón” entre nosotros que divorcia del cliché del personaje de ficción malvado que ha acuñado riquezas derivado de sus fechorías y el éxito de sus crímenes; es más, se podría decir que es exactamente lo contrario al cuestionable “Guasón” de Jared Leto en “El escuadrón suicida” (2016).

Pheonix no tiene necesidad de competir contra la magistral actuación y personaje de Heath Ledger, mucho menos con el nauseabundo “Guasón” de Leto porque simplemente se trata de personajes, guiones y contextos categóricamente distintos. Tal vez el gran mérito de esta película sea que nos muestra un atrevido cambio ideológico en el cine Hollywoodense en el que se deja de aclamar el statu quo para empezar a cuestionarlo.

La gran ruptura del “Guasón” (2019) con la tradición hollywoodense es mostrar el descontento social de los no privilegiados, donde queda muy lejos la idealización del rico –representada en Thomas Wayne– como un sujeto de gran altura moral, para, en esta ocasión, mostrar un tipo corrupto, desalmado y ambicioso cuyo parecido es más a un villano que a la tradicional versíón del difunto padre de Bruce Wayne (“Batman”) que han dibujado a lo largo de la historia del personaje.

En “Guasón” (2019) se estrechan más los vínculos con “Batman” e incluso, parece que los lazos se extienden hasta lo consanguíneo, abriendo la puerta para pensar en un vínculo familiar entre “el payaso” y “el murciélago”. Todo ello nos lleva a pensar en la posibilidad de una futura entrega donde se muestre un “Batman” más humano, menos puritano e incluso menos guapo (del que ni siquiera Christian Bale pudo escapar).

Si bien la ruptura de los maniqueísmos morales en el que “el malo” es impresentable y “el bueno” es un ejemplo de ciudadano intachable ya se había roto en series comerciales como “Breaking Bad”, llevarlo al cine hollywodense era improrrogable, incluso en términos comerciales. Ya nadie quiere ver un cine alejado de la realidad, donde el capitalismo triunfa y donde “los buenos” siempre son los apuestos multimillonarios que “por mérito” –y nunca resguardados bajo la dictadura de los privilegios– han obtenido su fortuna.

Independientemente de los premios ganados o por ganar, “Guasón” (2019) ya es absorbida como una de las favoritas en la cultura popular que seguramente será discutida en cine-debates en Facultades de Derecho, Sociología, Economía, Psicología, Ciencias Políticas y, por supuesto, Filosofía para su problematización a la luz de diferentes disciplinas.

No queda duda en que es una película imperdible para aquellos que suelen salir insatisfechos de las salas de “cine comercial” que probablemente marque una nueva era en Hollywood.