El símbolo del Grito de Independencia ha sido resignificado. En el periodo neoliberal la celebración se veía enmarcada por un contraproyecto que apuntó a desmantelar los cimientos del estado nacional. La entrega de los recursos naturales estratégicos, así como la desindustrialización del campo para hacernos dependientes alimentarios, el desmantelamiento de la industria, la entrega de la banca, entre otras muchas cosas más, hacían que el grito fuera superfluo.

La nación como proyecto histórico estaba siendo erosionada. Habían puesto a la venta México, el Pacto por México con todos los partidos políticos incluidos eran parte de la transacción. Para decirlo en términos concretos: la economía nacional se encuentra intervenida por capitales transnacionales que han despojado a la nación de su riqueza. Hoy por eso esa oposición entreguista se encuentra moralmente derrotada.

El primer Grito de Independencia de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México es la presentación de un andamiaje económico, político y moral que apunta a reconstruir el tejido social convocando a edificar un proyecto alternativo de la nación mexicana para el siglo XXI. El grito sirvió para acuerpar al movimiento social que lo respalda, convocar a la sociedad para unificar proyectos en esta tarea, e iniciar un largo trayecto por la recuperación de la soberanía nacional.

En la independencia, no sólo se conmemora la gesta histórica de las mujeres y hombres que lucharon por la emancipación del yugo español. Es también un recordatorio de los peligros que enfrenta esta nación. Un ejemplo para no ir tan lejos, la invasión norteamericana en la que México fue despojado de más de la mitad del territorio nacional. Es por ello que reafirmar la independencia en medio de un escenario tan complejo como el actual resulta decisivo.

Recordar a Miguel Hidalgo el cura que da inicio a esta gesta, y después a José María Morelos y Pavón no es poca cosa. Hay que recordar que fueron los Sentimientos de Nación los que otorgaban a todos los hombres y mujeres la libertad y prohibía la esclavitud en este territorio, y que esos sentimientos fueron combatidos ampliamente por el sur esclavista de Estados Unidos. Nuestro proyecto de nación en la primera transformación se opuso al proyecto del vecino país del norte, en palabras de Morelos “porque debe alejarse de la América la esclavitud y todo lo que huela a ella”.

Celebrar en este grito a Leona Vicario es clave. Es una heroína que se desempeñó como periodista comprometida con la causa. No es menor que en medio de los ataques constantes por los medios de comunicación, haya recordado a una mujer que lejos de aceptar los indultos que siempre le ofrecían seguía defendiendo y apoyando el proyecto emancipador.

El Presidente recibió un país en medio de una lucha económica en donde la necropolítica ha jugado un papel fundamental. Empresarios ligados al crimen organizado con la complicidad de políticos que representaban a los gobiernos establecieron un campo de batalla para consolidar mayores ganancias a través del despojo. Todo esto al amparo de la necesidad del régimen neoliberal de recuperar una legitimidad pérdida en las urnas. Hoy la guerra civil decadente que se vive al interior del país es uno de los hechos que más apremian a la actual administración.

Al mismo tiempo, un periodo de grandes contradicciones mundiales que se han expresado a partir de la crisis económica de 2008. Una de ellas es la disputa por el petróleo y gas. Ese escenario tiene su punto más álgido en Venezuela. Recientemente una minoría en la OEA solicitó la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recríproca (TIAR) que abre la puerta a la posibilidad de una guerra continental inédita en la historia de los países latinoamericanos. El gobierno de López Obrador tajantemente rechazó tal andanada belicista.

Es por ello que AMLO planteó la necesidad de la paz y la fraternidad universal. Llevando un mensaje claro hacía dentro y hacía fuera. Pero para que la paz pueda adquirir forma, el Presidente propone que los valores que lo acompañan en esta tarea se vuelvan fundamentales en la vida diaria de la República: la libertad, la justicia y la democracia. En un país que sigue buscando a sus desaparecidos, tanto a los 43 como a los miles que han dejado esta guerra. El intento de detener la corrupción y asumir la justicia como propia es volver a confiar en las instituciones que debemos reconstruir. La paz como eje articulador, es retomar uno de los principios liberales más importantes. Reconocer nuestra universalidad y respetarla.

Para el Presidente la patria está hecha por acciones que establecieron nuestras madres y padres que imaginaron transformaciones profundas a su sociedad. El imaginario de México opera a través de estos grandes relatos, mismos que fueron socavándose al paso del tiempo por nuevos relatos que privilegiaron el individualismo y la posibilidad de poner a la venta todo. El relato del México contemporáneo está entrecruzado por un sector que quiere regresar al viejo régimen, en donde los muertos y desaparecidos no importaban ya que terminaban siempre sobrando y un relato alternativo que busca dotar de un nuevo contenido a la comunidad. La narrativa alternativa preponderantemente la opera AMLO, pero sabe que esto no será posible sin el sacrificio que significa intentar transformar la sociedad y la diversidad que existe en ella.

Es por eso que pide a las mujeres y hombres anónimos comprometerse, entregarse a esta especie de heroísmo por darle un giro diferente a las cosas en medio de esta barbarie que vivimos. El México de abajo debe unificarse a través de su diversidad cultural. Su grandeza debe imponerse en un nuevo tipo de diálogo. La vía no es una guerra sin sentido.

Un diálogo que inicia con los pueblos originarios, a los que recuerda, con sus luchas, con las resistencias de estos largos 500 años. Esto no quiere decir para nada que exista plena convergencia entre unos y otros, pero plantea la necesidad de llevar a cabo una discusión profunda para rescatar a esta sociedad de la barbarie en la cual estamos inmersos. Reconocerse es un primer paso.

Andrés Manuel López Obrador se mostró como un Jefe de Estado que está emprendiendo una tarea que a él mismo desborda. Es por eso que sólo con el apoyo del pueblo podrá lograrla. En el zócalo se gritó por una transformación. La forma en cómo se llevó a cabo cambió porque el contenido es otro. Habrá que ir cada vez más lejos, la oportunidad para que esto suceda es no perder nunca el apoyo que ayer le refrendaron al gritarle que no estaba solo. Los andamios de valores históricos y morales han sido colocados como proyecto alternativo, llegó la hora de labrar el futuro. Hay que hacer valer la esperanza ante lo que parece imposible, para eso siempre tendremos a Doña Josefa Ortiz recordándonos que es necesario llevar a cabo lo que nos hemos propuesto.